Juan Carlos I no ha sido el primero de su familia en verse envuelto en un escándalo sexual: la historia está llena de ejemplos

Los Borbones y su desenfrenada afición al amor y el sexo

Porno, infidelidad e hijos ilegítimos

Los Borbones y su desenfrenada afición al amor y el sexo
Borbones Wikipedia

Parece que todo empezó con Felipe V, a quien se atribuye haber importando a España algunos juegos sexuales -el ‘impávido‘, el dildo y la práctica de nuevas posturas- cuando llegó de la libertina Francia a la austera España y se instaló en nuestro país la monarquía de los Borbones.

Durante toda su vida, Felipe V tuvo una descarada adicción al orgasmo múltiple, considerado por él como una de las razones fundamentales de la existencia. No sólo impuso a sus sucesivas esposas la práctica del coito diario, sino que él mismo se entregaba siempre que podía al onanismo.

Fue sólo el primero de una larga y ardiente saga de ‘salidos‘ y ‘cachondas‘.

El 28 de noviembre de 1857 Isabel II de España dio a luz al futuro rey Alfonso XII.

Numerosas fueron las personas que se congregaron en el Palacio Real de Madrid ante tan magna noticia, pero hubo una importante ausencia: la de Francisco de Asís, esposo de la reina y de quien se dijo que no era el padre biológico del neonato, atribuyéndose la paternidad del mismo al aristócrata valenciano Enrique Puigmoltó, según recoge Alfred López en El Español.

Y es que alrededor del insigne matrimonio se especuló sobre todo tipo de noticias concernientes a las continuas infidelidades de la reina, quien llegó a tener una sonora fama de promiscua y a la que adjudicaron más de una docena de amantes. Pero su esposo no se quedaba atrás, debido a que también eran públicas y notorias sus escapadas de palacio para reunirse con el aristócrata Antonio Ramos Meneses, con quien, supuestamente, mantenía una relación homosexual.

La ajetreada vida sexual (y extraconyugal) del matrimonio real se convirtió en la comidilla de la Corte y numerosas fueron las publicaciones de la época que se hicieron eco de ello. Hasta tal punto que incluso llegaron a ponerse en circulación una serie de láminas satíricas con 89 escenas de sexo explícito con Isabel II y Francisco de Asís como protagonistas y que llevaban por título Los Borbones en pelota.

La mencionada colección de dibujos estuvo fuera de la circulación cerca de un siglo (no fue hasta la década de 1990 cuando se publicó) y, según numerosos expertos, se atribuye la autoría de los dibujos y textos a los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer.

Pero la reina Isabel II no fue la única miembro de la Familia Real que tuvo una vida sexual algo movidita. Su hijo Alfonso XII también hizo gala del apellido y disfrutó de unos cuantos ajetreos sexuales. Contrajo matrimonio con su prima Mª de las Mercedes a los 21 años de edad y enviudó de ésta tan solo cinco meses después, volviéndose a casar al año siguiente.

Tanto en el periodo de duelo, como en los seis años más en los que vivió (Alfonso XII falleció en 1885 a los 27 años), el joven rey se dedicó a mantener relaciones amorosas con un gran número de amantes, pero sobre todo perdería la cabeza por Elena Sanz, una cantante de ópera 13 años mayor que él y con quien llegó a tener dos hijos ilegítimos.

Su heredero al trono, Alfonso XIII, sería un hijo póstumo nacido seis meses después del fallecimiento y también éste gozó de una vida llena de promiscuidades, devaneos amorosos y afición por el sexo.

Mantuvo relaciones extramatrimoniales con un gran número de mujeres, llegando a tener cuatro hijos ilegítimos y célebres eran las escapadas clandestinas que realizó para acudir a fiestas nocturnas en clubes y domicilios particulares durante la década de 1920.

Y fue precisamente por esa misma época cuando Alfonso XIII se convirtió en un acérrimo aficionado a la pornografía. Por mediación de su hombre de confianza, el conde de Romanones, contrató a los barceloneses hermanos Ramón y Ricardo de Baños, dos pioneros de la cinematografía en España, a quienes encargó que rodasen una serie de películas de alto contenido sexual con guiones firmados por el propio rey y cuyo visionado era exclusivo para él.

Unas tramas en las que las protagonistas femeninas eran interpretadas por mujeres jóvenes y los papeles masculinos por hombres maduros que representaban ser sacerdotes, ministros, militares, médicos… La proclamación de la república, en 1931 y posterior exilio del rey hizo que muchos de esos filmes se extraviaran, así como fueron destruidos otros muchos durante el régimen franquista. Tan solo tres de esas películas se pudieron recuperar (algunos fragmentos) y fueron restauradas por la Filmoteca Valenciana.

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