ENTRE BAMBALINAS

Gasol obnubila a Froilán, Susana Díaz sufre un vacío y las lágrimas de Elena

La mañana en el Congreso dejó "selfies" como los de los presidentes José Ramón Bauzá e Ignacio González

Han nacido otros reyes: los del selfie, Ignacio González y José Ramón Bauzá. Los presidentes de la Comunidad de Madrid y de Baleares mataron la espera en la tribuna de autoridades a base de autorretratos de un momento histórico.

Fotos, fotos y más fotos. Los parlamentarios del PP de Castilla-La Mancha por un lado, los de Andalucía… Todos querían un recuerdo gráfico del día en que Felipe VI fue proclamado en las Cortes en su presencia, así que el hemiciclo se convirtió desde bien temprano en un peregrinaje de diputados y senadores en busca de la foto con la corona y el cetro.

La nota exótica de la tribuna la puso un Pau Gasol al que sentaron al lado del ya no tan pequeño Froilán, admirado de la altura de su nuevo compañero de pupitre. Las lágrimas de su madre, la Infanta Elena, fueron uno de los momentos culmen de una mañana con las emociones a flor de piel.

Para piel, la de Felipe González. Moreno envidiable el que lució el expresidente del Gobierno, sentado a la vera de los otros dos, José María Aznar -el que más se hizo esperar- y José Luis Rodríguez Zapatero.

Y para maldad, la de los presidentes autonómicos del PP con Susana Díaz y el asturiano Javier Fernández. La andaluza será la lideresa del PSOE y una estrella emergente -o emergida, según a quien se pregunte- de la política nacional, pero en la tribuna se sintió como ese niño que se queda sin equipo en el recreo.

Los barones populares no dejaban de hablar entre sí y con los secretarios de Estado que pululaban cerca sin apenas reparar en la presencia de Díaz y Fernández. Ignacio González se hizo una foto con ambos, eso sí. Claro que más dio el cante de Artur Mas e Íñigo Urkullu, centro de todas las críticas por negarse a aplaudir el discurso del Rey. Las miradas que les dirigieron algunos de sus compañeros de tribuna fueron de las que matan.

Las pequeñas Leonor y Sofía, que desde abajo saludaron a su abuela en un dulce gesto, acapararon muchos focos. Desfilaron, estrecharon manos, escucharon el discurso de su padre… pero conforme éste fue avanzado empezaron a impacientarse.

A pesar de que Felipe VI ha querido que la de este jueves sea una celebración laica, entre el ilustre y reducido grupo de invitados estuvo el presidente de la Conferencia Episcopal, monseñor Ricardo Blázquez. También José Bono, anterior presidente del Congreso, que probablemente habría dado un brazo por estar donde estaba Jesús Posada.

Tampoco Federico Trillo, embajador en el Reino Unido, quiso perderse el acontecimiento. Ni Cándido Méndez, ni los directores de la Policía y la Guardia Civil. Ni tampoco unas emocionadas hermanas del Rey Juan Carlos, gran ausente de la mañana pero muy presente en los discurso del presidente de la Cámara Baja primero y del nuevo Monarca después.

A la salida de la proclamación pocos parlamentarios quisieron pararse a hablar con la prensa. Apenas Alfonso Guerra, que reivindicó así su parcelita de protagonismo, y el ahora senador José Antonio Griñán, alias el aforado con suerte -no confundir con consorte-.

Todos ellos fueron trasladados al Palacio Real en autobuses, que el tráfico en el centro de Madrid estaba para pocas bromas. O cortado directamente. Incluidos los de CiU, que tienen la capacidad de abstenerse en la votación sobre la ley orgánica de abdicación y luego ser los primeros en hacer la genuflexión ante Felipe VI. Coherencia ante todo.

Que aprendan de Cayo Lara, Gaspar Llamazares, Alfred Bosch y compañía, que por no hacerse mala sangre no aparecieron por el hemiciclo. Para desahogo de muchos, todo hay que decirlo, viendo lo dados que son a mostrar banderas, carteles, camisetas y demás merchandising republicano en sus escaños.

 

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