¿De qué disfrazarse estas Navidades? Ideas y consejos

¿De qué disfrazarse estas Navidades? Ideas y consejos
Papá Noel Pixabay

Se acerca una de las épocas más bonitas del año. Más bonitas y también más deseadas por una gran mayoría, aunque ésta venga en «formato pequeño». Y es que son los niños quienes más ansían la llegada de Papá Noel y de sus majestades, los Tres Reyes Magos. Si bien es cierto que el período viene marcado por un parón vacacional que a todos nos contenta, son otros elementos más emocionales como la ilusión, la felicidad o la alegría, los que llenan de magia estas fiestas. Son días de reuniones en familia. De ver a los amigos y compartir risas, y cada uno de esos momentos que hemos disfrutado juntos a lo largo de un año que se va terminando. Y ya que es tiempo de largas jornadas junto a la mesa, en compañía de nuestros más allegados, no hay que olvidar cómo conseguir que todas esas horas sean fructíferas y podamos crear y compartir instantes todavía más mágicos, si cabe.

Es cuestión de magia
Si bien existen tradiciones muy nuestras durante estas fiestas, como alargar sobremesas hasta altas horas de la madrugada cantando al calor de cualquier instrumento, arropados por nuestra familia, los clásicos villancicos de toda la vida (con permiso de las nuevas y modernas incorporaciones); una idea divertida y original, muy celebrada por los más pequeños, son los disfraces. Los personajes importantes que se suceden a lo largo de estas fechas son muchos. Como decíamos, Papá Noel y los Reyes Magos, se llevan la mayor parte de halagos. Pero otros seres tan o más importantes, también pueden ser representados y reclamados por estos niños.

Por ejemplo, con la llegada de fin de curso, es muy común que muchos colegios, en pueblos y ciudades, organicen los tradicionales pesebres vivientes. Una jornada en la que, por un rato, todos se convierten en alguien que, según dice la historia, formó parte destacada de estos días y de los acontecimientos que se sobrevinieron. Pastorcillos, ángeles, animalitos, incluso símbolos, como el de la estrella o el árbol. Todos ellos forman parte indiscutible de algo que va más allá de lo escrito y que se encuentra mucho más ligado a lo sentido.

En casa, la familia crece. Cuando los hijos eran pequeños, sólo estaban ellos. Pero ahora éstos son adultos y han formado sus propias familias. Ahora, en casa, la familia casi no cabe. Son muchos y todos quieren juntarse de nuevo para celebrar estos días de joya. Los niños aguardan con impaciencia la llegada de esos seres mágicos que les obsequiarán con regalos por su buen comportamiento. Algunos, seguro, se habrán preparado para la ocasión y ya lucirán alguna prenda que haga un guiño a éstos para, con picardía, lograr que los presentes abunden y el carbón desaparezca de escena para no oscurecerla. ¿Por qué no darles una grata sorpresa disfrazándonos de Papá Noel y darles en mano sus regalos? ¿O convencer al tío y al primo para ser los Tres Reyes Magos y sorprenderles, la víspera del ansiado día, con una visita inesperada, pero cargada de ilusión, y ver el reflejo de unas caras que no tienen precio?

Una tradición con responsabilidad
Aunque pueda parecer que la Navidad no es una época muy propicia para disfrazarse, se suceden mil oportunidades en las que sacar provecho a un buen disfraz y en Impulsivos saben de lo que hablamos. Una excusa válida para contentar a los más pequeños cuando quieren idolatrar a sus personajes, pero también para nosotros, los adultos, quienes tenemos la enorme responsabilidad de hacer que esa tradición se cumpla y no se pierda. Un deber con un precio irrisorio, y es que con su inocencia y un simple gesto, creamos, sin darnos cuenta, estados de felicidad, luz, ilusión, joya, alegría… Pura magia, totalmente recomendable para nuestra salud interior.

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