Un mendigo mata a otro en la cola de la Iglesia

(PD).- Un jurado popular juzga desde hoy a un hombre acusado de matar a otro porque ocupó la puerta de la Iglesia de San Francisco, perteneciente al término valenciano de Oliva, en la que solía pedir limosna.

El hombre, para el que el ministerio fiscal reclama una pena de 17 años de cárcel por un delito de asesinato, ha negado hoy los hechos que se le imputan y ha asegurado que es inocente.

El hombre, que padece un retraso mental asociado a un trastorno de personalidad, ha reconocido hoy durante su declaración ante el juez que el día en que se produjo el incidente, el 23 de agosto de 2006, acudió a esta iglesia de Oliva y, una vez allí, no se peleó ni discutió con la víctima, quien se encontraba en el lugar practicando la mendicidad.

Sin embargo, según recoge el relato del ministerio fiscal, el hombre, sin discusión previa alguna, cogió del cuello a la víctima y le clavó un cuchillo por la espalda.

El acusado, quien vivía en Oliva desde hacía cuatro o cinco meses, ha explicado que esa misma mañana se levantó sobre las 10.00 horas, se compró un cartón de vino de un litro en el supermercado y se pasó «un rato» por la iglesia, aunque ese día, a pesar de que muchas veces lo hacía, no iba a pedir limosna. Ha aseverado que no coincidió con la víctima, conocido en la localidad como El Doris, y que tampoco sabía quién era.

«Me voy a volver loco»

Pese a haber bebido vino el día en que ocurrieron los hechos, el acusado no estaba borracho, aunque sí «un poco contento», según ha declarado el acusado. Sin embargo, no recuerda, tal y como declaró, haber matado al otro hombre y, subrayó, «lo único que digo es que yo no he sido y que me están culpando». «Me voy a volver loco», añadió, y se preguntó «por qué me tienen que culpar a mí».

El hombre recordaba que cuando fue detenido a medio día por agentes de policía, llevaba en su bolsillo un cuchillo que, aseveró, se había encontrado en el interior de un contenedor del pueblo. Esta arma blanca estaba manchada de sangre, que el acusado reconoció como suya y no como de la víctima. «Era sangre mía de rascarme, porque me hice una pupa», ha afirmado.

Silencio y un cuchillo ensangrentado

Uno de los policías que detuvo al acusado, ha afirmado en el juicio que el acusado, en el momento de la detención, portaba un cuchillo con sangre. Asimismo, ha relatado que el hombre, que «no parecía borracho», no dijo «absolutamente nada» y «tampoco opuso resistencia».

El agente ha asegurado que no conocía al acusado, quien se encuentra en prisión provisional por estos hechos desde el 25 de agosto, mientras sí a la víctima, quien llevaba años en Oliva pidiendo limosna. Respecto a este último, ha afirmado que «no era agresivo ni tenía maldad», aunque, en ocasiones, «se juntaba con gente con problemas».

Por todo, el ministerio fiscal reclama una pena de 17 años de cárcel para el acusado por un delito de asesinato, con la circuntancia atenuante de anomalía o alteración psíquica, y que indemnice a las dos hermanas de la víctima con 40.000 euros para cada una. Sin embargo, la defensa pide la absolución al exponer que no mató a nadie y que el cuchillo que portaba cuando fue detenido, se lo había encontrado.

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