Sutiles cambios en los circuitos cerebrales determinan las diferencias de comportamiento entre machos y hembras

Los gusanos lo demuestran: los hombres prefieren ‘atracarse’ de sexo antes que comer

A ellas no les pasa lo mismo, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Rochester en Nueva York

Los gusanos lo demuestran: los hombres prefieren 'atracarse' de sexo antes que comer
Sexo en la cama y con calcetines. XY

El cerebro masculino suprime la capacidad de localizar los alimentos con el fin de centrarse en la búsqueda de una compañera

Elegir entre dos cosas buenas puede ser complicado, más si se trata de dos pulsiones básicas: una suculenta cena (hay que alimentarse para sobrevivir) o una sesión amorosa con una atractiva pareja (hay que reproducirse para continuar la especie), pero ellos lo tienen tan claro que dejan sin razón de ser la creencia popular de que «se les conquista por el estómago».

En un descubrimiento realizado con unos pequeños gusanos de laboratorio, pero que bien podría aplicarse a algunos seres humanos, investigadores de la Universidad de Rochester en Nueva York han demostrado que el cerebro masculino suprime la capacidad de localizar los alimentos con el fin de centrarse en la búsqueda de una compañera.

DIFERENCIAS

A ellas no les pasa lo mismo y la diferencia en el comportamiento entre machos y hembras, según publican los científicos en la revista Current Biology, puede deberse a unas sutiles diferencias en los circuitos del cerebro.

«Si bien sabemos que el comportamiento humano está influenciado por numerosos factores, entre ellos las normas culturales y sociales, estos hallazgos apuntan mecanismos biológicos básicos que no sólo pueden ayudar a explicar algunas diferencias en el comportamiento entre hombres y mujeres, sino también a por qué los diferentes sexos pueden ser más susceptibles a ciertos trastornos neurológicos»,

dice Douglas Portman, profesor del Departamento de Genética Biomédica en la Universidad de Rochester y autor principal del estudio.

EXPERIMENTOS

Los experimentos se realizaron con el C. elegans, un gusano redondo microscópico que ha sido utilizado por muchos investigadores para entender los mecanismos fundamentales de la biología. Los autores recuerdan que muchos de los descubrimientos realizados utilizando C. elegans se aplican en todo el reino animal, e incluso han dado lugar a una mayor comprensión de la biología humana.

De hecho, tres Premios Nobel en Medicina y Química han sido galardonados por sus descubrimientos relacionados con estas criaturas.

Además, este nematodo es particularmente útil en el estudio del sistema nervioso, ya que permite a los científicos entender en gran detalle el desarrollo, las funciones y las múltiples conexiones de toda su red neural.

En esta ocasión, los investigadores se centraron en la actividad de un solo par de neuronas que se encuentran en C. elegans – llamadas AWA- que controlan el olor. El olfato, junto con el gusto y el tacto, son factores sensoriales críticos que dictan cómo C. elegans entiende y se mueve por su entorno, incluyendo la búsqueda de alimentos, la evitación del peligro y la localización de una pareja.

DOS SEXOS

Hay dos sexos de C. elegans, machos y hermafroditas. Aunque los hermafroditas son capaces de auto-fertilizarse, también se reproducen con los machos, y se consideran hembras modificadas.

Se ha observado previamente que los machos y los hermafroditas actúan de forma diferente cuando se los expone a los alimentos. Si se colocan ante una fuente de comida, los hermafroditas tienden a permanecer allí. Los machos, sin embargo, abandonan la fuente de alimento y merodean por el entorno. Los científicos creen que lo hacen porque buscan pareja.

Los investigadores descubrieron que los mecanismos sensoriales -llamados quimiorreceptores- de las neuronas AWA estaban regulados por la identidad sexual de estas células, que, a su vez, controlan la expresión de un receptor llamado ODR-10. Estos receptores responden a los olores químicos que se desprenden de los alimentos y otras sustancias.

En los hermafroditas, se producen la mayoría de los receptores ODR-10, haciendo a los gusanos más sensibles – y por lo tanto más atraídos- a la presencia de alimentos. En los machos, menos de estos receptores están activos, esencialmente suprimiendo su capacidad -y tal vez el deseo- de encontrar comida. Sin embargo, cuando los machos fueron privados de alimentos, produjeron niveles mucho más altos de este receptor, permitiéndoles concentrarse temporalmente en la búsqueda de alimentos.

Mejor buscar pareja

Para confirmar el papel de estas diferencias genéticas en el comportamiento entre los sexos, los investigadores diseñaron una serie de experimentos en los que observaban la actividad del C. elegans cuando se coloca en una placa de Petri y se enfrenta a la opción de alimentarse o de ir en busca de pareja. Los hermafroditas se situaban en el centro de la placa, en la fuente de alimento y, como se esperaba, se quedaron donde estaban.

Los machos se colocaron en sus propias fuentes de alimentación individuales en la periferia del plato. Como un obstáculo adicional entre el amor de los machos y sus parejas potenciales, se colocó otro alimentos que rodeaba a los hermafroditas en el centro del plato.

Los machos del experimento estaban divididos en dos categorías, un grupo con un perfil genético normal y otro grupo que había sido diseñado por los investigadores para sobreexpresar el receptor de ODR-10, esencialmente haciéndolos más sensibles al olor de la comida.

Los investigadores encontraron que los gusanos normales dejaron su fuente de alimento y, finalmente, hicieron su camino hacia el centro del plato donde se aparearon con los hermafroditas. Los machos genéticamente modificados tuvieron menos éxito en la búsqueda de pareja, presumiblemente debido a que estaban más interesados en alimentarse.

Al examinar el perfil genético de la descendencia resultante, los científicos observaron que los machos normales ganaban a los modificados diez a uno.

En experimentos separados, los investigadores también fueron capaces de modificar el comportamiento de los hermafroditas, haciéndolos actuar como machos y abandonar su fuente de alimento.

«Estos resultados muestran que mediante la regulación de las propiedades de una sola célula, podemos cambiar el comportamiento, dice Portman. De qué poco puede depender el deseo sexual».

 

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