Los auténticos migrantes son los años

Cuando abandonas tu tierra natal, te vas pensando que algún día regresarás rico

Los años culminan nuestra vida, sembrándola de experiencias que, a la postre, conforman nuestra existencia

Es casi una constante entre todos los migrantes. Cuando abandonas tu tierra natal, te vas pensando que algún día regresarás rico, triunfante y alcanzarás a tener todo aquello que se te negó y que hizo que tomaras la decisión de irte.

Pero no siempre es así. Hablar de los que lo logran es fácil, porque terminan haciéndose conocidos dentro de sus comunidades de origen y se erigen en punto de referencia de ellas como ejemplos de valerosos luchadores que se atrevieron a dar un gran paso y que terminan siendo unos grandísimos benefactores a su vuelta, normalmente en el último tercio de su vida. Aunque hay casos para todos los gustos.
Lo contrario -y estamos pensando en las tres cuartas partes de los que migran de su país- provoca a veces en los lugareños, una mirada inquisidora y una desconexión emocional mutua que deriva en cierta perplejidad.

Y se debe, sin duda, al camino intermedio. Marcharse es desgajarse de un lugar. Migrar es un desplazamiento en tiempo o en espacio tanto si se logra el objetivo como si no. Adaptarse es una condición indispensable para la supervivencia y afianzarse supone absorber las características propias del nuevo sitio para utilizarlas en beneficio de uno/a mismo/a.

En ese proceso, cada enseñanza recibida o aprendida se convierte en una tesis a la que se le opone el concepto recientemente hallado que termina conformándose en una antítesis. La síntesis o aculturación sobreviene de la disquisición y la fusión de ambas -tesis y antítesis- hasta alcanzar una idea flamante, inédita, propia y, no obstante, aclimatada a la prístina realidad del recién descubierto país. Con la ayuda del viejo Hegel, o casi.

Aunque en nuestra vida, los auténticos migrantes son los años. Esos sí que se desplazan y nos desplazan, aun a pesar de nosotros mismos. Suena a topicazo pero pasan volando. Apenas empezaba este y ya se acaba, comenzando otro. Lo mejor es la página en blanco que nos ofrecen para cambiar lo que necesitamos cambiar, aceptar lo que no podemos alterar, y la sabiduría que nos otorga reconocer la diferencia. Con la ayuda de la plegaria de la serenidad, o casi.

Los años culminan nuestra vida, sembrándola de experiencias que, a la postre, conforman nuestra existencia, dondequiera que estemos. Si no aprendemos del pasado y del presente, no podremos encarar el futuro con ciertas garantías de certeza. Si no asimilamos lo que tenemos delante, difícilmente seguiremos caminando con la conciencia de haber hecho, en cada momento, todo lo que hemos podido. Porque vivir la vida a medias, es muy triste. Y el tiempo, que siempre es juez, termina poniendo cada cosa en su lugar y a cada cual en su sitio. Por tanto, estemos en donde estemos ¡vivan lo más plenamente que puedan este año nuevo que comienza! Y que sobre todos derrame salud, amor y prosperidad ¡Feliz 2017!

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