El más viejo en el corredor de la muerte

Criminales: Joseph Naso, el ‘Asesino del Alfabeto’

El criminal estaba obsesionado con el nombre de sus víctimas: tanto la inicial del nombre como la del apellido empezaban con la misma letra

Criminales: Joseph Naso, el 'Asesino del Alfabeto'

Cada homicida suele tener dejar una especie de marca especial en sus víctimas, pero Joseph Naso, el ‘Asesino del Alfabeto’, se caracterizó por violar y estrangular a chicas que tenían las iniciales de sus nombres y apellidos iguales, para después dejarlas en una ciudad o pueblo que tuviera la misma letra.

El miserable de la foto que cumplió 86 años en enero de 2020, fue condenado a muerte en 2013 por el asesinato de cuatro mujeres en los años setenta y noventa.

No ha sido ejecutado y ha pasado a engrosará la lista de los casi 800 presos que están en el corredor de la muerte en el estado de California, donde no ha habido ejecuciones desde 2006, cuando un tribunal federal consideró que el sistema de la triple inyección letal causaba demasiado dolor y sufrimiento a los condenados.

UN PSICÓPATA QUE HACÍA FOTOS

Joseph Naso nació el 7 de enero de 1934 en Rochester, Nueva York (Estados Unidos).

Fue un joven inquieto, que gustaba de ejercer el dominio sobre los demás. Después de servir en la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la década de 1950, conoció a su primera esposa, Judith.

Su matrimonio duró dieciocho años, pero después del divorcio, Naso continuó visitando a su ex mujer, que vivía en el área de la bahía. La pareja tuvo un hijo llamado Charles, que más tarde desarrolló esquizofrenia, y su padre pasó varios años cuidando de él.

Naso tomó clases en varios colegios de San Francisco en la década de 1970 y vivió en el barrio de la Misión de San Francisco en la década de 1980. Vivió en Sacramento entre 1999 y 2003, y finalmente se estableció en Reno, Nevada, en 2004, donde fue detenido en 2011.

Trabajó como fotógrafo independiente y tenía un largo historial de delitos menores, como el hurto, que cometió incluso a mediados de los años setenta. Sus conocidos lo apodaban “Crazy Joe” (“Loco Joe”) por su comportamiento.

Los llamados “Asesinatos del Alfabeto” tuvieron lugar en Rochester, Nueva York. Las víctimas eran niñas pequeñas.

Cada uno de los nombres y apellidos de las niñas asesinadas comenzaba con la misma letra, y los cadáveres fueron encontrados en un pueblo que tenía un nombre que comenzaba con la misma letra que el nombre de cada víctima. La primera fue Carmen Colon, una niña de 10 años, que desapareció el 16 de noviembre de 1971. Fue encontrada dos días más tarde, a doce kilómetros de donde se le vio por última vez. Su tío fue considerado un sospechoso, hasta su suicidio en 1991.

La segunda víctima fue Wanda Walkowicz, de 11 años de edad, quien desapareció el 2 de abril de 1973. Fue encontrada al día siguiente en un área de descanso de la Ruta Estatal 104 en Webster, a siete millas de Rochester. La habían violado y estrangulado.

La tercera niña asesinada fue Michelle Maenza, de 11 años, quien desapareció el 26 de noviembre de 1973. Su cadáver fue hallado dos días después en Macedonia, a siete kilómetros de Rochester. Fue la última víctima de la primera serie de crímenes.

Pasarían cuatro años para que la segunda serie comenzara.

El 10 de enero de 1977, Roxene Roggasch fue encontrada muerta. Su cadáver había sido arrojado cerca de Fairfax, California. La chica tenía 18 años; la habían estrangulado. La policía estimó que el crimen había ocurrido un día antes. Los agentes sospechaban que Roggasch había trabajado como prostituta, pero su familia siempre lo negó.

En 1978, el cadáver de Carmen Colon, una joven de 22 años que era homónima de la niña asesinada en Rochester, fue hallado en Port Costa, California, a treinta kilómetros de distancia del cuerpo de la primera víctima. También había sido estrangulada. Antes la habían golpeado.

El cuerpo de Sharileea Patton, de 56 años, llegó a la orilla cerca de la Naval Net Depot en Tiburon, California, en 1981. La habían estrangulado. En el momento de su muerte, era una residente del área de la bahía en busca de un trabajo. Naso moraba cerca del sitio donde la mujer vivía.

También tomó una fotografía de la víctima. Fue considerado el principal sospechoso por la policía en 1981, pero dio a los investigadores sólo respuestas elusivas sobre el asunto y nunca fue acusado durante los siguientes treinta años.

Su siguiente víctima fue Sarah Dylan, una groupie del cantante Bob Dylan; ella se llamaba en realidad Renee Shapiro, pero luego se cambió el nombre para llamarse igual que la ex esposa de artista. Fue vista por última vez en camino a un concierto de Bob Dylan en el Warfield Teatro en San Francisco, en mayo de 1992. Fue asesinada en o cerca del condado de Nevada, California. También la estrangularon.

En 1993, el cuerpo de Pamela Parsons, una camarera, fue encontrado en el condado de Yuba, California. Tenía 38 años y había sido estrangulada. Parsons trabajaba cerca de Cooper Avenue en Yuba City, donde Naso vivía en ese momento.

