Enseñanza británica, no gracias

La dura carta de una madre angustiada ante la desgracia de la enseñanza británica

¿Cómo puede una persona que no sabe gramática inglesa estar enseñando inglés en secundaria?

Querido maestro británico,

Le escribo desde la tristeza, el horror y el espanto que ha supuesto que mis hijos terminen su enseñanza obligatoria en el Reino Unido (Inglaterra). Tristeza porque han recibido una enseñanza propia del tercer mundo con las herramientas y especialistas del primer mundo. Horror por las consecuencias que la enseñanza británica tendrá para el resto de sus vidas. Espanto ante la desgraciada realidad de la enseñanza obligatoria británica.

Cuando llegué al Reino Unido me fascinó que no tuviera que comprarle a mis hijos ni siquiera un lápiz para ir al colegio. También quedé encantada con el colegio, que contaba con dispositivos que jamás vi en mi país natal: portátiles, robots, campos de fútbol…¡En primaria! Sin embargo, todavía me acuerdo del día en que le pedí que nos aconsejara libros de las asignaturas, para que mis hijos pudieran aprender el vocabulario en casa, pues tenían que aprender además una segunda lengua en la que entenderlo todo. Ese día usted me miró con extrañeza, sin comprensión. Tuve que repetirle la pregunta. Primero me dijo usted que no me preocupara porque no supieran inglés, que eso se arreglaba sólo en la secundaria, y yo le hice caso, no me preocupé. Luego me dijo que en los colegios ingleses no se usan libros. Ante mi insistencia, me indicó usted, con cierta resistencia y negatividad, unos libros llenos de letras en colorines, más parecidos a los libros del ratón Gerónimo Stilton, donde es difícil encontrar la información entre bromas y colores y letras que cambian sin estar organizados. Aunque usted no lo crea yo usé esos libros para leer un poco todos los días, explicarle la gramática inglesa que me explicaron a mí en su día, de modo que el día a día en el colegio fuera un poco más amable para mis hijos.

 

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Como le decía, le hice caso y esperé a que la secundaria arreglara sola el problema de que el inglés fuera su segunda lengua, puesto que era eso lo que usted me había dicho. Pero mire, ahí se equivocó usted, porque en secundaria los profesores me miraban con pena cuando yo les decía que en casa hablábamos español, para que no lo perdieran. En secundaria no le enseñaron ninguna gramática inglesa a mis hijos. Eso sí, ellos aprendieron bien el dialecto local, de sus compañeros, con todas las faltas gramaticales que conllevaban. Mientras tanto la profesora de francés usaba palabras gramaticales, como conjugación de los verbos, que la de inglés no había mencionado nunca. Les pusieron clases de inglés extra a mis hijos para que no tuvieran dificultades con el inglés. Pero siguieron sin enseñarles gramática. Tengo una hija que va a acabar la secundaria, y a la cual le corrijo yo el inglés, ya que ningún maestro, ni profesor se ha molestado en enseñarle gramática. Es más, no es importante enseñarle la gramática para que pueda expresarse mejor. Esto me lo ha dicho su profesor de inglés. Lo único que tiene que hacer es practicar los ejercicios y la gramática sale sola. Su profesor de inglés me ha dicho que él mismo no ha estudiado gramática inglesa. El estupor con que recibí dicha noticia me dejó atónita para el resto del día.

¿Cómo puede una persona que no sabe gramática inglesa estar enseñando inglés en secundaria? Eso no pasaría en mi país «inferior» de primer mundo. Veo el anuncio en la tele para convencer a la gente de probar a ser profesores de secundaria y empiezo a entender las noticias de que hay crisis de profesorado en el Reino Unido (Inglaterra). Empiezo a hablar con otra gente y descubro con horror que a ningún alumno inglés, no extranjero, sino inglés se le enseña la gramática de su propia lengua. De esta manera se explica que la gente de determinados barrios no puedan aspirar a ser algo distinto que sus padres. Se discrimina a la población a través de la educación. ¿Es esta la famosa y privilegiada enseñanza británica? Más parece la educación de un sistema dictatorial que mantiene a sus clases sociales bajo un yugo.

