El aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas se ha convertido en el epicentro de una crisis que trasciende lo meramente aeroportuario para convertirse en un problema social, sanitario y político de primer orden. Desde hace meses, entre 300 y 400 personas sin hogar han encontrado refugio en las terminales del principal aeropuerto español, una situación que ha llevado a Aena a tomar medidas drásticas: la limitación del acceso a las instalaciones durante determinadas franjas horarias.
La medida, anunciada este jueves 15 de mayo, establece que solo podrán acceder a las terminales los pasajeros con tarjeta de embarque, sus acompañantes (tanto de llegada como de salida) y los trabajadores del aeropuerto. Esta restricción busca contener la permanencia nocturna de personas sin techo que, según el último censo realizado por Cáritas, alcanza las 421 personas, aunque fuentes sindicales indican que «han llegado a ser 500 en periodos críticos de febrero».
Una crisis que se agrava por momentos
La situación en el aeropuerto madrileño, especialmente en la Terminal 4, se ha vuelto insostenible según denuncian trabajadores y sindicatos. Las restricciones de acceso son solo la última de una serie de medidas que Aena ha ido implementando progresivamente para intentar reducir la presencia de personas sin hogar:
- Fumigación de zonas del aeropuerto
- Eliminación de bancos en las áreas más frecuentadas por personas sin techo
- Cambios en la climatización durante la madrugada para hacer más incómoda la permanencia
- Cierre nocturno de los baños para personas con movilidad reducida y familias entre las 00:00 y las 04:00 horas
- Retirada de enchufes en zonas comunes
- Prohibición de entrada a voluntarios de ONG que llevan comida a las personas sin hogar
Estas medidas han sido criticadas duramente por el sindicato ASAE, que califica el trato a las personas sin hogar como «indigno». «No es digno ni humano que estas personas estén así abandonadas a su suerte», han declarado desde la organización sindical.
Problemas de insalubridad y seguridad
La presencia continuada de cientos de personas pernoctando en el aeropuerto ha generado problemas de salubridad que preocupan tanto a trabajadores como a viajeros. Empleados del centro aeroportuario han denunciado haber sufrido picaduras, así como la insalubridad generada por la situación.
Aena ha contratado una empresa especializada en control de plagas e higiene ambiental, aunque en su comunicado señala que «la presencia de chinches se encuentra asociada al tránsito de personas y no a las instalaciones». A pesar de las inspecciones realizadas y la colocación de trampas, no se ha encontrado evidencia de artrópodos hematófagos, según el gestor aeroportuario.
El clima de tensión ha ido en aumento, con episodios de violencia y miedo entre los usuarios habituales del aeropuerto. La convivencia forzada entre viajeros, trabajadores y personas sin hogar ha creado situaciones incómodas y, en ocasiones, conflictivas que han deteriorado la imagen de una de las principales puertas de entrada a España.
Batalla política sin soluciones a la vista
El problema de las personas sin hogar en Barajas se ha convertido en un campo de batalla política entre las diferentes administraciones implicadas. Maurici Lucena, presidente de Aena, ha criticado duramente la gestión del Ayuntamiento de Madrid, presidido por José Luis Martínez Almeida, acusándolo de «dejación de funciones».
«Según la normativa, es obligación del Ayuntamiento de Madrid resolver esta situación», ha insistido Lucena. Por su parte, el consistorio madrileño ha respondido que debe ser el Gobierno de España quien lidere la solución. La vicealcaldesa de Madrid, Inma Sanz, ha calificado de «lamentable» la implicación del Gobierno en esta situación y ha pedido al presidente Pedro Sánchez que se ponga «de lleno» a buscar una solución.
Desde la Comunidad de Madrid, su presidenta Isabel Díaz Ayuso ha opinado que el aeropuerto está en una «situación inasumible e impropia de un país como el nuestro» y ha pedido al Gobierno que «no permita esa imagen de España» generada por las personas sin hogar que pernoctan en el aeropuerto madrileño.
El delegado del Gobierno en Madrid, Francisco Martín, ha respondido esperando que tanto el Ayuntamiento como la Comunidad «asuman su responsabilidad y ofrezcan una solución digna a estas personas porque el aeropuerto de Barajas no puede seguir siendo el albergue municipal de la ciudad».
Un problema humanitario sin resolver
Mientras las administraciones se acusan mutuamente, la realidad es que más de 400 personas continúan viviendo en condiciones precarias en el aeropuerto. El sindicato ASAE ha calificado como «inaceptable esta situación de bronca y pelea permanente entre partidos e instituciones del Estado que deben unirse y resolver los problemas cuanto antes».
Las restricciones de acceso anunciadas por Aena ya han comenzado a implementarse con carteles y vigilancia de seguridad en accesos como los de la estación de Metro. Sin embargo, estas medidas no resuelven el problema de fondo: la falta de alternativas habitacionales para estas personas.
El gestor aeroportuario ha remitido un requerimiento legal al Ayuntamiento de Madrid para que atienda esta situación, considerando que su actuación hasta ahora ha sido insuficiente. Mientras tanto, cientos de personas siguen sin un lugar digno donde dormir, y el principal aeropuerto de España continúa siendo el escenario de una crisis humanitaria que requiere soluciones urgentes y coordinadas entre todas las administraciones implicadas.
