CRIMEN Y CASTIGO

Los buzos de la Guardia Civil buscan los cuerpos de dos pescadores alemanes en el embalse de Mequinensa

Los buzos de la Guardia Civil buscan los cuerpos de dos pescadores alemanes en el embalse de Mequinensa
Los ejemplares de siluro que se pescan en el pantano de Mequinenza son eneromes. EP

Especialistas del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS) buscan desde primeras horas de la mañana de este sábado los cuerpos de dos pescadores de nacionalidad alemana cuya barca volcó el 31 de mayo de 2019 por la tarde en el embalse de Mequinensa (Zaragoza) cuando regresaban de pescar.

Según informa el Instituto Armado, el accidente se produjo sobre las 19.20 horas de ayer al chocar frontalmente la embarcación de recreo de 15 cv en la que se desplazaban contra otra de 50 cv ocupada por tres personas de nacionalidades eslovaca y checa, una de las cuales resultó herida leve.

La barca de los dos pescadores alemanes, J.E.H, de 55 años y C.J.W.B., de 54, giró rápidamente sobre sí misma en varias ocasiones tras el impacto y finalmente se hundió en las aguas del embalse.

Los ocupantes de la segunda embarcación implicada, también pescadores, declararon a los investigadores que trataron infructuosamente de ayudar a los dos desaparecidos.

Miembros del puesto de la Guardia Civil de Caspe desplazados a la zona del accidente en la embarcación del Guarda de Pesca del Coto del Mar de Aragón, junto a un grupo de bomberos de la localidad, procedieron a balizar la zona para facilitar las tareas de búsqueda de los buceadores del GEAS.

A las labores de búsqueda, que se han iniciado sobre las 8.30 de esta mañana, se ha incorporado también un helicóptero de rescate con base en Huesca para tratar de localizarlos desde el aire.

Mequinenza es un pueblo de la provincia de Zaragoza bien conocido por los aficionados a la pesca de grandes ejemplares. Atrae a lo largo del año a un buen número de extranjeros en busca del «gran siluro», una especie invasora que hace décadas se introdujo en el curso bajo del Ebro para animar el deporte de la pesca y que, nunca mejor dicho, se mueve en este entorno como pez en el agua, y a lo grande.

El hábitat natural de los siluros son las aguas de la Europa oriental, Asia central y Asia Menor. Esos ecosistemas, con sus condiciones específicas, mantienen un equilibrio ecológico en el que los siluros se mantienen «a raya». En Mequinenza, no. En este embalse situado en el curso del río Ebro (por el que también se ha extendido esta especie) hace ya muchos años que se convirtieron en los amos, en los reyes de sus aguas.

Con un hábitat en el que tienen escasas amenazas, la población de siluros no sólo ha proliferado sino que se ha adaptado hasta dar con ejemplares gigantescos. Y estos son un buen cebo para los amantes del deporte de la pesca que buscan precisamente eso, grandes ejemplares.

Hay empresas internacionales especializadas en viajes de pescadores hasta Mequinenza.

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