Ha sido detenido por lo menos 12 veces

Este es José, el terror de los dueños de coches en Vigo: ha rayado y bloqueado más de 1.000 en un año

Va armado con punzón, navaja y un bastón para agredir a los vecinos. Tiene a medio barrio enfurecido y a la otra mitad atemorizado

Este es José, el terror de los dueños de coches en Vigo: ha rayado y bloqueado más de 1.000 en un año
Jose RS

Casi casi, una historia de película. «Si te das un paseo por la zona, ves que todos los coches están rayados. A mí me dejó el mío que parecía una cebra», según recoge Brais Cedeira en El Español.

Aparcar el coche en el barrio de O Calvario, Vigo, es desde hace tiempo como jugar a la ruleta rusa con el cargador repleto. Lo más probable es que, media hora después, al regresar al vehículo, con los recados hechos, este aparezca rayado por alguno de los cuatro costados. Muchos se preguntaron durante un tiempo, como Mateo, este primer vecino, qué era lo que estaba sucediendo en el lugar. Así fue hasta que numerosos comerciantes y habitantes de la zona apuntaron hacia una misma persona.

José Antonio Vázquez Vázquez, 79 años, es el responsable de que el año pasado apareciesen más de 1.000 vehículos rayados en el barrio. Solo en este mes de enero ha destrozado 120 automóviles en la zona. Hay quien le ha pillado in fraganti. También quien le teme debido a su carácter volcánico. Otros no están dispuestos a pasarle una más. Los perjuicios de sus actos vandálicos ascienden a una cantidad aproximada de 500.000 euros, según informan fuentes policiales a EL ESPAÑOL.

José Antonio va siempre pertrechado de todo lo necesario para llevar a cabo con terquedad e inquina, una y otra vez, así hasta hartarse, sus maquiavélicos planes. Porta consigo una navaja, un punzón un buen puñado de palillos de dientes, un paraguas y un bastón, con los que ha agredido a más de un vecino de la zona.

Barrio de O Calvario, Vigo, donde José Antonio perpetra sus ataques a vehículos.

Ese es el arsenal con el que atasca las cerraduras de la entrada a los edificios del barrio. Los introduce en la ranura, empuja, lo dobla, lo rompe y ¡voilà! Dentro del mecanismo queda insertado el trozo de mondadientes que obliga a llamar a los cerrajeros día sí día también. Quizá por eso allí se le conoce como el señor «de los palillos».

Un anciano que va por las calles de Vigo rayando vehículos y atascando las puertas de las casas. Podría resultar una broma de mal gusto, pero lo cierto es que la historia está trayendo más cola de lo que parecía. En parte, porque los actos de vandalismo del viejo José Antonio tienen a medio barrio enfurecido y a la otra mitad atemorizado.

Muchos temen toparse con él por la zona de Martínez Garrido, o en la calle Xílgaro, en el barrio contiguo al del Calvario, donde habitualmente deambula con su boina calada, paraguas en mano. En parte, muchos de ellos no se lo quieren encontrar porque prefieren que sus vehículos no queden en mal estado. En parte, porque el anciano es tan agresivo y tiene tan mal carácter que, a veces, cuando es sorprendido en plena faena, no contento con destrozar los coches de la gente, coge y la emprende a golpes con ellos. Emplea el paraguas o el bastón. Cualquier cosa que tenga a mano le vale.

Fue lo que pasó hace unas semanas, según explican fuentes policiales de la ciudad:

«Agredió a un vecino que lo pilló rayando su coche. Le dio un bastonazo, le rompió gafas y la nariz».

Uno de los carteles colocados en Vigo estos días para avisar de los ataques del anciano.

Hace ya unos días que los vecinos dijeron basta. O Calvario está revolucionado debido a las salvajadas del anciano ‘rayacoches’. Por eso, han cogido una fotografía suya, han impreso carteles y han empapelado las paredes de todo el barrio con su cara. En las calles de la zona se puede encontrar una y otra vez la instantánea en la que aparece la cara del señor con el siguiente mensaje:

«Este es el viejo que ralla (sic.) coches y mete palillos en las cerraduras. Si lo ves, vigila y llama a la policía».

