Entrevista a Alfredo Grimaldos, periodista de investigación

“La ‘modélica’ Transición nos dejó un bipartidismo corrupto»

"Este sistema está completamente podrido"

“La ‘modélica’ Transición nos dejó un bipartidismo corrupto"
Alfredo Grimaldos y las portadas de dos de sus libros en FOCA.

«Gran parte de lo que tenemos ahora encima, además de lo que nos corresponde por pertenecer al sistema bancario europeo y mundial, es producto de la gran estafa que fue la “sacrosanta” Transición, que sólo sirvió para adecuar el franquismo a los nuevos tiempos». Así de alto y claro habla el periodista de investigación Alfredo Grimaldos, autor de los libros Esperanza Aguirre. La lidereS.A. y Zaplana. El brazo incorrupto del PP. Reproducimos con la autorización de la editorial AKAL parte de la entrevista que le realizó Elvira de Miguel.

Elvira de Miguel. – El Gobierno valenciano, del que Eduardo Zaplana fue «molt honorable president» hace unos años, cifra hoy en 3.500 millones sus necesidades de liquidez. ¿Qué responsabilidades tienen en esta situación políticos como Zaplana o Camps, sus dos últimos presidentes antes de Fabra?

Alfredo Grimaldos. – Todas. A la política de derroche presupuestario característica de Eduardo Zaplana al frente de la Comunidad Valenciana, que trituró ingentes cantidades de dinero público en beneficio privado, se unió la relación de Zaplana, sin el menor recato, con los grandes magnates inmobiliarios de la Comunidad Valenciana, como Andrés Ballester, beneficiado por la política de recalificaciones de terrenos desarrollada por Zaplana en ese territorio.

Cuando Zaplana llega a Madrid de ministro, sigue por el mismo carril: uno de sus más íntimos colegas es nada menos que Francisco Hernández, «El Pocero». En las nuevas operaciones coincide también con José Bono. Bipartidismo recaudador. Lo de Camps y sus «amiguitos del alma» lo tenemos más reciente y está claro.

E. M. – Dice usted en su libro Zaplana. El brazo incorrupto del PP que Zaplana representa a un sector de políticos que carecen de grandes planteamientos ideológicos de fondo, no se encuadran en ninguna corriente de pensamiento derechista tradicional por más que se definan una y otra vez como liberales, y su meta exclusivamente es el poder y el dinero. En su opinión, ¿abunda este tipo de político en España?

A. G. – Por supuesto. A un lado y a otro, suponiendo que sean diferentes orillas. En todos los partidos. Volviendo a Zaplana, no tiene consistencia intelectual ni cultural. Acabó la carrera de Derecho después de mil años, tras empezar sus estudios en Valencia. Consiguió por fin el título -aunque no se ha dedicado a ejercer la abogacía- cuando se inauguró una nueva universidad en Alicante, donde su suegro Miguel Barceló tenía enorme influencia. Pero eso también se da mucho en el PSOE: sólo hay que ver la trayectoria y la formación de personajes del supuesto otro bando, como Leire Pajín o José Blanco.

E. M. – El periodista Javier Ortiz, en el prólogo que escribió para su libro sobre Zaplana, afirmaba ya en el año 2007 que la principal virtud que debe adornar a un buen estafador es parecer un hombre honrado. Y añadía: «¿Cómo va a ser un buen estafador alguien que tiene aspecto de estafador?». Tanto Zaplana como Camps han sido grabados telefónicamente en conversaciones muy comprometidas. Usted reproduce en su libro Zaplana. El brazo incorrupto del PP la transcripción completa de la conversación entre Eduardo Zaplana y Salvador Palop extraída del sumario del caso Naseiro. ¿Por qué las instituciones públicas y muchos medios de comunicación han mirado durante todos estos años para otro lado a pesar de las obviedades sobre todo tipo de prácticas irregulares de los políticos? ¿Qué explicación encuentra a que muchos ciudadanos sigan votando a los partidos que les albergan?

