Los expertos subrayan el carácter insólito de casos como el del anciano que logró llevar uno a tierra

Si le toca hacer aterrizar un avión ‘por obligación’ ya puede rezar porque lograrlo es todo un milagro

Por muchas instrucciones que uno reciba las pantallas y botones son para un novato todo un galimatías

Un hombre, sin conocimientos previos de pilotaje, logra hacer aterrizar un avión ante la indisposición del comandante. No es la primera vez que ocurre, y existen unos cuantos precedentes históricos, pero no deja de ser sorprendente y más propio del argumento de una película.

El último caso lo conocíamos este mismo mes, nos recuerda ‘ABC‘, cuando un septuagenario, con la ayuda de dos instructores en contacto por radio, conseguía la proeza de hacer aterrizar una avioneta tras cuatro aproximaciones fallidas. Ocurría en Humberside, Reino Unido. Hace unos días la Fuerza Aérea Británica difundía un vídeo en el que se podían apreciar las maniobras casi milagrosas del héroe de 77 años, el mismo que acompaña estas líneas.

PRECEDENTES

En busca de precedentes, en 2009, en Florida, otro héroe por accidente se veía en la tesitura de ponerse a los mandos de un aparato bimotor, con cinco personas a bordo, al fallecer repentinamente el piloto. Resultado: ni un rasguño. Y hay más casos, como los que recoge esta lista, que no pretende ser exhaustiva, del ‘Wall Street Journal‘: Michigan, 1985; Los Ángeles, 1986; Filipinas, 2000; y Kenia, 2001, con la particularidad de que la hazaña la llevó a cabo Rowan Atkinson, más conocido por su personaje Mr Bean. Con un denominador común: eran aviones pequeños.

Unos antecedentes que pueden conducir a la errónea impresión de que no es tan improbable que alguien consiga hacer aterrizar un avión in extremis. «Es un hecho insólito y aislado con un final muy feliz», asegura rotundo Iván Gutiérrez, director general técnico del Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial (COPAC). En la misma línea se manifiesta Ricardo Gálvez, piloto comercial e instructor en One Air Aviación:

«Es como que te toque la lotería, se suman el factor suerte y la necesidad de cierta experiencia previa».

MÍNIMO 15 HORAS DE VUELO

«Lo normal es que no supiese ni manejar la radio», subraya Gutiérrez lo inusual de lo ocurrido en Humberside. ¿Cuántas horas de vuelo, como mínimo, debería poseer alguien para salir airoso de una situación desesperada. Para Gutiérrez, entre 16 o 17 y 25 o 30. Gálvez varía levemente el rango: entre 12 o 15 y 30 o 35. Ambos coinciden en que influye de forma decisiva la pericia del aprendiz. Y señalan un hito: el primer vuelo solo, la ‘suelta’, un momento crucial.

El aterrizaje, en concreto, «es una maniobra complicadísima, aunque los pilotos lo tenemos tan interiorizado que ya lo integramos como una fase más del vuelo», describe Gutiérrez. Gálvez incide en que «el despegue es más crítico», porque el motor se halla a máximo rendimiento e interviene el factor de la velocidad de no retorno: una velocidad que, una vez superada, obliga a despegar indefectiblemente.

El aterrizaje no puede llevarse a cabo a cualquier velocidad, la aproximación debe ser progresiva, nunca brusca. Que un neófito consiga ejecutar esta maniobra con solvencia es casi un milagro. Un evento «más propio de Hollywood», resume Gutiérrez. O como dice Gálvez: «por muchas instrucciones que recibas, te enfrentas a todas las pantallas y botones» que, para un novato, convierten la cabina de un avión en un galimatías.

 

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