Jesús Tavira, empresario del sector del desguace de 63 años, fue hallado muerto el 29 de abril en el interior de un aljibe inutilizado como pozo ciego en una vivienda de la pedanía de Bacarot, en Alicante. Llevaba desaparecido desde el 18 de marzo. Su familia había presentado la denuncia el mismo día de su desaparición.
El cuerpo estaba a más de dos metros de profundidad, bajo una losa de hormigón, envuelto en plástico y con múltiples puñaladas. El estado de descomposición era avanzado. La Policía Nacional confirmó su identidad mediante huellas dactilares y una medalla personal que sus familiares reconocieron.
Dos días después de su desaparición, su Audi Q5 apareció calcinado en el barrio de las Mil Viviendas, una zona de alta conflictividad en Alicante. Ese hallazgo orientó la investigación hacia una desaparición forzada desde el primer momento.
Cómo ocurrió
La Policía Nacional, apoyada por el GOIT (Grupo Operativo de Intervenciones Técnicas), realizó un registro de diez horas en la vivienda de la calle Geranio de Bacarot hasta encontrar el cuerpo.
Lo que hace el caso especialmente macabro es un detalle que la investigación ha puesto sobre la mesa: Tavira era el propietario del inmueble donde fue asesinado y enterrado. Lo alquilaba desde hacía dos años al principal sospechoso del crimen, un mecánico que había sido su empleado, por 4.000 euros mensuales. Los vecinos confirmaron los pagos.
El empresario fue engañado para acudir a ese piso. El hombre al que alquilaba su propiedad lo mató allí y lo enterró en el subsuelo.
Los detenidos
La Policía ha arrestado a cuatro personas. El mecánico, empleado de Tavira e inquilino del piso, es el principal sospechoso. Proporcionó una pista falsa desde el principio afirmando que había visto a la víctima marcharse con dos hombres el día de los hechos. También fue detenida su pareja, un matrimonio magrebí propietario del inmueble y un hombre que se encargó de quemar el vehículo.
Los cargos que se les imputan incluyen asesinato, robo con violencia por los efectos personales que llevaba Tavira consigo, daños por el incendio del coche y encubrimiento. El móvil apunta a un ajuste de cuentas relacionado con deudas o negocios turbios. Tavira era conocido por llevar habitualmente grandes sumas de dinero en efectivo, lo que lo convertía en un objetivo para quien quisiera aprovechar esa vulnerabilidad.
El perfil de la víctima y su conexión con el caso CAM
Jesús Tavira llevaba décadas en el sector del desguace en Alicante. Compraba vehículos siniestrados, los desmantelaba y vendía las piezas. También se dedicaba a la compraventa de coches usados, actuaba como subastero y prestamista ocasional. Un perfil que lo ponía en contacto con dinero en efectivo y con una variedad de personas cuyas transacciones no siempre dejaban rastro.
Su nombre había aparecido años antes en uno de los casos más sonados de Alicante. En 2016, María del Carmen Martínez, viuda del expresidente de la CAM Vicente Sala, fue asesinada. El crimen ocurrió en Novocar, el lavadero y concesionario que se encontraba justo junto al desguace de Tavira. El principal sospechoso fue Miguel López, yerno de la víctima, que fue absuelto por un jurado popular.
Tavira declaró como testigo en aquel juicio. Reconoció haber mantenido relaciones comerciales con Miguel López y explicó que sus llamadas con él eran transacciones relacionadas con vehículos. Su proximidad física al escenario del crimen y sus vínculos comerciales con el principal sospechoso lo situaron en el foco de atención, aunque sin pruebas directas en su contra.
La investigación actual no establece conexión directa entre ambos casos. Pero el nombre de Tavira vuelve a resonar en Alicante ligado a una muerte violenta, y la proximidad de su desguace al escenario del caso CAM alimenta inevitablemente los rumores sobre posibles conexiones que la Policía no ha confirmado.
Los últimos detalles
Aquel 18 de marzo, Tavira desayunó en un bar cercano a su domicilio como hacía habitualmente. Nadie volvió a verlo después.
La investigación continúa bajo la supervisión del Juzgado número 5 de Alicante. No se descartan más detenciones.
El empresario alquilaba su propiedad al hombre que lo mató. Llevaba su efectivo encima como siempre. Y cuando acudió al piso de Bacarot aquella mañana de marzo, no sabía que no iba a salir de allí.
