Asesinato de vecinos

Este es Joan, el cocinero que volvió de Pekín y se obsesionó hasta el crimen con la niña china adoptada

Su fijación por la cultura china le llevaron a obsesionarse con Laia, una niña asiática de 13 años cuyos abuelos vivían en su mismo bloque

Este es Joan, el cocinero que volvió de Pekín y se obsesionó hasta el crimen con la niña china adoptada
la detención del cocinero Joan Francesc López Ortiz. EF
Joan Francesc López Ortiz está obsesionado con China. Su última novia es de allí. Este cocinero de 42 años de Vilanova i la Geltru (Barcelona) quería montar un restaurante en ese país asiático y echar raíces. Le contaba a todo el mundo que el último año había estado viviendo en Pekín.
Ella, la niña, se llamaba Laia Alsina López, tenía 13 años y había nacido en China pero había sido adoptada por una familia de Vilanova.

Laia hablaba poco. Por timidez y porque padecía un leve trastorno del espectro autista. Nada severo.

No le impedía hacer vida normal y relacionarse con la gente. Estudiaba sexto de Primaria en la Escola Pia y cuando salía del cole se iba a merendar a casa de sus abuelos en el segundo piso del 26 de la Avenida Cubelles.
Justo una planta por encima de Joan. Laia estaba muy ilusionada estos días porque se preparaba para irse de viaje de fin de curso el 6 de junio, según recoge David López Frías en El Español.
Pero los planes se truncaron para todos el fatídico lunes 4 de junio. Laia salió del colegio sobre las seis de la tarde. Se fue a casa de sus abuelos a merendar. Ni una hora más tarde vino su padre a buscarla. La esperó en la puerta.

Esperó y esperó hasta que se desesperó. Llamó a casa de los abuelos para que apremiasen a la niña y bajase rápido.

«¿La niña? La niña ha bajado hace un buen rato», fue la respuesta de los extrañados abuelos.

Laia había desaparecido por las escaleras. ¿Qué había sucedido?

Había sucedido que Joan estaba esa tarde solo en casa. Su padre se había ido a cuidar a su esposa moribunda, como hacía cada día, al Hospital Sant Camil de Sant Pere de Ribes.

Joan estaba resacoso y sin compañía. La noche anterior estuvo bebiendo cerveza en el bar El Surtidor. Por la mañana lo habían visto hablando solo por la calle, colocadísimo, volviendo a casa tras otra madrugada esnifando. Se despertaría a media tarde sin mucho más que hacer.

En torno a las seis y media de la tarde, Joan cazó a Laia. A esa niña china de la edad de su propia hija. Se había obsesionado con ella igual que se obsesionó con todo lo relativo a China.

Si Joan se cruzó con Laia en las escaleras por casualidad o si la estaba vigilando, sólo él lo sabe. El hecho es que la abordó en su rellano, la forzó a entrar en casa, la estranguló y la apuñaló con uno de sus cuchillos de cocina. Luego escondió el cadáver bajo el colchón.

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