Richard Vaughan: «Me traería de ‘souvenir’ a las mujeres de todas las latitudes del mundo»

El profesor de inglés ha viajado por treinta y tres países

Richard Vaughan: "Me traería de 'souvenir' a las mujeres de todas las latitudes del mundo"
Richard Vaughan4 YT

Richard Vaughan, fundador en 1977 de ‘Vaughan Systems’, nos cuenta cuáles son las mejores ciudades para estudiar su idioma en el extranjero y las claves para aprenderlo. El profesor de inglés ha viajado por treinta y tres países y el suyo -nació en Houston, Texas- se lo ha recorrido prácticamente entero: solo le faltan cinco estados de cincuenta. También España se la conoce from the beginning to end: llegó en 1972, habiendo leído ‘El Quijote’ y algo del ‘Cantar del Mio Cid’, y ya lleva cuarenta y cuatro años aquí según recoge elmundo y comparte Paula Dumas en pd.

¿Es necesario saber inglés para viajar?
No es que sea necesario saber inglés para viajar, pero es terriblemente incómodo no tener cierto nivel si uno quiere viajar mucho y disfrutar de una experiencia completa. El no poder hablar con la gente local (camareros, taxistas, recepcionistas de hotel…) reduce la experiencia a visitas guiadas con guía hispanohablante o similar. El no saber inglés obliga a salir fuera en grupo o con un compañero bilingüe.

¿Has viajado a algún lugar en el que te haya sido imposible hacerte entender en inglés?
Estuve en la Unión Soviética durante tres semanas en enero de 1973. Nadie hablaba inglés salvo la persona designada a nuestro grupo por el ministerio. No obstante, en mis caminatas por Moscú, Kiev y Leningrado encontré que era bastante fácil comunicarme con la gente a través de los ojos, la sonrisa y la campechanía en general. En realidad, mi mayor apuro lingüístico fue en mi propio estado de Texas, cuando fui incapaz de entender por teléfono al hombre que vendía las entradas para los partidos de baloncesto de los San Antonio Spurs. Nunca he sentido más apuro con la comunicación en un idioma y, curiosamente, fue con el mío propio y en mi propia tierra.

¿Cuáles son las mejores ciudades para salir fuera a aprender inglés?
Las ciudades más alejadas de hispanohablantes. Podrían ser Fairbanks (Alaska), Preston (Reino Unido), Wichita (Kansas), etc. Lo ideal es ir a estas ciudades pequeñas y apuntarse a clases en inglés, no clases de inglés. Es decir, buscar por Internet cursos diseñados para la gente local, cursos como ofimática, cocina, corte y confección, aerobic… donde los compañeros de clase son personas de la ciudad, monolingües en inglés, que enseguida te acogen y arropan. Es bastante fácil hacer amigos entre compañeros de curso.

¿Cuál es el idioma sonoramente más hermoso para ti?
Me gusta en especial el italiano hablado por italianos de cierto nivel cultural. También el inglés que se oye en Georgia y Carolina del Sur, sobre todo en las ciudades de Savannah y Charleston. Es una mezcla suave del sofisticado acento del sur de Inglaterra (de donde procede originalmente la mayoría de la población blanca de la zona) y el acento mucho más primitivo y visceral de los esclavos negros y su descendencia emancipada.

El método Vaughan utiliza la repetición como medio para consolidar la gramática oral… Cuéntanos un viaje que no te cansarías de repetir.
Un viaje que repetiría mil veces si viviera mil vidas sería un recorrido por todo el oeste americano, el gran triángulo geográfico que va desde el centro de Texas hasta Vancouver, en Canadá, y después, dirección sur, hasta San Diego, en un zigzag interminable a través de los estados en medio del triángulo, como Nevada, Utah, Nuevo México, Wyoming…

¿Has viajado mucho por Estados Unidos?
Pasé mis primeros nueve años en Houston, los segundos nueve años en Tulsa (Oklahoma), dos años en Dallas y otro año en Austin, la capital de Texas. En mis viajes por mi propio país he llegado a conocer todos los estados de la Unión salvo Alaska, Hawái, Minnesota, Utah y Dakota del Norte; es decir, conozco cuarenta y cinco de los cincuenta estados. En España ya conozco las cincuenta provincias más la ciudad autonómica de Ceuta; solo me falta Melilla.

