Las redes arden con la foto prohibida

Con Emily Ratajkowsky ha fallado el algoritmo antipezones de Instagram

Con Emily Ratajkowsky ha fallado el algoritmo antipezones de Instagram
Emily Ratajkowski. EP

El género dentro, por el calor’, que se decía antaño en España, ciuando no había cámaras frigoríficas ni nada parecido.

Es un tía cañón esta Emily Ratajkowski. Y dado que la modelo y actriz de 26 años ha pasado por la televisión norteamericana para clavar a la audiencia la batalla de cómo fundió con su novio los anillos de boda, historia que le ha parecido a todo el mundo muy aburrida y forzada, la flamante esposa de Sebastian Bear-McClard ha vuelto a lo que mejor hace: posar sin ropa.

Lo ha hecho retando a Instagram, rebasando los límites y probando con esta imagen prohibida de acuerdo con las reglas, muy discutidas de la red social.

Dicen que un algoritmo determina qué nivel de transparencia se permite a la hora de mostrar pezón. Está claro que Emrata conoce la ecuación entera. De todos modos, vamos acontar lo de los anillos por si a alguien le pudiera interesar.

La boda de Emily Ratajkowski con el productor y actor Sebastian Beard-McClard tiene el morbo de contra con un curioso proceso de pedida de mano y elección traje de Zara que la modelo se encargó de contar en la televisión norteamericana.

Sneak peek 💦

Una publicación compartida de Emily Ratajkowski (@emrata) el 11 Abr, 2018 a las 10:30 PDT

La actriz contó en el programa de Jimmy Fallon que lo suyo fue como si de una comedia romántica se tratase. No hubo una pedida de mano, sino dos, y la primera fue rechazada.

«Me propuso matrimonio en el restaurante Minetta Tavern y no tenía un anillo, así que yo estaba como hummmm. Entonces, cogió el clip de la cuenta y me hizo un anillo, lo cual me pareció muy romántico».

Tomaron la decisión de casarse después de pasar la noche juntos, al día siguiente.

Pero no se casaron con el anillo hecho con un clip. Entraron en Chinatown y compraron una pieza, como una onza (unos 30 gramos) de oro, y decidieron derrtirlo y hacer los anillos.

«Derretiremos el oro y haremos los anillos«, le propuso él.

Acabaron yendo a una tienda la víspera de su boda, fueron al estudio de un judío que moldeó con un martillo y un pequeño soplete las alhajas. Iban a ser temporales pero han terminado cogiéndoles cariño.

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