El gran reto del juicio es demostrar que el acusado violó a la joven madrileña la noche del 22 de agosto de 2016 antes de asesinarla

El Chicle podría librarse de muchos años de talego por la tediosa ‘misión imposible’ de demostrar la violación de Diana Quer

El Chicle podría librarse de muchos años de talego por la tediosa 'misión imposible' de demostrar la violación de Diana Quer

Un caso muy complejo, especialmente desde el punto de vista forense. 497 días. Tiempo de sobra para que desapareciese cualquier indicio de una agresión sexual en el cadáver de Diana Quer. De ese modo, cuando José Enrique Abuín Gey, alias ‘El Chicle’, echó rodó hacia un lado la roca que tapaba el pozo de agua natural donde había ocultado el cadáver de la joven, podía intuir que las cosas habían jugado en su favor. Confesó que la había matado. Pero nunca confesó la violación sobre su víctima antes de asesinarla, según recoge el autor original de este artículo Brais Cedeira en El Español y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

Este es punto clave sobre el que orbitará el engranaje del juicio que se inicia este lunes, el epílogo del caso del asesinato de Diana Quer. Tenía 18 años cuando fue secuestrada, asesinada y presuntamente violada en el trayecto de vuelta a su casa, regresando de las fiestas de A Pobra do Caramiñal. Era una madrugada de verano, una noche cualquiera, la del 22 de agosto de 2016.

Con las pruebas en la mesa, por lo menos con los datos clave, los arrojados por la autopsia, resulta imposible determinar si la violó. Este hecho es de vital importancia, porque será la diferencia entre pasar su vida encerrado en prisión o salir a la calle pocos años después. ¿Cómo demostrar una violación en estas circunstancias? Según ha podido saber EL ESPAÑOL a través de fuentes cercanas a la familia, la Fiscalía se aferrará a dos vías: por un lado, los antecedentes y el modus operandi de ‘El Chicle’ en anteriores crímenes, siempre idéntico, siempre a bordo de su Alfa Romeo planeando de calle en calle como un buitre sobrevolando un acantilado.

La otra estrategia a la que se tratarán de agarrar es sin duda algo más exótica. Se trata de demostrarlo a través de un método matemático estadístico, el Teorema de Bayes, formulado  por primera vez en el siglo XVIII. Se comparan todas las variables del caso con otros casos en los que se dan unas circunstancias idénticas. Según este razonamiento se indica que el resto de casos se producen unas condiciones idénticas como las del crimen de Diana, si en el 99 por ciento de todos los casos hubo agresión sexual, en el de Diana, por estadística, también se tuvo que producir.

Todas las pruebas, todos los indicios, todos los antecedentes en la mesa para  subrayar la versión de fiscalía según la cual Abuín la maniató, la amordazó y luego la trasladó a un lugar apartado, «sórdido y tenebroso», para dominarla a su su merced. La autopsia detectó, eso sí, los huesos del cuello quebrados por el asesino, y también las marcas del estrangulamiento. En la nave industrial situada a pocos metros de la casa de sus padres en Rianxo, «la desnudó y la manoseó con ánimo de satisfacer sus instintos sexuales». Sin embargo, no pudieron hallarse restos de ADN del asesino confeso en sus partes íntimas. Ni tampoco lesiones en esa zona.

José Enrique Abuín Gey, alias el Chicle, durante su declaración

José Enrique Abuín Gey, alias el Chicle, durante su declaración

Santiago es de nuevo el escenario. Se trata una ciudad que ha aprendido a convivir en los últimos años con los interrogantes del horror. El 30 de octubre de 2015, cinco hombres y cuatro mujeres se presentaron por última vez en un mes en los juzgados de la calle Viena, Santiago de Compostela, para emitir el veredicto con el que un padre y una madre iban a ser condenados a 18 años de cárcel por destruir dos años antes la vida de su hija. Una educación estricta, un ritmo exhaustivo y frenético, clases de idiomas, clases de piano, de violín, y la ingesta masiva de orfidal convirtieron a aquella niña en un zombi que deambulaba sin razón ni sentido de un lado para otro de la casa familiar. Se llamaba Asunta Basterra. Aquellas nueve personas determinaron que, el 21 de septiembre de 2013, Rosario Porto y Alfonso Basterra le administraron una enorme cantidad de lorazepam y después la asfixiaron hasta la  muerte.

Una nueva batalla comienza este lunes. En la misma calle, en los mismos juzgados, pero con un monstruo totalmente distinto sentado en el banquillo. También otros nueve delante, dispuestos para juzgar sus crímenes y a escuchar a 90 personas que tendrán que declarar: 50 testigos y 40 peritos, 15 de ellos forenses.