«Lleva por lo menos diez años así. Ahora ha saltado por el dato de que lleva en un año más de 1.000 coches. Pero aquí ya estamos hartos». Habla la dueña de un conocido negocio de la zona cuya entrada está junto a la casa del anciano, del señor «de los palillos». Rara es la semana que no se encuentra la puerta obstruida cuando acude a abrir el negocio por la mañana. «A nosotros nos lo hizo ya tantas veces que tenemos un ganchito preparado para meterlo en la cerradura y sacar el palillo», explica.

Fuentes de la policía en Vigo aseguran que el anciano don José Antonio es un conocido delincuente, un reincidente que las autoridades tienen entre ceja y ceja desde hace años. Entre sus antecedentes figuran, por lo menos, 12 detenciones por estos motivos. «La última, hace unos días en la calle Martínez Garrido. Una chica iba detrás del y a la vez hablando con la sala del 091. Una patrulla lo pilló». Se le atribuyen también por lo menos tres agresiones a distintos vecinos del lugar.

Entretanto, José Antonio vive ajeno a lo ocurrido, como si la cosa no fuera con él. Baja una y otra vez al barrio, un día tras otro, y repite la misma operación. Saca el punzón y, enfilando una hilera de coches, los va rayando todos, uno tras otro, de forma consecutiva. Si le pillan, se encara, y se jacta de ello. Lo explica una vecina de la zona a la que le rayó su coche y también le atascó con uno de sus mondadientes el portal del edificio. «Lo peor es que, cuando lo pillan, se rebota con la gente. ¡Aún encima! Lo detienen, se lo llevan y a los tres días ya anda de flipado por ahí otra vez. No tendré la suerte de pillarlo en mi portal o en mi coche… Porque la lleva clara».

El viejo don José Antonio es de Ourense, pero lleva muchos años viviendo en Vigo. Y también rayando una y otra vez los automóviles de los vecinos de distintos barrios de la ciudad. «Yo creo que vivía o iba al Perpetuo Socorro, porque por allí machacaba los vehículos. A mí ya me lo rayó un par de veces», explica R., otro habitante de la zona. También en la avenida de Hispanidad conocen bien las salvajadas del anciano.

Lo cierto es que lo de José Antonio va ya para largo y nadie sabe cómo pararlo. Hace dos años, en marzo de 2017, una pequeña noticia apareció en el Faro de Vigo. Agentes de la Policía Nacional y Local de la ciudad detuvieron a un hombre que había rayado las puertas y los laterales de una docena de coches estacionados en la calle doctor Carracido. Era José Antonio. El anciano llevaba una navaja encima. Cuando llegó a la zona la patrulla, además de aquellos 12, otros 11 coches habían sido afectados.

Cada vez que el hombre es detenido por las autoridades, es puesto a disposición de los juzgados. Sin embargo, los delitos que él comete (daños a vehículos), están penados simplemente con una multa en los artículos 263 y en el 264 del Código Penal. Al comprobar las leyes, ninguno de los supuestos que agravan la condena podrían aclimatarse a la conducta de este venerable y pacífico anciano. Por eso, pese a llevar más de 10 años rayando un coche tras otro, siempre queda en libertad.

No obstante, aseguran fuentes judiciales a EL ESPAÑOL, José Antonio tiene pendiente un juicio al que no se presentó. Ha de celebrarse todavía en el juzgado de lo Penal número 1 de Vigo. Por ello, pesa sobre él una orden de detención. Continua, sin embargo, cometiendo sus tropelías en libertad.

Eso no es lo peor. Lo complicado es que nadie se explica por qué hace lo que hace. En una de sus detenciones anteriores, el hombre fue sometido a un análisis psiquiátrico para determinar el por qué de su conducta y su estado mental. Cuando terminó el examen, le dejaron marchar. El hombre está como una rosa, no padece de ningún trastorno psiquiátrico. Lo suyo, dicen los vecinos, es «pura maldad».

El anciano llega a tal punto de maldad que, cuando es detenido por la Policía, ha perpetrado a veces venganzas que podríamos denominar como escatológicas. «En los calabozos se mea y se caga por encima. Lo hace a propósito; se las sabe todas, el viejo», explica una fuente policial.

Mientras tanto, los vecinos ya no saben qué hacer con él. En las últimas horas, algunos reclaman agruparse en un colectivo ante el terror y la amenaza que supone para el barrio. Otros le increpan por la calle en cuanto le ven pasar. Hay quien se le encara o quien le agrede. El viejo don José Antonio sigue a lo suyo. Sacando su navaja y su palillo.

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