¡Qué tristeza! Cientos y cientos de jóvenes obligados a quedarse en sus respectivas clases sociales, económicas o culturales a través de la discriminación ejercida a través de la enseñanza. Mire usted, lo que a mí me ha permitido emigrar, trabajar, y moverme por la vida es la enseñanza de esos maestros y profesores, que casi sin recursos, me enseñaban. Mis padres no tenían que enseñarnos lo que necesitábamos para salir adelante, porque los conocimientos los enseñaban en el colegio. Y daba igual si mi padre era albañil o médico, yo podría llegar a ser lo que me propusiera, ya que las herramientas para llegar me las daba la enseñanza que recibía en el colegio. ¡Qué horror! Miles y miles de jóvenes, el futuro de un país, condenados en sus respectivas clases sociales, económicas o culturales. Y mientras tanto el Reino Unido busca enfermeras, maestros e incluso médicos en el extranjero. Y nosotros los emigrantes venimos en busca de un futuro mejor para nosotros y para nuestros hijos. ¡Qué espanto! Comprender que aunque el futuro es mejor para nosotros, es peor para nuestros hijos gracias a la enseñanza británica.

 

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Se excusan los británicos, diciendo que son muy malos aprendiendo una segunda lengua. Y yo le pregunto: ¿cómo van a aprender una segunda lengua si no se saben la suya? Lo que a mí me ayudó a aprender inglés, fue que sabía lo que era un sustantivo y un adjetivo, y entonces me dijeron que el adjetivo en inglés se ponía siempre antes del sustantivo. Y el profe nos hizo repetir ejercicios, escritos y hablados. Y a lo mejor no tengo una pronunciación perfecta, pero puedo escribir un currículo en inglés, y una carta de presentación que me abre las puertas hacia tener entrevistas y conseguir trabajo. Mi hija no tiene esa suerte. Y esa suerte fue trabajada entre mis maestros y profesores no ingleses y yo. Mi hija ahora mismo no puede regresar a España porque no tiene los conocimientos mínimos, ni de lengua, ni de mates, ni de nada. No pasaría oposiciones ni aunque se lo propusiera, no pasaría una entrevista porque simplemente no sabría ni escribir un currículo correctamente. Y he de decirle además que en su país, el Reino Unido, no se aceptan currículos ni cartas de presentación que no estén correctamente escritos, desde el punto de vista de la gramática y de la ortografía. Es decir, mi hija no tiene futuro en España, pero tampoco tiene futuro en el Reino Unido. Parece una pesadilla, una película de terror. Me imagino que el hecho de ser extranjera no le ayuda, y al venir de un país con la fama de España será para usted normal clasificarla como de clase social baja, o clase económica baja o clase cultural baja, y por tanto cree usted que ha hecho bien su trabajo.

