Se reactivan delitos comunes , con mensajeros que distribuyen cocaína y GHB y robos en comercios abiertos

Se disparan la ‘tele droga’ y los atracos a farmacias, aprovechando el confinamiento por coronavirus

Se disparan la 'tele droga' y los atracos a farmacias, aprovechando el confinamiento por coronavirus
Adicto a las drogas. PD

Se acabó lo que se daba.

Con más torpeza que criterio, el atribulado Gobierno Sánchez alardeó durante bastantes días con la majadería de que han descendido drásticamente los accidentes de tráfico e incluso con la tesis de que los niños se lavan más las amnos en estos tiempos de coronavirus.

También y eso apunta al cada día más sectario ministro Fernando Grande-Marlaska de que apenas se producían delitos en España, desde que se impuso el confinamiento.

Pues poco ha durado la alegría.

Si durante los primeros días del estado de alarma apenas se producían delitos comunes en las calles de Madrid, conforme han ido pasando las semanas, los que habitualmente se saltan los márgenes de la ley se han ido buscando subterfugios para sus trapicheos y «palos».

Según cuenta Carlos Hidalgo en ‘ABC’, citando fuentes policiales, se ha disparado la venta de estupefacientes en viviendas utilizando distintos tipos de mensajerías y el incremento de asaltos en comercios que están abiertos, sobre todo farmacias.

Pero no son solo las únicas modalidades delictivas que están floreciendo en esta cuarentena.

Reparto de estupefacientes

«Lo que hay es un crecimiento exponencial de la ‘tele coca’», resume un inspector de la Policía Nacional. «Como no pueden acudir a los narcopisos ni a la Cañada Real, lo que está haciendo mucha gente es utilizar a los repartidores de restaurantes o a ‘riders’ de empresas de envío para que les lleve la droga», añade.

Pero, claro, aquí se encuentran con un problema que estos delincuentes no tienen en circunstancias normales: las calles y barrios están llenos de controles policiales, y ya ha ocurrido que se hayan interceptado estos «encargos» y sus autores han sido detenidos.

Esta fin de semana, la Policía Municipal pilló en el distrito de Centro a un repartidor que llevaba estupefacientes. Los agentes comprobaron que el paquete que portaba no coincidía con la especificación del envío. Al abrirlo, encontraron un envase de cacao con droga sintética dentro y un bote de GHB, una de las sustancias que se suelen consumir en jornadas de fiesta.

En el otro envío, en la misma zona, el mensajero llevaba una caja de omeoprazol de la marca Sandozcare; pero en realidad lo había manipulado, cerrado con celofán y estaba sin el precinto de seguridad: lo que llevaba era en realidad una docena de cápsulas negras y unos algodones con forma de tapón, que ocultaban dos piedras de «cristal», otro tipo de droga.

Si bien en ambos casos los repartidores desconocían lo que portaban (y colaboraron con los agentes), fuentes policiales indican a este periódico que en muchas ocasiones no es así y que están compinchados con vendedor y consumidor. O incluso los jóvenes implicados en este negocio ilícito se disfrazan y se hacen pasar por «riders».

La «imaginación» en tiempos de necesidad es abrumadora. Se ha cazado en Alcorcón, por ejemplo, a un individuo que estaba elaborando su propia cocaína (le han aprehendido 2 kilos) en un trastero alquilado; y en Arganzuela un conductor, en uno de los múltiples controles, ha sido sorprendido con droga en una caleta instalada en el motor de su vehículo de transporte de pasajeros. En Retiro también han parado a individuos con pastillas y cocaína en mochilas.

Vigilancia en farmacias

«Ahora mismo, lo que buscan los delincuentes es dinero en efectivo, y donde hay sobre todo es en las farmacias», explica un municipal. De ahí que tanto estos agentes como el CNP, enMadrid, y los Mossos d’Esquadra, en Cataluña, mantengan esta cuarentena un dispositivo de vigilancia en torno a estos establecimientos. Fruto de ello, ya han sido detenidos distintos sujetos, como esta misma semana ha ocurrido en Carabanchel.

