Ellos: colombianas, rumanas y brasileñas

Por qué los varones españoles se casan con latinas y las féminas españolas optan por europeos

Ellas: italianos, británicos y franceses

Por qué los varones españoles se casan con latinas y las féminas españolas optan por europeos
Amor, pareja, matrimonio. PD

En España los matrimonios mixtos han crecido un 41,6% en una década.

En 2024 se registraron 31.239 frente a los 22.063 de 2015. Es una tendencia clara, sostenida y con una geografía interna muy precisa que los datos del INE describen con una franqueza que el debate público sobre inmigración raramente alcanza.

El reparto no es aleatorio ni homogéneo. El 64% de los matrimonios mixtos en España son entre hombre español y mujer extranjera.

El 36% restante, entre mujer española y hombre extranjero. Y dentro de esas dos categorías, los patrones son tan consistentes que los demógrafos hablan de tendencias estructurales, no de coincidencias.

Los hombres españoles: colombianas, rumanas y brasileñas

Albert Esteve, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universitat Autònoma de Barcelona, explica el fenómeno con una lógica demográfica que incomoda por su claridad: los hombres españoles que tienen más dificultades para emparejarse dentro del mercado matrimonial nacional se encuentran en estratos de menor renta y nivel educativo, y gran parte de la inmigración femenina que llega a España proviene también de sectores socioeconómicos similares. La coincidencia produce el encuentro.

Las nacionalidades más frecuentes en las uniones entre hombre español y mujer extranjera son Colombia, Marruecos, Argentina, Rumanía, Venezuela, Brasil, Francia, Ecuador, Alemania y Perú. Las proporciones en algunos casos son llamativas: de cada 100 matrimonios mixtos con mujeres rusas, 94 corresponden a hombre español y mujer rusa. Con Brasil, la proporción es del 83% frente al 17%. Con Colombia, del 79% frente al 21%.

Las mujeres españolas: italianos, británicos y franceses

El patrón cambia radicalmente cuando se trata de las mujeres españolas. Ellas tienden a emparejarse con hombres de Europa Occidental, especialmente italianos, británicos y franceses. La demógrafa Clara Cortina introduce aquí el concepto del intercambio de estatus: el extranjero empieza con una desventaja simbólica en el mercado matrimonial local pero puede compensarla con rasgos que el nativo valora, habitualmente nivel educativo o recursos económicos diferentes.

Con Italia, el 70% de los matrimonios mixtos involucra a mujeres españolas y hombres italianos. Con Reino Unido, el 60% frente al 40%. Con Francia, el 54% frente al 46%.

El caso Marruecos: la excepción que invierte la tendencia general

El fenómeno marroquí es el más llamativo porque invierte completamente la tendencia dominante. Con Marruecos, el 61% de los matrimonios mixtos son entre mujeres españolas y hombres marroquíes, no al revés. Los demógrafos identifican varios factores que explican esta singularidad: vínculos familiares o culturales compartidos en zonas de larga convivencia como Ceuta, Melilla y las comarcas del Campo de Gibraltar, afinidad religiosa o cultural en determinados casos y la presencia creciente de mujeres nacidas en España con raíces norteafricanas que forman pareja dentro de su comunidad de origen.

Una tendencia similar, aunque menos numerosa, se observa con hombres de Nigeria: el 65% de los matrimonios mixtos con nigerianos involucra a mujeres españolas.

Lo que los números no borran

El crecimiento de los matrimonios mixtos en España es real y sostenido pero no equivale a una mezcla aleatoria. La homogamia, la tendencia a casarse con personas de perfil similar en clase social, nivel educativo y origen cultural, sigue siendo el patrón dominante en el conjunto de los matrimonios españoles. Los matrimonios mixtos crecen pero siguen estando estructurados por las mismas variables que organizan cualquier otro mercado matrimonial: edad, clase social, país de origen, nivel educativo y modelo relacional buscado.

Los datos del INE reflejan una España que se mezcla más que hace una década pero que sigue mezclándose de formas muy precisas que tienen poco de aleatorio y mucho de estructura social.

Lo que los números describen con total franqueza es exactamente lo que el debate político sobre inmigración y convivencia raramente se atreve a analizar con esa misma precisión.

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Autor

Yéssica Salazar

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Con Máster en Gerencia y Tecnologías de la Información. Con infinito amor por el periodismo y los medios audiovisuales que me han permitido conocer nuevos senderos, diferentes y desconocidos.

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