Una insólita peripecia que ahora relata el general de División en la reserva Rafael Dávila Álvarez

Con este coraje rescató el Ejército español a un fiero etarra durante la guerra de Bosnia

Con este coraje rescató el Ejército español a un fiero etarra durante la guerra de Bosnia
Militares españoles enviados a Bosnia TW

La historia, insólita de por sí y acaecida en noviembre de 1992, la cuenta en su blog el general de División en la reserva Rafael Dávila Álvarez, a colación de la reciente charla que impartió Juan Carlos Monedero a los alumnos de la Escuela de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas españolas. (La feroz respuesta de los militares a Monedero por darles clase en el templo de los estudios de Defensa Nacional).

Lo hace sin resentimiento alguno, loando la actitud final del protagonista de la misma, un joven etarra de 19 años que había decidido viajar a los Balcanes a participar en la guerra del lado de las fuerzas que luchaban por conseguir la independencia de Bosnia-Herzegovina frente a Serbia.

Poco le importó al Ejército español, -cuyo contingente allá enviado fue más tarde galardonado con el undécimo Premio Extraordinario de Defensa- que la banda terrorista hubiera matado a 82 militares en activo y 15 retirados, en total 97 asesinados por su condición militar.

Las tropas españolas llegaron a esta república de la antigua Yugoslavia como parte de la misión de la ONU para prestar ayuda humanitaria a la población civil durante el conflicto bélico en los Balcanes.

En mitad de esa guerra, la embajada española avisó a los mandos del Ejército en Bosnia de que tenían que cumplir una misión especial. Se trataba de recoger en un punto concreto a un ciudadano español que estaba combatiendo en el ejército bosnio (conocido como Armija), para repatriarlo a España.

«A comienzos de los años noventa con el conflicto Bosnio en su punto álgido las tropas españolas allí destacadas se encontraron con una situación inesperada. Un miembro de la banda ETA, un etarra de unos 19 años, combatía en las filas del ejército Bosnio.

Las tropas españolas a través de la embajada recibieron la orden de ir a un punto concreto a recogerlo para su expatriación a España. Para evitar cualquier tipo de altercado fue a recogerlo un oficial español al mando de un grupo armado de soldados.

El etarra en cuestión estuvo retenido en el campamento español durante unos días. He tenido la oportunidad de hablar del tema con soldados que estuvieron muy cerca del etarra aquellos días. Era otro; arrepentido y engañado de lo que le habían contado. Le cambió la mentalidad al contacto con nuestros soldados».

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