Quería conseguir la paz mundial

La historia de un joven estadounidense que se moría de cáncer y logró increíbles reacciones de miles de personas en la antigua URSS

Los médicos le habían dicho que le quedaban solo unos pocos años de vida pero, el destino le tenía preparado algo totalmente diferente que causó impacto en miles de personas gracias a su último deseo

La historia de un joven estadounidense que se moría de cáncer y logró increíbles reacciones de miles de personas en la antigua URSS

Cuando en 1986, Jeff Henigson, de 15 años de edad, se dirigía en bicicleta hacia una tienda local fue embestido repentinamente por una furgoneta.

«Venía en la dirección opuesta, no me vio y me impactó directo. Me desplazó, como un cohete, unos tres metros hacia atrás. Caí en el suelo sobre la parte posterior de mi cabeza», recuerda.

La BBC reseña que el adolescente no llevaba casco y el golpe le dejó inconsciente. Unas horas después, se despertó en el hospital. Parecía estar bien, así que fue dado de alta el mismo día.

Pero a las pocas semanas Jeff comenzó a sufrir convulsiones y regresó al hospital para que le realizaran un escáner de cerebro.

Además de sus lesiones a causa del accidente, le llegaron malas noticias: el escáner había revelado un tumor.

Era un adolescente ambicioso, cuyo sueño era trabajar en la NASA. Creía que la mejor forma de impresionarles era fabricar «el láser más increíble» que podría hacer rebotar el haz de un reflector que había sido dejado en la Luna por la misión espacial Apolo 11 de 1969.

Un par de años de vida

Tras seis horas sobre la mesa del quirófano, los doctores lograron extirpar el tumor entero. Pero entonces debía esperar siete días para conocer si se trataba de un tumor maligno.

«Cuando la doctora entró, supe por su cara que no traía buenas noticias. Me dijo: «siento mucho comunicarte que tienes cáncer cerebral y es muy agresivo; crece muy rápido», recuerda Jeff.

El adolescente preguntó cuánto le quedaba de vida.

«Un par de años, quizás», respondió la doctora.

Jeff comenzó con los tratamientos de radiación y quimioterapia y trató de mantenerse al día con sus quehaceres de la escuela. También se unió a un grupo de apoyo de adolescentes con cáncer.

Su último deseo

La organización Starlight Children’s Foundation ayudaba a adolescentes a cumplir sus deseos. La madre de Jeff les contactó.

Su gran deseo era estar en una misión en el espacio. Pero, al ser esto imposible, y después de ver ‘The Day After’, una película que le había causado terribles pesadillas sobre una guerra nuclear, su deseo fue viajar a la URSS y reunirse con Mijaíl Gorbachov (entonces jefe de Estado) para» discutir un plan con el que poner fin a las armas nucleares y la Guerra Fría».

Sorprendentemente, la Fundación Starlight comenzó a hacerlo realidad. Organizaron un viaje de Jeff a la URSS a través de una organización llamada Youth Ambassadors of America (Embajadores Jóvenes de Estados Unidos).

En su viaje, mientras caminaban por Moscú uno de los integrantes del grupo quedó atónito cuando notó que estaban siendo perseguidos.

En sus habitaciones de hotel, notaron que había partes de la pared que no parecían coincidir. Uno de los jóvenes abrió un agujero y encontró un micrófono dentro. 

«Quería conocer cuáles eran sus intenciones para ponerle fin a las armas nucleares. También hablarle sobre lo que querían los niños estadounidenses para el mundo y demostrarle que no era tan distinto de lo que ansiaban los soviéticos» relata Jeff.

Pero, una mala noticia llegó inesperadamente, un hombre de la oficina de Gorbachov le dijo que no podría reunirse con Jeff y que jamás podría conocerle.

Sin embargo, el hombre le propuso reunirse con otra figura importante. Le dijo a Jeff que recogiera una bolsa con pertenencias para pasar una noche y le trasladaron en limusina al campo. Desconocía cualquier detalle sobre el hombre que iba a conocer.

«Una pareja adorable me recibió en su casa. Fue una experiencia muy bonita, con conversaciones increíbles durante una cena refinada. Hablaron de todo tipo de nociones filosóficas sobre un mundo mejor, sobre cómo nuestros países podrían convivir», recuerda Jeff.

No fue hasta que regresó a Moscú y contó a una de sus coordinadoras el nombre de la familia que había conocido que se enteró con quién había estado.

