Una joven se lanza desde un tercer piso para escapar de los golpes de su marido

Una joven se lanza desde un tercer piso para escapar de los golpes de su marido

(PD / EFE).- Una joven de nacionalidad rumana salvó milagrosamente la vida ayer tras lanzarse al vacío desde un tercer piso en Guadalajara para escapar de los puñetazos y patadas que le propinaba su marido, también rumano. La víctima, de 27 años, impactó contra el capó de un vehículo y no directamente contra la calzada, circunstancia que amortiguó el golpe y por la que sufrió la luxación de un hombro y politraumatismos, aunque los médicos no temen por su vida.

Vecinos de la pareja declararon no haber visto nada extraño en su comportamiento en las últimas fechas, ni escuchado ruido alguno, a pesar de la violenta discusión que había protagonizado el matrimonio. Según pudo explicar la propia víctima a los agentes en el hospital, su marido, de 49 años, la pegó en repetidas ocasiones y al sentirse acorralada, optó por lanzarse al vacío. El hombre fue de inmediato detenido y puesto a disposición judicial.

Este episodio de violencia doméstica se produjo apenas 24 horas después de que un sargento matara a su ex mujer y al novio de ésta, un teniente, antes de suicidarse en presencia de su hijo de cuatro años en otra localidad de Guadalajara: Alovera. El Consejo General del Poder Judicial ha solicitado al servicio de inspección un informe sobre la actuación de los magistrados que intervinieron en el caso. Si bien no se presupone ningún error en la actuación judicial, la presidenta del Observatorio de Violencia Doméstica aseguró que actuará en caso de que se detecte alguna irregularidad.

Sylvina Bassari, una bióloga de 33 años y origen argentino, intentaba rehacer su vida con otro militar, el teniente Andrés Marzal, de 38 años tras separarse de su esposo. Los abogados de la mujer en el doble proceso legal que seguía contra su ex marido, el de divorcio y el penal por malos tratos, denunciaron ayer desatención judicial, «falta de seguimiento y una incorrecta valoración del riesgo» que corría la joven y que representaba su antigua pareja.

Nada la protegió

Sylvina había activado todos los resortes jurídicos y sociales a su alcance. Se mudó de Ajalvir (Madrid) a Alovera, a unos 40 kilómetros, interpuso la primera denuncia por maltrato continuado a ella y al niño en septiembre de 2006 y disponía de una telealarma para víctimas de violencia de género. Nada la protegió. Ni la orden de alejamiento de 500 metros que pesaba sobre su verdugo, ni las reiteradas denuncias por el quebrantamiento de la misma, en cinco o seis ocasiones, ante el juzgado número 5 de Torrejón de Ardoz, encargado del caso. Había recurrido el régimen de visitas al niño que la sentencia de divorcio le permitía al padre, a través de un Punto de Encuentro Familiar, a pesar de que la orden de alejamiento también prohibía el contacto con el pequeño. Había solicitado un examen psiquiátrico de su agresor, denegado, lo mismo que la petición de su ingreso en prisión preventiva tras el recrudecimiento del acoso, con llamadas, mensajes de móvil y ruedas del coche pinchadas.

En los próximos días podría aclararse el incierto futuro de Gonzalo, el niño de cuatro años que presenció el doble crimen y el suicidio de su padre. Un tío materno, residente en Italia, se ha mostrado dispuesto a asumir su custodia al conocer lo ocurrido y después de que la Consejería de Bienestar Social de Castilla-La Mancha y la Fiscalía de Menores de Guadalajara lograra localizarlo. De momento el pequeño permanece acogido de forma temporal por una familia de Guadalajara. El huérfano recibe asistencia de psicólogos, que intentan aliviar el trauma sufrido.

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