La mujer pagó por la intervención que acabó con su vida 382 dólares

Fallece una mujer en Brasil tras inyectarse silicona industrial en los glúteos en un local clandestino

Patricia Rodrigues dos Santos, una nutricionista de 34 años, se descompensó horas después de que un masajista le realizara el tratamiento en un salón de belleza

Fallece una mujer en Brasil tras inyectarse silicona industrial en los glúteos en un local clandestino
Patricia Rodrigues dos Santos PD

Una muerte estremece a Brasil.

La mujer de 34 años falleció después de inyectarse silicona industrial en los glúteos, conmueve a la opinión pública de Río de Janeiro.

Patricia Rodrigues dos Santos había ido a un salón de belleza en el municipio de São Gonçalo, donde un masajista le realizó la intervención. Ni el establecimiento ni el hombre tenían autorización para efectuar un tratamiento como ese y se enfrentan a un proceso judicial por ejercicio ilegal de la medicina.

Rodrigues, nutricionista de profesión, salió de la clínica sintiéndose mal. El cuadro empeoró en el transcurso de la noche y a la madrugada la internaron en una clínica de São Gonçalo en estado crítico. Murió por la mañana.

Leonardo Lima de Souza, el masajista, estuvo demorado durante algunas horas. La Policía lo interrogó y luego lo liberó. Confirmó que fue él quien le inyectó la silicona industrial, pero dijo que el insumo había sido traído por la víctima.

“La sospecha es que murió por una microembolia, que es compatible con el uso de este producto. Estamos esperando un examen adicional para confirmarlo”, dijo el oficial Allan Duarte al sitio G1.

Los primeros estudios confirmaron que la sustancia encontrada en los glúteos de Rodrigues es silicona industrial. Como hay muchos antecedentes embolias pulmonares desatadas por la inyección de esta sustancia, los peritos creen que esa fue la causa de la muerte. Pero aún restan algunos resultados más para corroborarlo.

La mujer pagó por la intervención exactamente 2.151 reales (382 dólares). Aún no se reveló el lugar en el que compró el material.

Lo que está claro es que la clínica no tenía autorización para realizar un procedimiento de esa envergadura. Por otro lado, el masajista no tenía la licencia, la formación ni los conocimientos básicos necesarios.

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