María: "Mi madre era muy divertida y alocada. Se conocieron en la inauguración del pantano de Santa Ana"

Al rey Juan Carlos le sale otra nueva hija: ¡una comercial catalana inválida!

"Si a los Borbones los está manteniendo España, ¿por qué ellos no mantienen a sus hijos?"

Al rey Juan Carlos le sale otra nueva hija: ¡una comercial catalana inválida!
El Rey Juan Carlos en los toros. PD

La historia, para muchos, no tiene ni pies ni cabeza. La protagonista de la misma es una tal María A. L. A, una comercial catalana de 54 años con graves apuros económicos y con una invalidez del 68%, quien asegura ser hija del rey Juan Carlos.

La mujer, que tiene dos hijos, ha tenido que dejar su caso en manos de la justicia gratuita, ya que cobra 460 euros al mes, y está bastante cabreada con este asunto:

«Voy a luchar por lo que es mío. En su día tuve el anhelo de conocerlo. Pero ahora ya no. Ahora solo quiero lo que me corresponde. Si a los Borbones los está manteniendo España, ¿por qué ellos no mantienen a sus hijos? O que lo haga el Estado o que lo haga mi padre».

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Según da cuenta ella misma a ‘El Español’, estas son sus pruebas para demostrar lo expuesto:

«Fotografías, cuadros, varios regalos que me hizo, además de lo que me contaba mi madre y todos los recuerdos que me han ido aflorando en los últimos años». 

Según relata, uno de los más nítidos tuvo lugar en 1966, cuando le vio por segunda y última vez.

«Me llamó la atención lo grande que era aquel hombre. Sus piernas sobresalían de la butaca. Me trajo una muñeca con su vestidito, de esas que no teníamos las niñas de mi edad. Y mi madre no quiso que me la quedara porque llamaba mucho la atención. Durante años, siendo yo pequeña, escuchaba a mi madre decir una y otra vez que yo había nacido rica y que se me había torcido el camino. ‘¿No te gustaría vivir en un palacio? Allí te pagarían los estudios…’.

Un día Juan Carlos estaba en la televisión, mi madre me miró y asintió. Me confirmó que era mi padre y a mí me temblaron las rodillas. Pero la mente suele bloquear los episodios traumáticos y con el tiempo olvidé estas conversaciones. Hasta que la vi a ella hace ahora cuatro años».

Se refiere a Ingrid Sartiau (52), la mujer belga que desde hace unos años intenta demostrar que el padre de Felipe VI (50) es también el suyo. Su demanda, presentada en 2015, fue aceptada en un principio gracias a un acta notarial firmada por su madre, pero fue tumbada poco después por el Tribunal Supremo.

En 2014, y mientras Sartiau contaba su historia en una entrevista en televisión, María A. L. A. la miraba y escuchaba con atención.

«Me vinieron a la memoria los regalos: un balancín muy caro, una bici BH, un cochecito, aquella muñeca… y los cuadros, las fotografías y las frases de mi madre. Me quedé en shock». 

María no solo ha hablado con Ingrid. También con Albert Solá, la otra persona que reclama la paternidad del rey Juan Carlos y cuya demanda fue desestimada en 2015, a pesar de que se realizó incluso una prueba de ADN.

María A. L. A. no se crió sin un referente paterno. En su partida de nacimiento figura el nombre de la persona que se casó con su madre cuando esta tenía 18 años.

«Me reconoció como hija suya. Ahora recuerdo que solía burlarse de mi madre cuando salía de casa y le preguntábamos que dónde iba. ‘¡A España, a ver a los españoles!’. Solía decir. Era lo mismo que escuché decir a Juan Carlos en un documental, cuando contaba, siendo príncipe, que quería conocer cada rincón de España y a sus habitantes».

Es precisamente esta actitud viajera del rey Juan Carlos la que conectaría al padre de Felipe VI con la propia María o, mejor dicho, con su abuelo materno, llamado Andrés. Este hombre intervino en la finalización de las obras del pantano de Santa Ana -en el río Noguera Ribagorzana-. 

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Su conocimiento del terreno ayudó a que las obras finalizaran antes y hubiera menos muertos. «Mis abuelos se trasladaron a Alfarrás. A su llegada les esperaba la Guardia Civil. Se asustaron, claro.

Pero es que había llegado a oídos de Franco lo que había hecho mi abuelo y había decidido concederle la medalla del Trabajo y nombrarle miembro de su guardia de seguridad en Lérida, de cara a los viajes que realizara tanto él como Juan Carlos a esta zona».

Según la versión de María, sería este nuevo cargo el que habría posibilitado los encuentros con su madre, una mujer morena de poco más de un metro y medio de altura cuya vocación era ser artista. «Era muy divertida y alocada», explica María mientras recuerda la fotografía del día en el que ella estima que se conocieron. «Es de la inauguración del pantano de Santa Ana. En aquel acto estaban el rey Juan Carlos y mi abuelo».

En su afán por descubrir sus orígenes ha intentado contar también con la ayuda de su hermano J. J. Porque María asegura que no sólo ella nació de aquella relación.

«Es curioso porque yo nací quince días antes que la infanta Elena, y mi hermano, quince días antes que la infanta Cristina. Y a los dos nos pintaron un cuadro siendo bebés, algo que muy pocas personas podían pagar en ese momento en España.

Entre los recuerdos que conseguí desentrañar, estaba el de una chica, que iba en silla de ruedas por culpa de la polio y que, siendo yo pequeña, mi madre me presentó como mi hermana, como otra de las hijas de Juan Carlos.

Me regaló un cuadro que decía que le habían hecho llegar desde Zarzuela. Luego no volví a verla. Nunca supe qué fue de ella».

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