«Murió ahogado en mis brazos»

(PD).- La temida gota fría que año tras año azota las tierras levantinas se cebó en la tarde del pasado domingo sobre la carretera por la que circulaba Loli -originaria de Tarragona- con sus tres pequeños, Eric, Dylan y Kevin, de ocho años, seis y siete meses de edad, respectivamente. El bebé no sobrevivió al horror. La madre salió del hospital el pasado lunes, tras recuperarse de una hipotermia. Ayer por la noche, por teléfono, y después de haber enterrado a su hijo en su localidad natal, relató a ABC lo ocurrido.

Era de noche, y el coche que conducía la mujer atravesó el barranco de Pandols, en la carretera que une los municipios de Cálig y Peñíscola. De pronto, el agua comenzó a entrar en el vehículo. Frenazo en seco. En pocos segundos, Loli vio cómo el agua llegaba a la altura de sus tobillos. Optó entonces por salir del coche por la ventanilla, relatan Pardo y Muñoz en ABC. «En dos minutos saqué a mis hijos del automóvil y los puse delante de mí», relató la mujer a este periódico. «Estábamos como en un charco y alrededor de él el suelo estaba seco y asfaltado», añadió. Parecía en ese momento que el susto quedaba atrás, pero nada más lejos de la realidad.
Estaban en un tramo curvo de la carretera. Loli se agarró a unas zarzas y dejó allí al mayor de sus vástagos, Eric. El agua lo cubría todo. «¡Mamita, mamita, sálvame!», suplicaba, mientras tanto, el mediano, Dylan. Un cruce de palabras con el hermano mayor la tranquilizó entonces: «Que estoy aquí, mamá». «Si estás en lo seco no bajes al agua, Quédate ahí», le respondió.

De pronto, una torrentera alcanzó a la mujer cuando agarraba al mediano de la familia y cargaba en brazos con el bebé, que iba en su sillita. A Loli le faltaban manos y fuerzas para poder salvar a los dos, pero lo intentó hasta el último momento: «El agua nos arrastró kilómetro y medio, nos dábamos golpes contra todo, tragamos mucha agua… En todo ese tiempo mi pequeño no pudo sacar la cabeza del agua, murió ahogado en mis brazos…».

En un determinado momento «ya agotada, sentí que el peso de Kevin, diez kilos, junto con el de la sillita y el de mi hijo mediano nos arrastraba a todos al fondo y a una muerte segura.

Sabía que ya no podía hacer nada por mi bebé, que para entonces ya había fallecido… No me quedó más remedio que dejar que se lo llevara la corriente porque si no, nos ahogamos los tres…».

Loli es muy precisa en la descripción de los hechos, porque de una entrevista en la televisión valenciana parecía deducirse que el pequeño aún estaba vivo cuando su madre lo soltó para poder salvar al otro. «No fue así, Kevin estaba ya muerto cuando dejé que lo arrastrara el agua. Me despedí de él pensando que nunca se iba a recuperar su cadáver, que ni siquiera podría enterrarle».

A gritos

Cuando finalmente la madre y su hijo mediano pudieron ponerse a salvo, Loli corrió en busca de ayuda: «Estuve casi dos horas gritando, pidiendo socorro. Llamé a dos casas pero nadie me abrió, aunque no sé si había alguien dentro… Pasó mucho rato hasta que agentes de la Guardia Civil destinados en Benicarló oyeran mis gritos y acudieran al rescate». Poco después, los dos hermanos mayores y su madre podían reunirse. Pero la tragedia se había consumado.

Dolida con la interpretación que se hizo de sus palabras en televisión, la mujer, con voz firme pero muy emocionada, insiste: «He luchado hasta el final por mis tres niños; habría dado mi vida por haber podido salvar a Kevin, pero no pude».

Los tres supervivientes fueron trasladados al hospital para ser atendidos de sus heridas. «Tengo el cuerpo molido a golpes», dice Loli, aunque mucho más que sus lesiones le duele haber perdido al niño. Al menos, ayer pudo enterrar a Kevin, ya que la Guardia Civil halló esa misma noche el cadáver del pequeño, que aún estaba en su sillita. Ahora la familia intenta superar, en la medida de lo posible, el golpe.

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