Un andaluz y una vasca, a gritos en el 'Paraíso'

Una versión semi porno y ridícula de ‘Ocho apellidos vascos’ en el capítulo más grave de ‘Adán y Eva’

La tercera entrega del programa revelación de Cuatro consigue un buen (aunque no gran) 12,8% de share

Una versión semi porno y ridícula de 'Ocho apellidos vascos' en el capítulo más grave de 'Adán y Eva'

Un andaluz romanticón, ‘moñas’, empalagoso y de físico ‘grande’ frente a una vasca ruda, borde, nacionalista pero con el corazoncito roto. Los dos desnudos en una isla paradisíaca y, para colmo, aparece por medio una sevillana con el rostro de Björk y adicta a ’50 sombras de Grey’. ¿Surgirá el amor? En el programa revelación de Cuatro, ‘Adán y Eva’ nos hicieron creer que sí, que hubo un ‘felices y comieron perdices’. Lo dudamos. Mucho.

Primero de todo: el tercer episodio de ‘Adán y Eva’, emitido el martes 4 de noviembre de 2014, consiguió un buen 12.8% y fue un buen programa. Hubo ritmo, tensión, broncas y el casting era perfecto; esta vez los cuerpos esculturales brillaban por su ausencia aunque llegabas a empatizar con los personajes… fue menos gracioso que los anteriores, y es que, más allá de que los protagonistas vayan desnudos, el mayor aliciente del espacio es el humor, el frikismo. Ayer lo hubo, sí, pero menos.

Comencemos por el drama. En un primer momento entraron dos concursantes a la isla. Por un lado estaba Maite, una bilbaína seca, de esas a las que (por pura inseguridad) se dedica a machacar al prójimo. En un principio, esta bloguera de moda (¡!) se nos presentó como alguien implacable y muy, muy orgullosa de su ciudad:

Yo he llegado hasta Granada y, a ver, la Alhambra es bonita, sí, pero, al fin y al cabo, son cuatro jardines. El Guggenheim es una estructura de titanio que refleja colores violáceos… Eso sí que es una pasada.

Toma de la primera ‘perla’ de la noche.

Y enfrente teníamos a Carlos, un bombero de Jerez, que iba de sensiblón en busca del amor eterno. Y de la fama también porque aquí el amigo ya había aparecido en ‘Mujeres y hombres y Viceversa’ ¿Cómo? se preguntarán muchos tras ver el físico de este hombre (nada que ver con lo que suele pasar por el dating-show de T5). Pues sí, pero fue en la versión ‘madura’ del programa y como pretendiente de… ¡Raquel Mosquera!

El caso es que Mediaset quiso promocionar (de alguna manera) su película ‘Ocho apellidos vascos’ y lo hizo con una versión nudista y más burda (aunque, eso sí, aquí los personajes tenían más vida y más gancho que en el filme protagonizado por Dani Rovira). Dicho y echo, Carlos y Maite comenzaron muy mal. Ella no le daba tregua, le cortaba, se reía de él y confundía sinceridad con mala leche.

Pero el drama llegó con un post-it. Sí. Tras una noche en la que Maite no pudo dormir por los ronquidos del andaluz, éste se despertó feliz de la vida y le puso unos post-it con mensajes cariñosos para darle los buenos días a su compañera. La vasca se levantó con mono de café y mala leche y cuando vio el papelito se lo tomó como una ofensa personal. Así, de repente, la mujer se puso a gritar en plena isla:

‘¡Carlos que moña eres!

Obviamente, el otro se mosqueó y se puso en plan ‘ya no te ajunto’.

La discusión fue a más y en mitad de los gritos y los reproches (hay que tener en cuenta que estaban en bolas, más friki no podía ser la escena) llegó Verónica, una sevillana, versión pizpireta de Björk a la que le gusta la literatura erótica y cómo no, los juguetes sexuales.

Verónica llegó y arrasó. Dijo, primero (y perrito en mano), que no le impotaría hacer un trío y dicho esto, se dedicó a sacar plumas, antifaces y esposas ante la risa nerviosa de sus pudorosos compañeros.

En su cita a ciegas con Carlos, Verónica fue a por todas y aunque hubo un amago de beso, no pasó gran cosa. Eso sí, el drama regresó a la Isla cuando, tras ganar una ridícula prueba (ver quién de las dos lograba hacer el ‘chiringuito playero’ más romántico en dos minutos), Maite cenó con el andaluz.

Aunque no lo admitiese, la vasca estaba celosa y rompió a llorar delante del otro. Hubo disputa (otra vez) y la cena se canceló. De vuelta a la cabaña, le tocó el turno a Verónica de ponerse ‘farruca’. La sevillana no estaba dispuesta a ser el segundo plato y mandó a su ‘adán’ de paseo.

Pero al día siguiente vimos uno de los momentos más frikis e incómodos del año, aquel en el que Verónica utilizó a Carlos como esclavo sexual en plena playa. Ella le daba azotes en el trasero mientras que el fingía que le dolía. Aún tengo pesadillas con la escena.

Y llegó el final del programa. ¿A quién iba a elegir Carlos? ¿A la ‘dominatrix’ de boquilla (Verónica) o a la dominatrix real (Maite)? Al final, el andaluz se quedó con la vasca ante el cabreo de la sevillana, quien se fue de la isla sin despedirse.

Ya vestidos y lejos de la Isla, Carlos y Maite se reencontraron. Era el turno de que ella decidiera seguir su ‘relación’ o de dejarle plantado. Al final accedió, pero no hubo beso. Ella no estaba preparada. ¿Lo estaría alguna vez?

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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