La saponificación y el agua que lo borraron todo
La madrugada del 31 de diciembre de 2017, en una carrera contra el reloj, los agentes de la UCO de la Guardia Civil hicieron cantar al acusado y lograron que les llevase hasta donde había ocultado el cuerpo. Cuando llegaron a la nave y encontraron el cuerpo de Diana, 497 días después de su desaparición, los buzos comprobaron que su cuerpo se hallaba en apariencia intacto.

Lo vieron en buen estado. Había sufrido un proceso de saponificación. Este consiste en un cambio químico de la grasa corporal, que se termina convirtiendo en un compuesto céreo similar al jabón. En determinadas circunstancias ambientales el proceso de putrefacción se detiene, y esto en el caso de Diana, al extraer el cuerpo, permitió apreciar las señales del estrangulamiento y de cómo murió cuando fue analizado el cadáver.

Sin embargo, esos casi 500 días que pasó sumergido en el agua eliminaron cualquier rastro de agresión sexual en las partes íntimas.

Aunque los estudios sobre el cuerpo de la joven no arrojaron luz en este sentido, no quiere decir que Abuín Gey se libre del delito de violación. Desde el primer día que se detuvo a El Chicle, los agentes de la Unidad Central Operativa insistieron que lo que subyacía tras el crimen era el móvil sexual. Diana Quer apareció desnuda dentro del pozo. Encontraron su ropa interior dentro, junto a ella. Es la misma tesis de la Fiscalía. Juan Carlos Quer, su padre, dijo a los pocos días del hallazgo del cadáver y de la resolución del caso: «A mi hija no la desnudaron para ir a misa».

Vista de la nave en la que fue hallada Diana Quer.

Vista de la nave en la que fue hallada Diana Quer. Gtres

Lo que juega en contra del acusado, asesino confeso, son sus antecedentes. El idéntico modus operando con el que siempre salía a por sus víctimas. El suceso que catapultó el caso y precipitó su detención fue el intento de rapto de una joven en el centro de Boiro la noche del 25 de diciembre de 2017, días antes de ser detenido.

La identificación que hizo aquella chica de Abuín, así como la descripción de su coche, fueron cruciales. Era el Alfa Romeo gris metalizado, el mismo identificado la noche del crimen de Dianaz detectado por las cámaras de tráfico de la zona, en el que viajaban dos teléfonos en la misma posición, sentido y velocidad: el de Diana y el de ‘El Chicle’. Tenía que ser él y era él.

Más antecedentes, la violación a su cuñada también en su coche 15 años antes de ambos crímenes. Las chicas a las que paró e invitó a subir a su vehículo horas antes de perpetrar el intento de secuestro en Boiro. Con todo eso sobre la mesa, la Fiscalía y la acusación particular cuentan con armas suficientes para explicar que el móvil del crimen no fue otro que el sexual.

Tercera autopsia, al 99%
Mientras José Enrique Abuín Gey, alias El Chicle, aguardaba a conocer la fecha de la apertura de juicio oral, apareció una tercera autopsia sobre el cuerpo de la joven. Un último estudio solicitado tanto por la acusación particular como la Fiscalía ha determinado «al 99%» que Diana Quer fue violada por Abuín horas antes de asesinarla en la noche del 22 de agosto de 2016.

El estudio fue realizado por el Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga), y validado por la Comisaría General de la Policía Científica de la Policia Nacional. El resultado del documento es que, como aseguraba la semana pasada la Fiscalía en su escrito de acusación, El Chicle violó a la joven madrileña que en aquel momento contaba apenas 18 años.

 

José Enrique Abuín, recién detenido por el crimen en diciembre de 2017.

José Enrique Abuín, recién detenido por el crimen en diciembre de 2017. Efe

No hay otro motivo, argumentaba el ministerio público, para sospechar que la pudiera raptar en mitad de la noche cuando regresaba a casa de las fiestas de Pobra do Caramiñal.

Con estos datos, resultaría más sólidas las hipótesis, que solicitan prisión permanente revisable para el autor de uno de los crímenes que más han conmovido a la sociedad española y gallega en los últimos años.

El pasado 12 de abril, Abuín tuvo que salir de la cueva para otro de los procesos que tenía pendientes. Era el juicio por el que se le condenó a cinco años de prisión por el intento de rapto y agresión sexual en Boiro el 25 de diciembre de 2017, el que precipitó su detención. Ante los ojos de los padres de Diana, ante otros a los que había realizado un grave daño, era el turno de la última palabra. «Si pudiera dar marcha atrás más de dos años lo haría, pero no puedo… Siento mucho lo ocurrido».

Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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