La Audiencia Provincial de Valencia ha clavado tres años de prisión a Ignacio Jordà, el mítico Nacho Vidal, por sumergirse en el abismo del tráfico de ‘cocaína rosa’. Esa noche fatídica de febrero de 2025, en la vibrante Plaza Xúquer —corazón palpitante de la diversión valenciana—, la Policía Nacional lo sorprendió con 103 gramos de tusi, listos para inundar el mercado negro por 5.700 euros. Su adicción, ese demonio que lo ha consumido, lo empujó al borde.
Gracias a un emotivo acuerdo entre Fiscalía y su letrado Emilio Pérez Mora, Vidal confesó su tormento. La pena se suspende por cuatro años —con la promesa de no recaer—, pero carga con una multa lacerante de 5.800 euros, la atenuante de su lucha contra las drogas y un curso de rehabilitación que podría ser su salvavidas. ¿Podrá renacer de estas cenizas?
Pero el dolor no acaba: apenas en enero, una multa de 2.160 euros por irrumpir ebrio y drogado en el parking del Mercado de Russafa. Y el peso más aplastante: un juicio pendiente por cuatro años de cárcel, reclamados por la Fiscalía, tras la muerte del inocente fotógrafo José Luis Abad en el ritual del ‘sapo bufo’. Vidal, el hombre detrás de la máscara de estrella, enfrenta ahora el juicio de su alma.