Uno de ellos, además, está acusado de al menos ocho asaltos a farmacias. El perfil, explican fuentes policiales, no tiene por qué ser el del típico toxicómano deteriorado, como ocurría en los años 80. Se trata también de gente que hasta hace poco robaba en bares o salas de juegos, pero cuyas máquinas fueron vaciadas por sus propietarios justo al decretarse el estado de alarma, y se llevaron el dinero para evitar precisamente ser esquilmados.

Eso sí, «las grandes bandas de aluniceros y expertos en robos con fuerza están en sus casas», sostiene un experto mando: «Saben que es mejor que no salgan a la calle. Apenas estamos recibiendo denuncias de ese tipo, salvo alguna en tiendas de telefonía y de bicicletas, la madrugada del domingo al lunes pasados». Tampoco existen tirones ni carteristas, porque no hay gente en la calle ni en el Metro.

Robos en vehículos

Pese al confinamiento obligatorio, los robos con fuerza en vehículos continúan. Al hecho de que gran parte de las calles estén desérticas se une la paralización de los coches durante semanas, lo que facilita la labor de los delincuentes. Algunos propietarios se han encontrado la ventanilla rota o la puerta forzada en Alameda de Osuna (Barajas), Pinar del Rey (Hortaleza) o el barrio fuenlabreño de Loranca. A ello se suman la sustracción de turismos y el pillaje de baterías y catalizadores.

En ocasiones, los robos de vehículos están ligados a otra serie de «palos», como el que llevó a la detención de un peligroso delincuente el domingo pasado en Carabanchel. Este sujeto, acompañado de al menos un compinche, reventó el cierre de un bar del distrito de Fuencarral, dándose a la fuga en un Volkswagen Golf cuya sustracción había sido denunciada en la localidad de Leganés.

Su arresto se precipitó al toparse de frente con uno de los controles desplegados estos días por la Policía Nacional, en la zona de Pan Bendito. El conductor aceleró entonces la marcha, desatándose una persecución en la que llegó a herir a un agente y embestir a una furgoneta estacionada. La huida terminó de manera abrupta tras chocar contra un autobús de la EMT. El copiloto logró escapar. Se investiga si otros dos coches robados, marca Seat Leon, están implicados en el caso.

Asaltos en la vía pública

Dado que la mayoría de la población está confinada en sus casas, los asaltos en la vía pública han disminuido. Ello no significa que los casos se hayan reducido a cero. A finales de marzo, una vecina del barrio de Legazpi (Arganzuela) fue asaltada a la salida del portal cuando bajaba de noche a tirar la basura. Un vecino que regresaba a su domicilio se encontró a la mujer con una herida en el labio fruto del fuerte puñetazo recibido. El motivo de la agresión no era otro que robarle las pocas pertenencias que llevaba encima. En Lavapiés (Centro) también se han producido algunos intentos de robo, sobre todo al caer el sol, y en calles sin comercios abiertos.

Se han registrado, además, situaciones de acoso como la vivida por una joven al volver del Hospital Severo Ochoa, en Leganés. Al entrar en la estación de Metro, un sujeto salió tras sus pasos hasta que, antes de entrar al vagón, escuchó por detrás:

«Quítate la mascarilla, que eres muy guapa».

La afectada no subió al tren y huyó a la carrera al comprobar que estaban los dos solos en el suburbano.

Por otro lado, cabe resaltar una pelea entre bandas latinas acontecida en Villaverde días después de decretarse la alarma. Una mujer resulto apuñalada en la pierna y dos de los participantes fueron detenidos.

Engaños y tretas telefónicas

A los falsos sanitarios que acuden a domicilios por las pruebas del patógeno se le unen otra serie de artimañas telefónicas para comprobar si las viviendas están vacías o en ellas residen personas solas de avanzada edad. El objetivo, en cualquier caso, es siempre el mismo: robar, aún en tiempo de cuarentena.

 

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