Todo lo que la gente quiere saber sobre la profesión de escort

Todo lo que la gente quiere saber sobre la profesión de escort

“Escort” es un término que, poco a poco, se ha ido incorporando a nuestro vocabulario importado de la voz francesa “escorte”, que a su vez deriva de la palabra italiana “scorta”, la cual significa “acompañamiento”. Hace referencia a personas (tanto hombres como mujeres) que se dedican, previo pago, a ejercer como acompañantes, bien sea en eventos como fiestas, cenas o viajes, o bien sea en el ámbito sexual.

La historia de Natalia, escort con varios años de experiencia, encaja con la de muchas otras que ejercen esta profesión. “Yo empecé por necesidad. Luego, cuando te mentes dentro del mundillo, le encuentras el lado divertido. Ganas dinero y, si te gusta el sexo, es el trabajo ideal”, afirma. El patrón es casi siempre el mismo: jóvenes en apuros económicos que recurren a esta clase de trabajos para salir al paso y que, al ver grandes posibilidades de crecimiento económico, deciden continuar.

La mayor parte de las escorts con las que hemos podido hablar hacen hincapié en lo que consideran una clara diferencia entre ellas y las prostitutas convencionales. “Lo que la gente no sabe del trabajo de escort es que no eres una puta barata más. Hay que poner dedicación, comprar ropa, lencería, perfumes, dedicar tiempo a tu aspecto, a la higiene y la salud… Necesitamos ganar mucho dinero para ello porque damos un servicio de alto standing”, defiende María, otra profesional del sector.

¿Cuál es el perfil de los hombres que contratan a una escort?

Cuenta María que sus clientes, en general, son bastante variados: “maridos que quieren echar una canita al aire, hombres de negocios que están de visita en la ciudad, grupos de amigos…”. También los hay que quieren cumplir determinadas fantasías o dar rienda suelta a fetiches de lo más variopinto: “Una vez un cliente me pidió que le pisara el pene junto con diez compañeras más”, asegura. “En otra ocasión, un hombre se vistió de bebé con un pañal gigante y un chupete y me pidió que le diera el biberón, aunque al final acabó mamando de mi pecho…”.

Como estas, hay un sinfín de anécdotas, si bien la mayoría de las escorts aseguran que, en general, todo se suele limitar a la práctica de felaciones y a las posturas del misionero y del perrito. “¡Con la cantidad de posturas que hay en el Kamasutra, y casi siempre nos piden lo mismo!”, apostilla Natalia entre risas.

Otro punto en el que coinciden todas es en la importancia de la discreción. María asegura que “gracias a Internet llegan cada vez más reservas discretas a través de la web LaVieenRose.es. Quedamos a una hora y nos vemos sin intermediarios. Es todo mucho más cómodo tanto para el cliente, que se siente más confiado, como para nosotras”.

No solo prostitución de lujo

Habitualmente se suele relacionar la profesión de escort con la prostitución de lujo, aunque en realidad no tiene por qué implicar necesariamente la práctica del sexo. “Hay gente que nos contrata solo para acompañar a hombres a eventos de trabajo o a cenas de gala”, afirma Tatiana, una veinteañera con gran experiencia como acompañante. “Hay mucho más de lo que se puedan imaginar aparte del sexo”. En cualquier caso, nos remarca que es esto último lo que la mayor parte de los clientes buscan: “lo que más vemos son personas que no quieren compromisos. Simplemente buen sexo y ya”.

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