Tracy Tafoya fue encontrada muerto en 1994, también en el condado de Yuba. Tenía 31 años. El asesino la drogó, antes de violarla y estrangularla. Luego abandonó el cuerpo cerca del cementerio de Marysville. Los forenses calcularon que pasó una semana antes de que se encontrase el cadáver.

Naso fue finalmente conectado con los asesinatos en 2010, cuando los oficiales de libertad condicional que visitaban su casa en Reno descubrieron cientos de fotografías de mujeres desnudas en posiciones no naturales. Estaban inconscientes o muertas. La policía allanó su vivienda y encontraron armas, municiones, maniquíes vestidos eróticamente, esposas y revistas pornográficas. Las autoridades arrestaron a Joseph Naso en abril de 2010.

Durante la búsqueda, los agentes descubrieron su diario, escrito a mano, en el que Naso mencionaba a diez mujeres no identificadas; el texto describía algunas ubicaciones geográficas. Los investigadores se dieron cuenta de que correspondían a los lugares donde se había encontrado a cuatro de las víctimas. Sus anotaciones también detallaban numerosas violaciones de mujeres y niñas, que se remontaban a la década de 1950.

En una página, Naso escribió cómo había acechado a una mujer, ofreciéndole para llevarla a su casa y lograr subirla a su automóvil. “La muchacha del norte de Buffalo era muy bonita. Tuve que dejarla inconsciente primero”.

El 11 de abril de 2011, fue acusado de los asesinatos de Roggasch, Colon, Parsons y Tafoya. Las cuatro víctimas fueron calificadas por la policía como prostitutas. Las otras seis mujeres mencionadas en el diario permanecieron sin identificar. El 18 de junio de 2013, Naso fue juzgado.

Naso se defendió en el juicio de California, pero a veces parecía confundido al presentar sus argumentos. En una ocasión, afirmó ante el Tribunal que las pruebas de ADN que lo implicaban habían sido plantadas en dos de las mujeres asesinadas y que no era un monstruo. “Tengo compasión para cualquiera que muere y para la gente que dejan atrás, además puedo sentir remordimientos. No soy culpable de estos crímenes”.

Los fiscales Dori Ahana y Rosemary Sloat aportaron pruebas para identificar a Patton y Dylan. El Fiscal de Distrito del Condado de Marin, Ed Berberian, diría que Naso mató al menos a diez mujeres durante varias décadas, pero que las autoridades “no fueron capaces de reunir suficiente evidencia” para presentar cargos en todos los casos.

Naso viajó muchas veces entre Nueva York y California durante años; por ello, fue también considerado sospechoso en los “Asesinatos del Alfabeto” ocurridos en Rochester, Nueva York, entre 1971 y 1973. Se sospechó de Naso porque cuatro de sus víctimas llevaban las mismas iniciales en el nombre y el apellido, y Naso había vivido en Rochester durante mucho tiempo.

El 20 de agosto de 2013, los miembros del jurado deliberaron durante sólo cuatro horas antes de decidir. Naso fue declarado culpable. El 22 de noviembre de 2013, el juez lo sentenció a muerte por los asesinatos; tenía 79 años. “Ha hecho de este mundo un lugar peor. Es usted un depredador despiadado, un ser patológicamente inestable, un hombre malo y perturbado. Por sus crímenes atroces, lo sentencio a la pena máxima”, le dijo el juez durante su discurso. Como única respuesta, Naso levantó su dedo medio en la Sala del Tribunal durante la audiencia de sentencia. Se convirtió así en el preso más anciano en llegar al Corredor de la Muerte en California, desde que el estado reanudó las ejecuciones en 1977, tras una pausa de cinco años.

Otro sospechoso de los crímenes de Rochester fue Kenneth Bianchi, uno de “Los Estranguladores de Hillside”, quien en ese momento era un vendedor de helados en ese lugar. Más tarde se mudó a Los Ángeles, y con su primo Angelo Buono cometió varios asesinatos entre 1977 y 1978. Bianchi nunca fue acusado de los “Asesinatos del Alfabeto” y él siempre trató de que los investigadores lo exoneraran oficialmente.

Sin embargo, había pruebas circunstanciales que lo vinculaban con los crímenes; por ejemplo, su automóvil fue visto en dos de las escenas de los crímenes. Bianchi permaneció bajo sospecha durante muchos años. Sin embargo, su perfil de ADN no coincidía con la evidencia biológica encontrada en la escena del crimen de Wanda Walkowicz.

Aunque cientos de personas fueron interrogadas, el asesino de Rochester nunca fue atrapado oficialmente. Un sospechoso que se suicidó seis semanas después del último de los asesinatos, fue exonerado en 2007 por las pruebas de ADN. Joseph Naso fue descartado como sospechoso en el caso de Rochester cuando el ADN encontrado en las víctimas de California no correspondía con el hallado en el cuerpo de una víctima de Rochester. Pese a ello, los investigadores siempre sostuvieron la hipótesis de que las dos series de crímenes estaban conectados de alguna manera y aseguraron que Joseph Naso era, en realidad, “El Asesino del Alfabeto”.

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