El presidente francés teme las memorias de la periodista

Los secretos de cama con los que Válerie Trierweiler negocia con François Hollande

Mientras las editoriales la tientan, ella negocia su salida de El Eliseo

Los secretos de cama con los que Válerie Trierweiler negocia con François Hollande
François Hollande y Valérie Trierweiler en pleno beso. EE

En el periodismo francés, desde Françoise Giroud (amante y creadora con Servan-Screiber del semanario 'L'Express'), es tradicional recurrir a las chicas guapas para hacer crónica política

Entre las armas de guerra que una mujer de mundo lleva en su bolsito de mano, Valérie Trierweiler, curtida en la crónica política y los más altos lechos de amor, incluye desde hace muchos años, ocultas entre lápiz de labios, cuaderno de notas, espejito, polvera, lima y esmalte de uñas, sombras para ojos, maquillaje básico, varias granadas de mano, utilísimas cuando se trata de negociar su estatuto de gran señora, instalada en un palacio construido por Luis XV, la Lanterne, en Versalles.

Como cuenta Juan Pedro Quiñonero este 27 de enero de 2014 en ‘ABC‘, hace muchos años que Trierweiler usa la bomba de mano más eficaz en el periodismo de combate: la confidencia, granada incendiaria en manos de una periodista que causaba estragos entre la clase política donde ella se abrió camino a paso de carga.

En el periodismo francés, desde Françoise Giroud (amante y creadora con Servan-Screiber del semanario ‘L’Express’), es tradicional recurrir a las chicas guapas para hacer crónica política.

Es una manera eficaz de conseguir exclusivas y confidencias de interés. Valérie Trierweiler hizo una carrera de ese tipo en apenas cinco años, entrando en los más selectos gabinetes ministeriales con muy escueta minifalda y abrigo muy corto, para lucir muslos y piernas, realzados con tacones altos.

Instalada en la Lanterne, como compañera traicionada por el jefe del Estado, con quien negocia sus futuras relaciones, en el Elíseo o en un domicilio privado, Trierweiler se toma su tiempo para reflexionar, atendida por un médico militar al servicio del Estado, una cocina presidencial a su servicio, y un cuerpo de ayudas de cámara y asistentes que vigilan por su salud y sus gustos culinarios.

Ese confort apenas tiene algunos inconvenientes: los tres hijos de su segundo matrimonio no son aceptados en una residencia vigilada con prudencia marcial.

Secretos de Estado que Trierweiler guarda preciosamente y que cuando llegue su momento, podría usar como bombas de mano, inflamables, incendiarias.

Varios editores han comenzado a sugerir a Trierweiler su interés por el libro que sin duda escribirá, mañana, algún día, contando sus veinte meses pasados en el Elíseo, sus ¿siete? ¿diez años? pasados con François Hollande en sucesivos lechos secretos que culminaron en el lecho debido a la primera dama de Francia, a dos pasos del antiguo dormitorio donde la última emperatriz francesa, Eugenia de Montijo, granadina, soportaba las infidelidades de Napoleón III.

NOTA.- Pinchar para leer reportaje completo en ‘ABC’

 

 

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