Porque esa es otra, cómo le han dicho a mi hija que no estudie esta o aquella parte de la asignatura que eso no era para ella. Le tengo que decir que mi hija sacaba notables en la primaria española, que ella tenía mandado de casa que hiciera todo lo que el profe o maestro dijera. Lo mismo le dije aquí. Con lo que no contaba era con que el maestro o el profe le iba a decir que cuando hiciera un ejercicio sólo hiciera la primera parte, que el resto no era para ella. El día que entré en el colegio y vi cómo lo hacía el profesor de ciencias, cómo lo hacía el profesor de mates, … se me revolvieron las entrañas. Les decían a unos niños que hicieran toda la pregunta y luego decían » y a los del nivel bajo hagan sólo la primera parte». Eso es discriminación. Una cosa es que dichos niños no hayan entendido o aprendido lo que necesitan para hacer el ejercicio y otra es que el profe les diga de entrada que eso no es para ellos. Usted no sabe las circunstancias de los niños. Mis maestros siempre nos exigían lo mismo a todos, pero claro necesitaban más tiempo con algunos que o bien no aprendíamos al mismo ritmo, o no estábamos interesados. Pero mis maestros jamás nos dijeron que no pudiéramos hacer un ejercicio o que no lo intentáramos. Porque ante nuestro maestro éramos todos iguales y dignos de ser enseñados. Lo que usted hace en sus clases es pura discriminación de clases sociales, económicas y culturales. Con lo que usted no contó fue con mi protesta de que estaba discriminando a mi hija, que llegaba demasiado tarde. Porque como usted mismo me dijo a mi hija la está preparando para que saque un suspenso alto. Y la pregunta es ¿por qué? ¿Por qué lleva usted dos años diciéndole a mi hija que no haga este ejercicio, que no lo intente? ¿Qué nota va a sacar si no trabaja los ejercicios? ¿Por qué le dice usted a un alumno que saque un notable y al de al lado le dice que saque un suspenso? ¿Por qué le dice usted a mi hija que es bueno sacar un suspenso para ella? ¿Por qué la está discriminando a tan tierna edad? Deje que la vida más adelante le deje o no hacer, pero ahora mismo le está cortando usted las alas a todos esos jóvenes sin razón justificada. Y lo peor de todo es que yo siempre le dije que confiara en sus maestros y profesores, porque eso es lo que se hace en otros países, en España, en Francia, en Bélgica, en Alemania, en Dinamarca y hasta en Finlandia.

 

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He estado hablando con otros extranjeros, o mejor dicho con hijos de extranjeros. Este era un taxista. Llegó al Reino Unido finalizando la primaria. El chico quería ser médico. En su país natal tenía las mejores notas. Llegó aquí y los maestros y profes le decían que todo lo que hacía estaba bien, lo hiciera bien o mal. Y lo dirigieron ustedes a la clase social, económica o cultural que les pareció. Y cuando acabó la secundaria, con un nivel bajísimo, sin haber aprendido, se dio cuenta de que no podía ser médico, porque simplemente le habían dejado ustedes no aprender, a base de decirle que cualquier cosa que hacía estaba bien. ¿No le da vergüenza jugar con las vidas de niños y jóvenes de esa manera? Como padres nosotros les decimos a nuestros hijos que confíen en sus maestros y profesores porque son el pilar en el cual su futuro se va a basar. Y porque es verdad que si mi hija no respeta a su profesor no va a aprender nada de él. Pero ustedes, los maestros y profesores británicos juegan a ser dioses desde la primaria y clasifican a sus alumnos y los dirigen de modo que no aprendan, no vaya a ser que consigan salir adelante en esta vida.

Mire me da igual si mi hija quiere ser camarera, pero que sea camarera sabiendo buscarse el trabajo. Es decir, tiene que saber escribir un currículo, una carta de presentación y saber hablar inglés correctamente, no con las incorrecciones de Essex o del barrio correspondiente de Londres. Y tiene que saber matemáticas. Tiene que lidiar con los bancos, con los impuestos, con el sueldo que le pagan, con lo que se quiera comprar. Y como encima nos preguntan sobre ciencia, que si las centrales nucleares, que si este tratamiento médico, pues también tendrá que saber algo sobre ciencia.

En mi país hasta el camarero te puede hablar sobre si esta política le parece bien o no, o lo que le pasó el otro día en el hospital, o lo bajo que le parece su sueldo.

Veo el anuncio en la tele del gobierno británico diciendo que se exporte la educación británica. Y empiezo a creer que estoy viviendo una película de terror. ¿Cómo pueden ustedes siquiera pensar en exportar esa mediocridad de enseñanza, donde no importa que un niño aprenda su lengua, o sus mates, o su ciencia? Y al mismo tiempo importan ustedes todo tipo de profesionales de otros países. He visto extranjeros trabajando a todos los niveles: desde las guaguas hasta la universidad. Y eso a pesar de no saber pronunciar inglés perfecto, ni saber gramática inglesa perfecta, pero eso sí, saben más gramática inglesa que sus compañeros de trabajo, porque son capaces de corregir el inglés de los británicos y saben más matemáticas que los mismos.