A. G.- Cuando iniciaba su carrera política, buscando salir del ámbito local de Benidorm, donde fue alcalde, Zaplana es «cazado», de rebote, por el juez Manglano, que investigaba un asunto de drogas. En una de las conversaciones telefónicas que le grabaron entonces, Eduardo Zaplana se retrata perfectamente.

Dice: «Me tengo que hacer rico… Tengo que ganar mucho dinero, me hace falta mucho dinero para vivir…». Y en otra de las cintas, que recoge un diálogo entre él y otro miembro del PP, Salvador Palop, en el que están tratando sobre la recalificación de un solar, añade: «Y entonces le dices… bueno, yo una comisioncita. Le pides dos millones de pelas o tres. Lo que te dé, y me das a mí la mitad bajo mano».

La conclusión es que los ciudadanos más lúcidos de este país, los que piensan que el mundo de la política profesional es muy miserable y está llena de individuos que sólo pretenden enriquecerse con ella, tienen toda la razón del mundo. Este sistema está completamente podrido. Hay mucha mayor cercanía entre los políticos profesionales del PP y del PSOE que entre ellos y sus respectivos votantes.

Un político no muerde nunca a otro. Vociferan mucho, pero siempre están de acuerdo en impedir la más mínima transparencia sobre su gestión. La podredumbre de unos se tapa con un dossier con la corruptelas de los otros. «Yo te saco Gürtel». «Pues yo a ti los EREs». Y al final todo se diluye. La Transición fue una gran mentira: no hubo ruptura democrática y se montó un tinglado que sirve para que los ciudadanos estén cada día más desinformados y no tengan la más mínima capacidad de decisión sobre cualquier problema. Y encima hay insensatos bienintencionados que están convencidos de que esto es una democracia.

E. M . – A usted y a la editorial Foca, donde publicó el libro sobre Zaplana, les han denunciado y llevado a dos juicios por contar estos hechos: uno por difamación y otro por calumnias. ¿Cuál ha sido el veredicto de la justicia? ¿Tiene pendientes otros juicios relacionados con su trabajo como periodista de investigación?

A. G.- Volviendo al nivel intelectual y a la formación académica de Zaplana, en mi libro recordaba, de pasada y un poco en broma, que él hizo el bachillerato en un colegio de Benidorm llamado Lope de Vega. En opinión bastante generalizada entre la comunidad docente del País Valenciano, era un centro al que acudían los hijos de familias «bien» para que los jóvenes poco estudiosos se titularan a cambio del sustancioso pago de fin de mes, y popularmente era conocido como el «Lope de vagos».

Instigados por Zaplana, los responsables del centro me pusieron una querella y, para el acto de conciliación previo al inicio del procedimiento, pedían 600.000 euros y la retirada del libro de la circulación. Como ese día yo no tenía dinero suelto, no pude acudir a conciliarme. El caso es que de ellos ya nunca más se supo.

Zaplana, en persona, también interpuso una querella contra la editorial y contra mí, por injurias y calumnias, que perdió. Lo del periodismo de investigación está cada vez más complicado. Yo, que soy muy aficionado al flamenco, me acuerdo de una letra, con la que me identifico mucho, que cantaba José Menese por seguiriyas, en 1967, cuando aquí quedaba «bicho» para rato, en la que se refería a un hombre acosado por la Justicia. En ella, Pepe decía: «Golpesitos en la puerta, / ca vez que dan golpesitos en la puerta, papelitos que me entregan. / Si saben los jueces de toas mis fatigas, / doy por seguro que no me empapelan».

Ahora, el pleito que tengo vigente es una demanda de protección al derecho del honor que interpuso contra mí la familia Rosón, por las alusiones que yo hacía al primer presidente de la Xunta de Galicia, Antonio Rosón, en mi libro La sombra de Franco en la Transición.

Él fue jefe militar de una zona de la provincia de Lugo en la que se produjeron numerosas matanzas de republicanos en el verano del 36. Ya he perdido los tres primeros asaltos judiciales, y el asunto está ahora en el Tribunal Constitucional. Todo es un disparate, porque en la sentencia no se entra a dilucidar si lo que cuento es cierto o no, sino que eso ya se juzgó hace más de treinta años y entonces se condenó a la revista Interviú por el asunto.

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Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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