Un curioso poeta chileno de ese nombre era al parecer el propietario del satélite

¿Sabías que Nixon le tuvo que pedir permiso a un tal Jenaro para poder pisar la Luna?

Hay constancia notarial de la propiedad que se remonta al año 1954, aunque la carta del antaño presidente de EEUU no aparece por ningún lado...

Algunos sostienen con ahínco que no es más que una leyenda urbana, pero constancia queda en Wikipedia y al parecer en documentos notariales de la época, así como en una supuesta entrevista que se le hizo en televisión al protagonista de la historia, retazo que aparece en el vídeo que acompaña a estas líneas: la Luna, el satélite que pisó el hombre hace ahora 45 años en un 20 de julio de 1969, tenía dueño.

PINTOR Y POETA

Se trataba de Jenaro Gajardo Vega, abogado, pintor y poeta, nacido en la pequeña localidad chilena de Traiguén en 1919.

El 25 de septiembre de 1954, según las crónicas, se declaró dueño en una firma ante notario, tras publicar tres avisos para que cualquier ciudadano pudiera impugnarlo -algo que nadie hizo- y pagar 42.000 pesos chilenos de la época.

La compró porque no le dejaban pertenecer a un club social que requería para su ingreso poseer alguna propiedad, cosa que al final logró con tan flamante adquisición.

En las escrituras se especifica que

«Jenaro Gajardo Vera, abogado poeta, es dueño desde antes del año 1857, uniendo su posesión a la de sus antecesores del astro satélite único de la Tierra, con un diámetro de 3.475 kilómetros, y cuyos deslindes por ser esferoidal son: Norte, Sur, Oriente y Poniente, espacio sideral».

Jenaro murió en 1998 y en su testamento dejó escrito:

«dejo a mi pueblo la Luna, llena de amor por sus penas».

¿PIDIÓ PERMISO NIXON?

Aunque pueda parecer difícil de creer, se sostiene que el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, le escribió poco antes del alunizaje para pedirle permiso:

«En nombre del pueblo de los Estados Unidos solicito autorización para el descenso de los astronautas Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que le pertenece».

El aludido, en un alarde de generosidad, le contestó:

«En nombre de Jefferson, de Washington y del gran poeta Walt Whitman, autorizo el descenso de Aldrin, Collins y Armstrong en el satélite lunar que me pertenece, y lo que más me interesa no es sólo un feliz descenso de los astronautas, de esos valientes, sino también un feliz regreso a su patria. Gracias, señor Presidente».

El detalle de que Nixon se refiriera a tres astronautas, cuando solo Amstrong y Aldrin iban a hollar el satélite, unido al hecho de que estas misivas no aparecen por ninguna parte, ponen ciertas dudas sobre esta versión.

Sea como fuere,  el hecho es que en 1967 Naciones Unidas firmó un tratado que prohíbe la compraventa de objetos que estén fuera de la Tierra, y el 1 de julio de 1984 entró en vigor un acuerdo internacional en que se considera a la Luna como Patrimonio de la Humanidad.

Toda una historia.

 

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