 

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El otro día me entero de que una profesora alemana enseña inglés, y su gramática en la universidad, y me quedo con la boca abierta. Claro que no debería sorprenderme a estas alturas porque ningún joven de 16 años me sabría decir que ponga siempre el adjetivo delante del sustantivo y darme ejemplos y ponerme a practicar. Me dejarían que siguiera con mis errores para que no progresara. Me parece la enseñanza británica enferma, y buscadora de una sola cosa: no progreses, que se quede cada uno en su clase social, o económica o cultural. Para eso está muy bien diseñada y los maestros y profesores británicos han aprendido muy bien qué tienen que hacer para que sus alumnos no sean iguales ante ellos.

Oigo el anuncio en la radio española sobre la prestigiosa enseñanza británica y se me ponen los pelos como carne de gallina. Y pienso en amigos que tienen a sus hijos en colegios de pago británicos en España y se me eriza el vello una vez más. Amigos que pagan un colegio pensando que sus hijos tendrán como mínimo las mismas oportunidades que ellos. Y casi me da por rezar. Rezar porque los colegios británicos en otros países estén siendo inspeccionados para que cumplan con los requisitos mínimos del país correspondiente, que créame serán requisitos de primer mundo, quizás con recursos pobres como libros, pero requisitos que servirán de apoyo a esos niños para un futuro mejor. Rezar para que esos colegios británicos en el extranjero no tengan ni maestros ni profes británicos que lo único que saben hacer es discriminar a sus alumnos. Permítame que le diga que la enseñanza británica obligatoria no sirve ni para hacer una FP.

El otro día me enteré que no existe la carrera universitaria de maestro en el Reino Unido. Para ser maestro en el Reino Unido se necesita pasar un examen de inglés y mates muy básico, y haber hecho cualquier carrera. Eso sí, pasan un año observando y ayudando en clase y con alguna enseñanza universitaria si tienen suerte. ¿Cree usted que eso cualifica a un maestro como tal? Por lo visto no tienen ustedes ni idea de la psicología de un niño. Si el niño no quiere hacer un ejercicio piensan ustedes que le tiene que poner un reto. ¿Cree usted que cuando yo le digo a mi hijo que recoja el juguete que dejó tirado en la sala y no lo hace, le tengo que poner un reto? No, como autoridad le digo que lo recoja, le explico que es una regla básica de convivencia, le advierto del peligro que puede tener para otra persona, etc. Pero no me invento un reto a ver si lo hace. Hay cosas que simplemente hay que hacer, como respirar y comer. Y el niño, porque es niño, no lo comprende, le parece aburrido. Y como yo, no se empieza a comprender hasta que se es joven o incluso adulto. Y entonces te acuerdas y agradeces que alguien estuvo ahí y te lo enseñó. Pero usted ha dejado que mi hija no haga ejercicios cientos de veces y no le ha parecido mal. Es más no advirtió ni una sola vez a los padres de determinados comportamientos en la clase. Porque dentro de la política de tener a las clases sociales, económicas o culturales en su sitio es lo que tenía que hacer. No decir nada a los padres para que no se salgan de su clase.

Déjeme que le diga que como maestro profesional no le llega usted ni a la altura de los zapatos a los peores maestros que he tenido en mi vida. No le llega usted, ni en formación, ni en práctica. La discriminación que sufren los niños y jóvenes en su país en el lugar en el que los padres confían, el colegio, no tiene nombre ni calificación. Casi pareciera un sistema medieval. Así es como me lo imagino yo, o una de esas películas de ahora como Divergente o Sinsajo. Y sin embargo yo le pago el sueldo con mis impuestos. ¡Qué desgracia!