¿Qué lugares recomiendas visitar en Estados Unidos?
Siempre recomiendo alquilar un coche y hacer millas y más millas, absorbiendo la América profunda más que las grandes urbes. Pero si al viajero le gustan las ciudades, entonces solo recomiendo las siguientes: Nueva York (sobre todo Manhattan), Washington, Boston, Miami, Nueva Orleans, San Antonio, San Francisco, Chicago y Seattle. La mayoría de las demás ciudades importantes de mi país están hechas bajo un mismo patrón y ofrecen menos atracciones singulares. Con esta afirmación, sin embargo, seguramente me ganaré la ira de los amantes de Nashville, Corpus Christi, Memphis, Santa Fe, Denver, Salt Lake City, Las Vegas, Los Ángeles y San Diego. Los Estados Unidos dan de sí para cuarenta agostos de principio a fin.
En 1973 recorriste España en autostop. Seguro que tendrás mil anécdotas al respecto… Cuéntanos alguna.

La historia que más cuento es cuando un camionero nos dejó a mí y a mi amiga americana en Motril a la hora de comer. Fuimos a un restaurante de menú del día y el camarero, en vez de darnos la lista de platos, la decía en voz alta. Lo recuerdo perfectamente: «De primero tienen ustedes arroz a la cubana, acelgas o sopa de pescado. De segundo, filete de ternera, albóndigas o peepá». ¿Cómo? Peepá. Tres veces el camarero nos tuvo que repetir el plato en cuestión y tres veces nos quedamos en blanco. No lo entendíamos. Al final, nos lo escribió en un papel: pez espada. Esa fue mi primera introducción al acento andaluz.

¿Cuál es tu medio ideal para viajar: avión, tren, barco, coche…?
El coche, sin pensarlo dos veces. Solamente el coche (o la moto o la bicicleta) le da a uno la autonomía necesaria para visitar todos los lugares de interés, y muchas veces estos lugares no aparecen en las guías ni en las páginas web de viajes. A veces los secretos más memorables de viajar son aquellos descubiertos por sorpresa por el viajero mismo. Sin coche, moto o bicicleta, estas perlas están vedadas.

¿Eres más de viajes improvisados o de todo incluido?
Viajes improvisados siempre, pero sobre un trazado general inicial.
Cuando viajas, en tu equipaje no puede faltar…
Equipaje imprescindible: la apertura de mente. Todo es interesante, desde el acueducto de Segovia hasta el pequeño juzgado del famoso Juez de la horca del pueblo de Pecos (Texas).

¿Qué tipo de souvenir te gusta traerte de tus viajes?
Ninguno. Bueno, miento. He estado tentado de traer «unas» souvenirs de cada país, puesto que encuentro las mujeres de todas las latitudes admirables e irresistibles. Pero si se trata de souvenirs inorgánicos, no soy coleccionista.

Si alguna vez te pierdes, ¿dónde habría que buscarte?
En el desierto del Sahara o en las callejuelas del corazón de Carabanchel. Si no es en uno de estos dos lugares, no me voy a perder.
Un viaje que te haya marcado especialmente…
Los cuarenta y cinco días que dediqué a viajar desde Madrid hasta el Mar Muerto de Israel, en autostop, tren, autobús y avión, pasando por Italia, Grecia, Israel, Turquía, Bulgaria, la antigua Yugoslavia, de nuevo Italia, Francia y de regreso a España. Tenía veintiún años y la mente más impresionable que hoy. Por mi amor a la historia, me emocioné con paisajes que fueron escenario de pasiones múltiples y de cruzadas personales y colectivas del pasado.

¿Quién es (o quién sería) tu compañero/a ideal de viaje?
La persona ideal sería, siempre, la persona a quien amo. Si esto no pudiera ser, querría ir con Heródoto.
Un viaje soñado en tu lista de pendientes.
He visitado treinta y tres países y ya tengo cierta edad. No sueño ni creo que haya soñado nunca con visitar lugares del mundo, entendiendo el verbo soñar como albergar un deseo irrefrenable. Sin embargo, he viajado (y mucho) porque era y es una forma agradable de dedicar parte del tiempo de ocio de que dispongo. Además, tengo un lado privado y personal de mi psique lleno de rutas fascinantes, por lo que no anhelo ni creo que necesite los estímulos externos, tan atractivos, que vienen de viajar. Pero aun así, es recomendable y hasta imperativo, en mi opinión, que la gente viaje y que pase, si puede, estancias largas en el extranjero. Es la mejor forma de ensanchar la mente y de vencer la peligrosa tendencia a caer en una especie de analfabetismo cultural y rehuir lo bello y rico que es el mundo.

 

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