Francisco López Jáimez habia desaparecido la víspera

Aparece bajo un árbol, con cinco cuchilladas pero vivo, el director del colegio de Valdemoro

MISTERIO Y ENIGMAS

Aparece bajo un árbol, con cinco cuchilladas pero vivo, el director del colegio de Valdemoro
Francisco López Jáimez. PD

Un enigma y quizá un milagro. Porque Francisco López Jáimez ha parecido cosido a cuchilladas, pero vivo.

La Guardia Civil había la colaboración ciudadana para dar con el paradero de López Jáimez, un vecino de 56 años de Valdemoro que es director del colegio Lagomar y que llevaba desaparecido desde primera hora del viernes.

El hallazo lo ha realizado el dispositivo de búsqueda, pasadas las seis de la tarde de este 5 de septiembre de 2020.

El Instituto Armado informaba de que el hombre había aparecido bajo un árbol, vivo, pero con al menos cinco heridas, en el hipocondrio izquierdo (tres) y el cuello (dos). Se investiga quién es el causante de tan salvaje agresión.

Ingresado en el Hospital Doce de Octubre, con pronóstico reservado, parece que sobrevivirá.

En el momento de la desaparición, que fue en torno a las 7.15 horas del viernes, no llevaba encima ni documentación ni teléfono móvil, según han publicado sus familiares en redes sociales.

HORAS EN BLANCO

Desde su desaparición, a las puertas del centro educativo donde día tras día acude a trabajar, hasta que fue encontrado Francisco López Jaimez, transcurrieron casi 35 horas.

Todo es muy extraño. Llegó al colegio, como cada día, el pasado viernes. Apenas había amanecido. El reloj aún no marcaba ni las siete de la mañana.

Trabajador concienzudo, Paco cruzó varias palabras con quienes allí se encontraban entonces: la jefa de cocina del colegio y el empleado de mantenimiento. Incluso disfrutó del segundo café de la mañana con ellos. Normalidad. Según revelarían tiempo después las cámaras de videovigilancia instaladas en el centro cooperativista, al hombre, conocido por todos por su formalidad, se le vio caminar en diversas ocasiones por el vestíbulo que en pocos días volverán a recorrer los alumnos del cole. sito en el número 5 de la Avenida del Mar Adriático.

Alrededor de las siete y veinte de la mañana, según refirieron varios testigos, emprendió el camino hacia la puerta. Iba a «hacer unas gestiones», recuerdan quienes se toparon con él por última vez. Pero las cámaras exteriores aún recogen un momento más: cruza la calle y se detiene en una zona cercana a una parada de autobús.

Y hasta ahí, horas en negro. Sus compañeros se percatan de que tardaba demasiado en volver. Les preocupaba además que faltara a una cita que tenía prevista y que ni siquiera se hubiera llevado su teléfono móvil ni tampoco su documentación.

Pasan las horas y se da aviso a su mujer que, inquieta, se dirige a eso de las cuatro de la tarde hasta el Cuartel de la Guardia Civil de la localidad para informar de la extraña desaparición de su marido. Enseguida corre por las redes el cartel con su imagen y la descripción: 1,80 de estatura, pelo canoso y ondulado, ojos verdes y gafas graduadas.

Es una desaparición de las catalogadas como «inquietantes». Su vehículo es localizado en las inmediaciones del Lagomar.

En la mañana del sábado, aún sin pistas relevantes de lo que pudiera haberle ocurrido a Paco, amigos y familiares, padres del colegio e incluso ex alumnos del centro forman una batida, a pie y en bicicleta, junto a efectivos de la Guardia Civil, un guía canino, Policía Local y Protección Civil para dar con su paradero.

Ya han pasado demasiadas horas. Incluso un helicóptero se une a la búsqueda. Por la mañana se recorre el polígono Rompecubas y el camino de Ciempozuelos.

No será hasta horas después cuando se avista al hombre bajo un árbol en una zona de campo próxima al colegio.

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