17-M en Andalucía

La socialista ‘Chiqui’ Montero’ falseó el curriculum y ahora falsea la cara: se ha puesto botox, relleno e inductores de colágeno

La ex vicepresidenta de Sánchez se encuentra en el ojo del huracán por su CV exagerado y un notable cambio físico, que de poco servira ante el batacazo del PSOE que ronostican las encuestas

Chiqui Montero (PSOE), antes y después
Chiqui Montero (PSOE), antes y después. PD

María Jesús Montero llega al 17 de mayo con varios y serios problemas encima.

Las encuestas la sitúan en el peor resultado histórico del PSOE andaluz. El caso Koldo la implica en un ‘trato de favor‘ de la Agencia Tributaria a una empresa de Aldama.

Su valoración personal es de 3,74 sobre diez, la más baja de todos los candidatos a la presidencia de la Junta de Andalucía.

Y para colmo, las redes sociales llevan semanas debatiendo con una intensidad llamativa un asunto que ella probablemente preferiría que no se debatiera: lo que le ha pasado en la cara.

Una especialista en medicina estética analizó públicamente sus imágenes desde 2018 hasta la actualidad y el diagnóstico fue tan detallado como implacable: bótox en la frente, rellenos para combatir la flacidez, inductores de colágeno y una combinación de tratamientos que, según la experta, buscan «suavizar arrugas y aportar una apariencia más tersa».

En el lenguaje de las redes sociales: que no se le mueva la cara durante los debates.

Lo revela el periodista Javier Fernández en OKdiario.

Lucía Etxebarria y el veredicto de Twitter

La escritora Lucía Etxebarria, que tiene la lengua tan afilada como la pluma y una cuenta en X que no defrauda a sus seguidores, fue una de las primeras en pronunciarse con la contención que la caracteriza: «Se le ha ido un poco la mano con el bótox y el hialurónico».

El comentario desató una cascada de respuestas, memes y análisis espontáneos de ciudadanos que de repente descubrieron su vocación de cirujanos estéticos. Las comparaciones con mascarillas de Halloween, con personajes de película de animación y con varios objetos inanimados de superficie brillante circularon con la velocidad que solo alcanzan los contenidos que combinan política y vanidad humana en proporciones iguales.

Lo de Etxebarria no fue un desliz: fue una valoración meditada de alguien que lleva años observando la transformación progresiva del rostro de la ministra de Hacienda y que consideró que el resultado final de la temporada 2026 merecía comentario público. Sus seguidores estuvieron de acuerdo con un entusiasmo que superó ampliamente la media de sus publicaciones habituales.

El fenómeno en perspectiva: Montero no está sola

Conviene contextualizar el asunto porque Montero no es la única figura política española que ha despertado el interés diagnóstico de las redes en materia de medicina estética.

Pedro Sánchez regresó de unas vacaciones recientes con unos pómulos que generaron más conversación que cualquier rueda de prensa posterior. Los expertos consultados por varios medios coincidieron en señalar ácido hialurónico aplicado con generosidad y neuromoduladores en diversas zonas. La periodista Mariló Montero, sin parentesco con la candidata andaluza, describió el resultado con una concisión brutal: «Ojeras hundidas, expresión violenta». Los psiquiatras que fueron consultados para opinar atribuyeron parte del efecto al estrés crónico, que es una forma elegante de decir que gobernar en las condiciones que Sánchez gobierna deja marca.

El político del PP Jorge Azcón se metió en el debate con la torpeza de quien no ha leído bien el terreno: afirmó en un momento de exceso de confianza que consideraba a Pilar Alegría «más atractiva» que a Montero, lo que le obligó a disculparse horas después cuando alguien le recordó que Montero había atacado previamente a rivales por cuestiones estéticas, incluyendo la calvicie. El bumerán estético es un arma peligrosa en la política española.

Pepe Bono, veterano de estas lides, demostró hace años que la búsqueda de la juventud eterna entre los políticos españoles tiene una trayectoria larga y documentada. Zapatero tiene sus propias leyendas urbanas en materia de cejas. Y en Japón, según recuerdan los que conocen el asunto, los ministros publican abiertamente sus retoques estéticos como parte de la transparencia pública. Aquí todo ocurre bajo un manto de silencio que paradójicamente genera más comentarios que si se admitiera directamente.

Lo que dice Susanna Griso y lo que no dice Montero

La presentadora Susanna Griso añadió al debate una observación que tiene más enjundia política de lo que parece: «El exceso de bótox oculta emociones, lo que puede restar credibilidad». Es una crítica que trasciende la estética y toca algo más profundo: en política, la capacidad de transmitir emoción genuina es parte del oficio. Un rostro que no puede fruncir el ceño completamente ni mostrar sorpresa con naturalidad en un debate televisado es un rostro que comunica menos.

Para alguien con la valoración personal que Montero arrastra en las encuestas andaluzas, perder capacidad de conexión emocional en el momento más importante de su carrera política no es un dato menor.

Montero guarda silencio sobre el asunto, que es exactamente lo que haría cualquier persona razonable en su situación. Confirmar los tratamientos sería una distracción. Desmentirlos requeriría explicar los cambios evidentes entre sus fotos de 2018 y las actuales. El silencio es la única opción tácticamente sensata, aunque en las redes el silencio no detiene los memes sino que los alimenta.

El currículum y la cara: el doble retoque

Lo que hace especialmente incómoda la situación de Montero es que el debate estético llega junto al debate sobre su currículum, en el que se documentaron informaciones inexactas sobre su formación académica. La combinación de los dos asuntos, el currículum retocado y el rostro retocado, ha dado pie a un juego de palabras que las redes han explotado con una creatividad que los asesores de comunicación del PSOE no estaban preparados para gestionar.

La política española, como observó alguien con cierta filosofía en un hilo de X que acumuló miles de retuits, se enfrenta a su propio reflejo. Y no siempre le agrada lo que ve.

El 17 de mayo, los andaluces votarán sobre política fiscal, sanidad, empleo y vivienda. También, inevitablemente, sobre la cara que representa a cada partido en la papeleta.

Montero llega a esa cita con más frentes abiertos de los que cualquier candidato querría gestionar simultáneamente. El bótox es el menos grave de todos ellos. Pero es, curiosamente, el que más conversación ha generado en las últimas semanas.

Lo cual dice algo sobre el estado de la democracia española. O sobre el estado de las redes sociales. O sobre ambas cosas a la vez.

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