Condenado a 7,5 años de cárcel un joven que causó a otro lesiones cerebrales graves de una paliza en Valladolid

La Audiencia de Valladolid condenó al joven de origen argentino Pablo César C.C. a siete años y medio de prisión y al pago de cerca de 600.000 euros de indemnización por las gravísimas lesiones cerebrales causadas a otro joven al que propinó una paliza en la capital vallisoletana.

En concreto, la sentencia condena a Pablo César C.C. a siete años y medio de cárcel por asesinato en grado de tentativa con la atenuante de intoxicación leve, a indemnizar a la víctima con un importe total de 599.856 euros –571.751 por las secuelas y 28.105 euros por el tiempo que tardó en curar– y a pagar a Sacyl 60.700 euros por la atención prestada, informaron a Europa Press fuentes jurídicas.

El joven se enfrentaba a la pena de once años de cárcel solicitada por el Ministerio Fiscal por unos hechos ocurridos en diciembre de 2008, cuando Pablo César C.C. propinó una brutal paliza a otro de origen colombiano, Alexandro F.R, de 31 años, al que ocasionó gravísimas lesiones cerebrales que le obligan hoy a depender de terceros para las tareas más sencillas, tenía la clara intención de acabar con su vida.

La representante de la acusación pública indicó durante la vista oral que el lesionado «ha quedado de tal forma que es como si le hubieran quitado la vida», algo que ratificaron los peritos, ya que se encuentra actualmente incapacitado legalmente debido a las lesiones neurológicas sufridas producto de las tres fracturas craneales, una de ellas con hundimiento de la región frontal, de las que tuvo que ser operado y que le mantuvieron postrado en una cama de hospital durante todo un año.

De hecho, el estado de la víctima es tal que ni siquiera compareció en el juicio, con lo que el tribunal tan sólo pudo confrontar la versión del acusado con la del joven que el día de autos acompañaba al hoy incapacitado y que, de forma categórica y fiel a sus manifestaciones anteriores, ratificó que Pablo César C.C, «fuera de sí», machacó la cabeza de su opositor a patadas y puñetazos.

«Al ver que seguía pegándole, pese a encontrase inerte, traté de evitarlo pero se abalanzó sobre mí y tuve que huir en busca de mi padre para pedir ayuda», recordó el testigo Andrés Felipe B, también de origen colombiano como la víctima y quien precisó que tras un «enganchón» inicial entre ambos contendientes Alexandro F.R. dio por terminada la refriega mientras que el procesado, lejos de aquietarse, «se quitó la camiseta, se la anudó a una mano y respondió: ¡Esto no se va a quedar así!».

A CELEBRAR SU INGRESO EN EL EJERCITO.

Por su parte, el aludido explicó que había llegado a España procedente de Buenos Aires para labrarse un futuro y recordó que la noche de autos salió precisamente a celebrar que había aprobado el psicotécnico para ingresar en el Ejército.

Así, tras tomarse en casa una botella de Bacardi con limón, comenzó una ruta por diversos bares y conoció en uno de ellos a Alexandro F.R. y Andrés Felipe B, con los que siguió tomando copas en diversos establecimientos de la ciudad.

No fue hasta las 07.15 horas cuando se produjo el incidente en el momento en que el acusado pidió a sus acompañantes, de forma insistente, que le llevaran en coche hasta casa.

A su petición respondió entonces Alexandro F.R. con un puñetazo que fracturó a Pablo César los huesos propios de la nariz. A partir de esta agresión iniciada por el lesionado y que todos reconocen las versiones de los acontecimientos posteriores son diametralmente opuestas, ya que, frente a la brutal reacción del argentino mantenida por el amigo de la víctima, el procesado apuntó que él «lo único que quería era huir» y que al no conseguirlo se enzarzó con Alexandro hasta que ambos cayeron al suelo y allí siguieron dándose de puñetazos, al tiempo aseguró que la pelea fue desigual por cuanto a la misma se sumó el amigo de su rival.

«Yo sólo sé que me pegaron los dos tíos y que yo me defendí», resumió el imputado, que, haciendo uso del derecho a pronunciar unas últimas palabras antes de que el juicio quedara visto para sentencia, se mostró apesadumbrado por la gravedad de las lesiones sufridas por el otro joven: «Nunca busqué este resultado, pero recurrí a los golpes porque ellos me pegaron y yo pretendía escapar».

Completadas las pruebas testifical y pericial, incluido el informe sobre las lesiones neurológicas del lesionado, dependiente de terceras personas para el resto de su vida, la representante del Ministerio Fiscal mantuvo su petición de once años de cárcel por delito de tentativa de asesinato, junto el pago de una indemnización de 629.000 euros en favor de Alexandro F.R, al considerar que Pablo César C.C. actuó de forma alevosa porque golpeó a la víctima «cuando ésta se hallaba totalmente indefensa», aunque le aplicó la atenuante de haber actuado bajo los efectos del alcohol y la cocaína.

«Las lesiones que sufrieron uno y otro dicen claramente lo que pasó esa noche», sentenció la fiscal, que rechazó de plano que el imputado actuara en legítima defensa.

La defensa, por su parte, solicitó un fallo absolutorio basada precisamente en que su patrocinado se limitó a defenderse, aunque en caso de condena, y con carácter alternativo, calificó los hechos como un delito de tentativa de homicidio, con la concurrencia de distintas atenuantes o eximentes –legítima defensa, responder a una agresión inicial y embriaguez– y pidió que la pena de cárcel, dada su condición de extranjero, fuera sustituida por su expulsión de territorio nacional.

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