El TS confirma diez años de cárcel para el empleado de una residencia que abusó de una anciana con alzheimer

La sala de lo Penal del Tribunal Supremo (TS) ha confirmado la pena de diez años de prisión para el empleado de una residencia, ubicada en el municipio valenciano de Llíria, que abusó sexualmente de una anciana de 79 años aquejada de alzheimer, según se ha expuesto en la sentencia a la que ha tenido acceso Europa Press.

De esta manera, el Alto Tribunal ha desestimado los recursos interpuestos por el acusado y la aseguradora contra la sentencia dictada por la sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia, que le condenaba a la pena de diez años de cárcel por un delito de abusos sexuales.

Así, la sala del Supremo considera probado que el acusado, mayor de edad y sin antecedentes penales, abusó de una anciana en la noche del 6 de agosto de 2007, cuando desempeñaba funciones de auxiliar en la residencia de tercera edad ‘Jardín de Llíria’.

El hombre se presentó esa noche en la sala común de televisión del tercer piso, planta donde se encontraban los residentes aquejados de alzheimer y otras dolencias que les impedían valerse por sí mismos, y se dirigió a la víctima. Le quitó el pañal, la situó de espaldas, apoyada en el asiento de un sofá, y abusó de ella. En ese momento, fue sorprendido por su compañera de trabajo, que acudió hasta esa planta alertada por los lamentos de la víctima, quien pensaba que se había levantado y podía haberse caído.

Por estos hechos, la Audiencia de Valencia, tras celebrar el juicio, condenó al hombre a diez años de cárcel, pena que fue recurrida por su letrado al alegar vulneración del derecho a la presunción de inocencia y error en la apreciación de la prueba.

Sin embargo, el TS desestima estos argumentos al considerar que existe «actividad probatoria» sobre los hechos, y después corroborada por pruebas «tan fiables» como la existencia de vello púbico del acusado en la vagina de la víctima. Esto permite a la sala llegar a la conclusión condenatoria, algo que, agrega, «resulta irrefutable».

Además, recoge el informe médico forense, el informe del Instituto Nacional de Toxicología y el del médico especialista que confirmaba la extracción de un pelo rizado largo del interior de la vagina.

En cuanto a la pena, la aplica en su grado máximo en base a que la víctima era «especialmente vulnerable» por razón de su edad, enfermedad y situación: «penetración sexual de una persona de 79 años de edad con grave padecimiento de alzheimer y de cuya guarda y custodia estaba encargado», recoge.

La sentencia, a pesar de ratificar la resolución de la Audiencia, incluye un voto particular del magistrado José Manuel Maza, que muestra su disconformidad con la condena de compañía aseguradora como responsable civil directa frente al resarcimiento de los perjuicios sufridos por la víctima del delito.

NEGO LOS HECHOS

En la celebración del juicio ante el tribunal de la Audiencia de Valencia en mayo de 2009, el hombre negó los hechos que se le imputaban y aseguró que lo «único» que hizo fue poner un pañal a la víctima y acostarla, mientras que otra compañera aseguró que fue testigo de la violación.

El hombre explicó que el día de los hechos observó a la víctima en la salita de la televisión, sin el pijama, sin el pañal y con unas zapatillas de ir por casa. Entonces, afirmó que, a pesar de que lo normal es cambiar a los internos en sus habitaciones, como en este caso no había nadie más allí y la mujer estaba «inquieta», le puso en este habitáculo el nuevo pañal.

Para hacerlo, indicó que giró a la anciana, la apoyó sobre el sofá de espaldas a él, cara a la pared, y la sujetó por los hombros para ponerle el nuevo pañal. Aseveró que no mantuvo un forcejeo con ella pero que le tuvo que obligar para que se inclinara, porque «se retorcía». En total, dijo que le tuvo que cambiar hasta tres veces el pañal.

En el transcurso de esta actuación, afirmó que se le pudo «escapar» algún pelo del brazo o del pecho y caer en la vagina de la víctima. Lo que sí reiteró es que ni se bajó los pantalones ni la penetró. «Eso es incierto», dijo, «yo sólo le cambié, le puso el pijama y la volví a acostar».

Sin embargo, la otra empleada que se encontraba esa noche en la residencia afirmó en su declaración en el juicio que al bajar a la lavandería, se percató de que se le habían olvidado los cascos de música, con lo que volvió a subir al tercer piso. En ese momento escuchó gritos de la mujer, con la que la buscó y finalmente la encontró en la sala de la televisión, donde el hombre «la violaba». «Estoy muy segura de lo que vi», aseveró.

Al ver la escena, le preguntó a él qué es lo que estaba haciendo, y éste le contestó «no pasa nada, no digas nada». No obstante, ella se puso «nerviosa», le contó lo sucedido a la cocinera y llamó al dueño, al que le dijo lo que había pasado.

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