EL CÓCTEL MORTAL DE LOS VIOLADORES Y LOS SITIOS DE CONTENIDOS PARA ADULTOS

El infierno de Rose: fue violada a los 14 años y tiempo después tuvo que sufrir el vídeo de la agresión colgado en páginas porno

El infierno de Rose: fue violada a los 14 años y tiempo después tuvo que sufrir el vídeo de la agresión colgado en páginas porno
Rose Kalemba.

Una noche de verano en la localidad de Ohio, Estados Unidos, fue el momento que marcaría para siempre la vida de Rose Kalemba.

Con apenas 14 años sufrió una violación que que por muchos días la persiguió, aunque ahora lo afronta de otra manara. Un vídeo del ataque sexual fue compartido en una web popular de pornografía.

Rose caminaba para despejar la mente, cuando en medio de una noche de paz y aire fresco apareció un hombre de la nada, llevaba un cuchillo que empuñó para amenazarla, la obligó a subirse a un coche, el atacante estaba acompañado de un joven, de unos 19 años, cuyo rostro le pareció familiar.

De allí la llevaron a una casa, en la otra punta del pueblo, allí los dos individuos abusaron de ella durante 12 horas, pero había otro que se encargó de grabar vídeos del asalto sexual.

No solo la violaron, también la golpearon, la apuñalaron en una de sus piernas, Rose casi no respiraba, se encontraba en shock, sus prendas de vestir estaban todas ensangrentadas.

Después de la agresión, Rose no quiso mirarse al espejo por muchos años.

No conforme con esto, uno de los hombres sacó un ordenador y le mostró a Rose el material que tenía, vídeo de otras violaciones, también se identificó “Soy de la etnia de las naciones originarias”, refiriéndose a los pueblos autóctonos norteamericanos.

«Los atacantes eran blancos y la estructura de poder era clara. Algunas de las víctimas eran blancas pero muchas eran mujeres de color», dijo Rose.

Después de amenazarla con asesinarla, la metieron de nuevo en el coche, la dejaron tirada en la calle lejos de su casa, Rose había logrado convencerles de que no los delataría.

Lo primero que vio al llegar a su casa fue su imagen en un espejo a cuerpo entero, tenía una cortada en el rostro con mucha sangre, su padre llamó a la policía, él y otros familiares la habían estado buscando toda la noche.

Al llegar a la sala de emergencias, un médico y un policía la recibieron, pero fueron las palabras de una enfermera lo que le hizo sentirse un poco segura.

«Siento que esto te haya ocurrido», murmuró con voz trémula. «A mi hija también la violaron», confesó empáticamente la enfermera.

“Ella me creyó”, dijo Rose, luego de soportar largas conversaciones con el agente policial y los médicos que en cada instantes hablaban del “presunto” victimario.

Las palabras de la sanitaria la aliviaron, sin embargo, en los próximos días, cientos de miles de personas estarían viendo la violación y de esos espectadores no recibiría compasión alguna.

Unos meses después, Rose estaba navegando la rede social MySpace cuando encontró a varias personas de su escuela compartiendo un vínculo. Estaba etiquetada. Al hacer clic fue llevada al sito de videos pornográficos compartidos PornhubSe sintió nauseabunda al ver varios videos del ataque al que la sometieron.

«Los títulos de los videos eran ‘adolescente llorando y abofeteada’, ‘adolescente destruida’, ‘adolescente desmayada’. Uno había sido visto más de 400.000 veces», recuerda Rose.

«Los peores videos eran en los que estaba desmayada. Viendo cómo me atacaban cuando ni siquiera estaba consciente fue lo peor».

Tomó la decisión instantánea de no contarle a su familia sobre los videos, de todas formas, la mayoría de ellos no la había apoyado. Contarles no hubiera logrado nada.

En pocos días quedó en evidencia que la mayoría de sus compañeros de escuela habían visto los videos.

«Me atormentaron», dice. «La gente me decía que me lo merecía. Que yo los provocaba. Que yo era una puta».

Algunos chicos contaron que sus padres les habían aconsejado que no se acercaran a ella, en caso de que los sedujera y luego acusara de violación.

«A la gente le queda más fácil acusar a la víctima», señala.

Rose dice que se comunicó por correo electrónico con Pornhub varias veces durante seis meses, en 2009, para pedir que retiraran los videos.

«Le rogué a Pornhub en los emails. Les imploré. Escribí, ‘Por favor, soy una menor, esto fue un asalto, por favor retírenlo'».

No recibió una respuesta y los videos se mantuvieron activos.

«El siguiente año me ensimismé. me separé del mundo», recuerda. «No sentía nada. Anestesiada. Me retraje».

Se imaginaba que cada extraño con el que hacía contacto visual habría visto los videos.

«¿Se habrían excitado? ¿Se habrían gratificado con mi violación?».

No soportaba verse a sí misma, pero una brillante idea le ayudó a sacar los vídeos de esta plataforma, se inventó una nueva dirección electrónica haciéndose pasar por un abogado y les envió a Pornhub un email advirtiendo que los demandaría.

«En menos de 48 horas los videos desaparecieron».

Meses después, Rose empezó a recibir terapia, finalmente revelando la identidad de sus atacantes a la psicóloga que, por ley, debía reportarlos a la policía. Pero no le contó a su familia ni a la policía sobre los videos.

Los abogados de los atacantes arguyeron que Rose había dado su consentimiento a tener sexo y los hombres no fueron encontrados culpables de violación, sino de «contribución a la delincuencia de una menor» -un crimen menor- y recibieron sentencias suspendidas.

Rose y su familia no tenían la energía ni los recursos para demandar por una sentencia más severa.

Está claro que Ron Kalemba piensa mucho sobre lo que le sucedió a su hija hace todos esos años y se pregunta qué hubiera hecho diferente si hubiera sabido más. Su hija cambió después del asalto. Pasó de ser una alumna aplicada a faltar a las clases y casi nunca entregar sus tareas.

«Lo que le sucedió a Rose en 2009 todavía está sucediendo en la actualidad en varios sitios porno de libre acceso -y no solo Pornhub», explica Kate Isaacs, de Not Your Porn, un grupo que investiga sitios pornográficos.

«No hay nada que podamos hacer contra sitios porno ilegales, más pequeños establecidos por individuos, pero se necesita responsabilizar a los sitios comerciales grandes como Pornhub y eso no está sucediendo. No hay leyes que apliquen a ellos».

La pornovenganza, conocida como abuso sexual basado en la difusión de imágenes, es el acto de distribuir intencionalmente material íntimo de alguna persona sin que esta lo haya consentido. Crear este contenido ha sido un crimen en Inglaterra y Gales desde 2015 y penalizada con dos años de cárcel. Sin embargo, las plataformas que comparten este contenido, hasta ahora no han sido encontradas responsables al respecto.

«Los sitios porno están al tanto de que hay contenido alarmante y no consensual en sus plataformas», asegura Isaacs. «Saben que no hay manera de distinguir entre juegos de rol de fantasía o producción de situaciones hipotéticas del abuso real».

Rose, ahora está retomando su vida. Poco después de convertirse en veinteañera, conoció a su novio, Robert, que la ayudó a discutir y enfrentar su abuso.

Espera casarse con él y tener un hijo. Y su perra Bella, una pitbull, es una fuente de confianza.

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