No entiendo cómo me pudo decir todos esos párrafos hermosos sobre mi hija al finalizar la primaria. Apenas la conocían, estaba la pobre aprendiendo inglés todavía para poder comunicarse con usted y sus compañeros. Sin embargo me escribió usted dos hojas diciendo cosas muy bonitas de mi hija, que si había hecho esto y lo otro y que progresaba adecuadamente. En ningún momento le puso usted ninguna nota, me comentó unos niveles y me dijo que no tenía que preocuparme. Que la niña todavía estaba aprendiendo la lengua todavía. Sepa usted que los profes de secundaria cogieron esos niveles al pie de la letra y la clasificaron para suspender lengua, suspender mates, suspender ciencias. ¿No sabe usted cómo funciona la enseñanza en su país? Clasifican a los niños, y les da igual si han sabido evaluarlos correctamente o no. Y cuando le expliqué al profesor de secundaria que porqué le decía a mi hija que tenía que ir a por un suspenso como nota final, me decía que la estadística de primaria mostraba eso. Y cuando le decía que estaba aprendiendo inglés, y que las notas en su país natal eran de notable, me decía que la estadística de primaria decía eso y que uno tenía que asegurarse que se cumplían las estadísticas, porque a los coles les daban puntos por cumplir con las estadísticas. Y que las notas sacadas en otro país no se podían traducir ni tener en cuenta. Y cuando le dije que me recomendara libros para levantarle la dichosa estadística a mi hija, me miró con la misma resistencia y negatividad con que lo había hecho usted en primaria. Me dijo que no hacía falta que mi hija tuviera apoyo extra en casa. ¿Por qué me dijo usted eso? Para poder cumplir con su dichosa estadística en la que mi hija estaba condenada a suspender porque así se había predicho. Pero ¿qué estadística? Son personas. Y si mis conocimientos y habilidades me permiten poder trabajar en otro país, las notas que sacó mi hija en otro país, si son tan importantes en este, deberían de ser tomadas en cuenta para su condenada estadística. Y además le digo que las personas no tienen por qué cumplir con estadísticos. Que las estadísticas se hacen a toro pasado para saber cómo va el cole, o la enseñanza y poner medidas, no para forzar a la gente a suspender. Si los maestros y profesores que tuve hubieran hecho lo que usted, yo no sabría ni leer, ni escribir, ni llevar mis cuentas en el banco. Mis maestros y profesores jamás le dijeron a nadie que no podía trabajar algo, ni que tenía que apuntar a un suspenso porque la estadística así lo dictaba. Mis maestros y profesores nos decían que trabajáramos, y luego sacábamos las notas. A veces trabajábamos mucho y sacábamos buenas notas, a veces no trabajábamos y no eran tan buenas, y a veces si no nos interesaba o nos descuidábamos venía el susto del suspenso. Porque el suspenso es un susto, no como usted le dice a mi hija: una buena nota. Todo el mundo sabía, profes, padres y alumnos, qué notas significaban haber trabajado (del aprobado hacia arriba) y cuáles no. Y usted le está diciendo a mi hija que sacar un suspenso es una buena cosa para ella. ¿Por qué? ¿Tanto le interesa a usted que mi hija no progrese en la vida? ¿Qué le ha hecho ella para que usted le corte las alas nada más empezar la clase? El problema de la inmigración al Reino Unido no lo ha creado mi hija, sino la educación de clases del Reino Unido. Los jóvenes no van a estudiar a ser enfermeros, porque llevan 10 años donde les han contado que está bien no hacer nada y no aprender y con 16 años no vas a pasarte 4 años recuperando el trabajo que no hiciste porque te hacía ilusión ser enfermera. Así que con buen sentido común, esa joven va y se coge un trabajo de camarera en el McDonald´s, sin saber que eso no le va a dar para vivir como ella quería. Tienen ustedes cada vez menos jóvenes con un nivel siquiera de FP, y vienen de otros países a coger los puesto de trabajo porque les han dado la enseñanza que necesitaban.