Se trataba de Evgeny Velikhov, uno de los físicos más destacados del país, le explicó la coordinadora, y la mano derecha de Gorbachov en el asunto de las armas nucleares.

Jeff no había conocido a Gorbachov, pero en su lugar había estado conversando con un hombre clave en las negociaciones de desnuclearización.

Un mes después de su viaje. Jeff, recibió una inesperada llamada, era Jack Matlock Jr., el embajador estadounidense en la URSS. Le dijo que había recibido miles de cartas.

Jeff había hablado con un conocido periodista de Leningrado, quien más tarde publicó la historia de su visita a la URSS. Al final del artículo, invitó a los lectores a escribir a Jeff. Así lo hicieron miles de soviéticos.

Después de estas sorpresivas respuestas de su viaje y sus intenciones. El tiempo pasó y su tumor no regresaba. Se mudó a Londres para estudiar en la Escuela de Economía y después regresó a EE.UU. para acudir a la Universidad de Columbia.

Comenzó a trabajar para la Organización de Naciones Unidas (ONU). El tumor seguía sin reaparecer.

La caja de las cartas

A sus 37 años, se encontraba en un momento difícil en su vida. Tuvo que dejar su trabajo en la ONU a causa de convulsiones causadas por una cicatriz en su cerebro. Su matrimonio también se acababa.

Después de muchos años, regresó a la habitación y encontró las cajas con las miles de cartas. «Las cartas me resultaban abrumadoras 20 años antes porque me recordaban mi cáncer, pero ahora eran bienvenidas», dijo Jeff.

Una de las cartas estaba escrita en buen inglés y contenía un número de teléfono. Revisó qué hora era en San Petersburgo y llamó. Sonó tres veces y una mujer contestó en ruso.

Jeff preguntó si, por alguna casualidad, su nombre era Svetlana. Así fue.

23 años antes le había enviado una carta a razón del reportaje. Estaba asombrada de que siguiera con vida y se ofreció a ayudarle a traducir el resto de la correspondencia y encontrar a otros de los soviéticos que le habían escrito.

Fue así como varios voluntarios tradujeron las cartas para él, pero en particular, fue Eugenia Zhurbinskaya. «Supe pronto que quería contactar a estas personas. Quería producir un documental y un par de directores a los que comenté mi historia me animaron a reunir un equipo de filmación, volver a Rusia y entrevistar a algunas de las personas que me habían escrito».

En el verano de 2011, Jeff tomó un avión con el equipo de rodaje y voló a San Petersburgo por diez días para entrevistar a algunos de los soviéticos que le escribieron y tenía localizados. Regresó un par de veces más, pero al final no se filmó ningún documental.

Jeff tuvo la oportunidad de conocer a muchas de esas personas que le escribieron las cartas, sino que también conoció al periodista que le entrevistó y luego escribió su historia años atrás.

Una nueva vida

Actualmente Jeff tiene 49 años y trabaja como escritor. Su primer libro se llama Warhead y cuenta sus vivencias. Ahora prepara otra novela.

También se ha referido a cómo ha superado la distancia emocional que ha tenido desde niño con su padre quien, le explico a la BBC, fue un productor de Hollywood y un ludópata.

Una resonancia magnética reciente no muestra ningún indicio de cáncer, aunque vivirá con epilepsia por el resto de su vida.

Continúa en contacto con algunos de los rusos que le escribieron cartas o sus nietos angloparlantes.

Jeff lamenta que una relación de confianza entre EE.UU. y Rusia parece distante y le causa ansiedad las vastas reservas de arsenal nuclear. Todavía teme por el peligro de la proliferación nuclear, la cual considera «una amenaza real para la existencia humana».

«Irán parece determinada a obtener armas nucleares. Turquía y Arabia Saudita no se quedarán de brazos cruzados si eso sucede. Por otra parte, EE.UU. se retiró del acuerdo nuclear», opina.

«Rusia está invirtiendo en nuevos sistemas de armas nucleares y China podría doblar su arsenal nuclear en la próxima década. Aunque ya no me despierte con sudores fríos en la noche, creo que la posibilidad de una guerra nuclear se está volviendo probable. Hay mucho de lo que preocuparse».

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Autor

Yéssica Salazar

Licenciada en Comunicación Social, mención Periodismo. Con Máster en Gerencia y Tecnologías de la Información. Con infinito amor por el periodismo y los medios audiovisuales que me han permitido conocer nuevos senderos, diferentes y desconocidos.

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