Dice que asfixió a su madre porque era alcohólica y además le insultaba

(PD / Agencias).- El hombre que mató a su madre en Albacete en febrero de 2007, tapándole la nariz y la boca con las manos hasta asfixiarla, declaró hoy en el juicio oral que lo hizo para que su madre, que era alcohólica, se durmiera y dejara de insultarlo: «Diciéndome que era un cabrón como mi padre», afirmó.

Durante la vista, que se ha celebrado en la Audiencia Provincial de Albacete, el acusado, David P.B., relató que sus padres eran alcohólicos y estaban separados.

Recurrió en tres o cuatro ocasiones a taparle la boca y la nariz, método que también empleó el día de su muerte

Ya en Albacete, vivió con la madre, con la que mantenía frecuentes discusiones, por las que recurrió en tres o cuatro ocasiones a taparle la boca y la nariz, método que también empleó el día de su muerte, después de taparle la boca y la nariz tres veces consecutivas y golpearla.

David contó que, tras este episodio, se fue de casa al domicilio de un primo, Miguel Ángel A.B., al que no contó nada, y volvió a la vivienda, donde pasó la noche, y sólo al día siguiente fue consciente de que la madre «no se movía».

Padres alcohólicos y maltratadores

El acusado explicó, a preguntas de la defensa, que era consumidor de hachís y cocaína y que había solicitado su ingreso en un centro de desintoxicación, donde no entró porque no había plazas. Por su parte, el primo del acusado relató que la familia conocía la situación «violenta» que había en casa de David, porque la madre tenía problemas con la bebida, y señaló que el joven había sufrido malos tratos desde pequeño.

También declaró el hermano del acusado, Alejandro P.B., quien confirmó que el joven había sufrido malos tratos tanto del padre como de la madre, que eran alcohólicos.

David no había recibido ningún tipo de educación por parte de los padres y sí «palizas e insultos desde pequeño»

Los seis psiquiatras forenses declarantes concluyeron en general que el acusado padecía un trastorno esquizoide de la personalidad agravado por el consumo de sustancias estupefacientes, pero no se pusieron de acuerdo en si el joven controlaba o no su voluntad.

En las conclusiones, la defensa se adhirió al fiscal en la petición del agravante de parentesco para conseguir que su defendido siga en la prisión, y no en un centro psiquiátrico con otros presos, donde «su entorno no sería tan adecuado como en la cárcel», en la que el acusado afirmó sentirse «bastante bien». Por su parte, el fiscal mantuvo sus peticiones preliminares de trece años de prisión por un delito de homicidio y tres años por un delito de maltrato habitual en el ámbito familiar.

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