Pienso en los planes de otra amiga de enviar a su hijo a la universidad británica y me pregunto si la universidad británica será igual de mala que la enseñanza de primaria y secundaria. Quiero creer que no. Pero el otro día leí que era imposible suspender en la universidad británica. Y entonces me entró la duda. ¿Debería desconfiar de mi médico británico? ¿Sabrá lo mismo que un médico alemán o español?

Pienso en los planes de mi hermano de enviar a su hijo un año a la secundaria inglesa en el Reino Unido. Estoy hablando con él para que lo envíe a cualquier otro país de habla inglesa: EEUU, Irlanda, Nueva Zelanda, Australia o Sudáfrica. Seguro que es mucho mejor que estudiar en la enseñanza británica. Le cuento lo que ha pasado con mi hija, y no se lo puede creer. ¿Cómo se lo iban a creer? Tienen ustedes el secreto de la desgracia de la enseñanza británica muy bien guardado y encima quieren ustedes exportar una enseñanza que no sirve ni para hacer una FP al resto de los países. Los oigo hablar y escucho cómo hablan ustedes despreciativamente de la enseñanza en otros países. Esos son los países que les están proporcionado al Reino Unido profesionales que trabajan en empresas británicas.

No quiero terminar esta carta sin decirle que admiro la creatividad con la que se empeña usted en dar las clases. Debo decirle que en creatividad no hay quien le gane. He descubierto en ustedes los maestros británicos, una creatividad inmensa que se empeñan ustedes en poner en práctica. Pero déjeme decirle, que se han olvidado ustedes de lo básico, enseñar. Si es con creatividad mejor, pero enseñar.

Déjeme decirle también que admiro la capacidad que tienen ustedes de crear una emoción en clase. Pero déjeme decirle también que lo único que intenta usted es crear la emoción de pasárselo bien y divertirse. Como usted me dijo una vez lo más importante de un niño en el colegio es que se divierta todo el rato. Mire lo más importante es que aprenda. Que además se lo pasa bien haciéndolo, pues eso me parece un valor añadido. Pero lo más importante es que aprenda. Y déjeme decirle que para pasárselo bien todo el rato, llevo al niño a un parque de atracciones, o nos ponemos a ver una comedia, o nos contamos unos chistes, o nos echamos unas bromas. Déjeme decirle también que a mi niño le parecen importantes los animales, no divertidos. Déjeme decirle que existen más emociones que la diversión. A veces aprendemos cuando algo nos entristece, como la muerte de un familiar querido, y entonces comprendemos de verdad la muerte con todas sus consecuencias. A veces algo nos parece interesante y lo aprendemos. A veces nos parecen importantes los perros y aprendemos sobre perros. La única emoción en este mundo no es la diversión. Y para que haya diversión debe de haber momentos de no diversión. Y si no póngase usted a aprender sobre series de televisión de comedia, que se reducen a media hora, porque para más no da el cerebro. Los que trabajan en películas, teatro, o televisión le pueden asesorar sobre el amplio espectro de emociones que se puede sentir y a partir de ahí aprender.

Le digo también que me he arrepentido de emigrar al Reino Unido con mi familia. Que si lo llego a saber, emigro a Alemania, o a Finlandia. No lo hice a pesar de que me dijeron que no importaba que no supiera el idioma, que con inglés me iba a ir bien. Pero ahora me arrepiento, ojalá hubiera emigrado a cualquier país menos al Reino Unido, porque en esos otros países a mis hijos no se les habría discriminado en la enseñanza. A lo mejor por extranjeros después, pero no mientras les enseñaban.

Quiero terminar esta carta con una última pregunta ¿dónde pongo la reclamación de que usted no le enseñó a mis hijos lo que necesitaban de inglés, mates y ciencias o de lo que sea, porque los tenía clasificados en su respectiva clase social, económica o cultural? ¿Dónde pongo la reclamación para que enderecen ustedes el daño que le hicieron a mis hijos? Y ¿dónde pondrán la reclamación los miles de padres británicos que no saben que en los demás países la educación sirve para ofrecer igualdad de oportunidades?

Atentamente,

Una madre angustiada ante la desgracia de la enseñanza británica

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