El miserable ha sido identificado por la Policía en Carabanchel

Miguel Ricart, uno de los asesinos condenado por el crimen de Alcàsser, ejerce de okupa en Madrid

Conocido como 'El Rubio', fue sentenciado a 170 años de prisión en 1997 tras haber sido encontrado culpable del secuestro, tortura, violación y asesinato de las adolescentes Miriam García, Desirée Hernández y Toñi Gómez

Miguel Ricart, uno de los asesinos condenado por el crimen de Alcàsser, ejerce de okupa en Madrid
Miguel Ricart. PD

Un ‘fantasma’ que vuelve del más allá.

El único condenado por el triple asesinato del caso Alcàsser, Miguel Ricart Tárrega, ha sido identificado por agentes de la Policía en la tarde de este 15 de enero de 2020 en un piso okupado en la calle José Garrido, en Carabanchel (Madrid), según informa laSexta.

Ricart se encontraba dentro del domicilio acompañado por otra persona cuando la Policía accedió al inmueble, ubicado en una zona declarada conflictiva en la que se encuentran drogadictos y pequeños narcotraficantes y que ha sido objeto de denuncias por parte de los vecinos, a las 19:30 horas de la tarde de este viernes.

El hombre entregó su Documento Nacional de Identidad a los policías que le pidieron que se identificase, y tras comprobar si tenía alguna reclamación por parte de la Justicia, un control rutinario que los agentes llevan a cabo en el barrio madrileño, se lo devolvieron sin ningún problema.

Miguel Ricart, también conocido como ‘El Rubio’, fue sentenciado a 170 años de prisión en 1997 tras haber sido encontrado culpable del secuestro, tortura, violación y asesinato de las adolescentes Miriam García, Desirée Hernández y Toñi Gómez, tres adolescentes del municipio valenciano de Alcásser.

El otro autor de los asesinatos, Antonio Anglés Martins, aún continúa en paradero desconocido tras fugarse en enero de 1993, momento en el que se localizaron los cadáveres de las jóvenes.

Tras cumplir 20 años y 10 meses de cárcel, quedó en libertad en el año 2013 tras ser derogada la doctrina Parot por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Desde ese año no se tenían datos certeros sobre él, más allá de rumores sobre su paradero, llegando a situársele en Francia o Cataluña.

UN CRIMEN ESPANTOSO

A punto de cumplirse tres décadas años de la desaparición de las tres niñas, el crimen todavía deja muchas preguntas sin resolver: ¿se fugó realmente Antonio Anglés?, ¿hubo más culpables?

Cronología del crimen

  • 13 de noviembre de 1992. Miriam, Toñi y Desireé salieron de sus casas en la localidad de Alcàsser para dirigirse a la discoteca Coolor —ahora derribada— en el municipio de Picassent. Antes de llegar a ella (donde nunca entraron), hicieron una parada en una gasolinera que estaba de camino. Las tres jóvenes carecían de coche para poder llegar hasta el local, por lo que decidieron hacer autostop justo a la salida del pueblo. Allí, las recogieron Francisco Hervás y su novia Mari Luz, quienes las dejaron en la gasolinera Marí Picassent, a las afueras. Fue ahí donde se encontraron con Antonio Anglés y Miguel Ricart, dos jóvenes que se ofrecieron a acercarlas en su Opel Corsa. Horas más tarde, sin tener señales de las chicas, los padres salieron en su búsqueda. Llegaron incluso a entrar en la discoteca en la que las tres menores debían haber pasado la noche, pero ya estaba cerrada.
  • 27 de enero de 1993. Dos apicultores que se encontraban por la zona descubrieron los cuerpos de las menores en una fosa —actualmente vallada por los agentes rurales y con plantas que rinden homenaje—, con agua en el barranco de La Romana, en el término de la localidad de Tous (Valencia). Los cadáveres estaban semienterrados, juntos y cubiertos por una alfombra. En esa misma zona, se encuentra el caserón en el que se consumaron los hechos. Según las investigaciones policiales, Anglés y Ricart recorrieron con su coche alrededor de 20 km desde la gasolinera donde se encontraron con las jóvenes hasta el caserón en el que presuntamente se cometieron los crímenes. Partiendo de ahí, trasladaron a Toñi, Miriam y Desireé hasta una fosa en La Romana, Tous, localizada a unos 700-800 metros de la edificación. En una zona próxima a la fosa, los investigadores toparon con un volante médico a nombre de Enrique Anglés, hermano del sospechoso, lo que condujo a los agentes hasta la vivienda de este, en Catarroja. Solo separaron unos segundos a los efectivos policiales del perseguido, quien consiguió saltar por la ventana de una de las habitaciones y huir atravesando los tejados.
  • 28 de enero de 1993. La Guardia Civil detiene a Ricart, apodado ‘El Rubio’, quien confiesa ante los agentes haber participado en el crimen. Enrique Anglés también fue arrestado para posteriormente quedar en libertad el 30 de enero de 1993.
  • 5 de septiembre de 1997. La Audiencia Provincial de Valencia lo condena a una pena de 170 años de prisión por tres delitos de asesinato, tres delitos de secuestro y cuatro delitos continuados de violación. Sin embargo, el tribunal seguía considerando al fugado como principal culpable.
  • 4 de abril de 2001. La delegada del Gobierno en la Comunitat Valenciana, Carmen Mas, informa de que los huesos hallados un año antes en el puerto de Dublín (última pista que se tuvo de Anglés) no pertenecen al sospechoso.
  • 29 de noviembre de 2013. Miguel Ricart sale de la prisión de Herrera de La Mancha tras la derogación de la Doctrina Parot. Solo cumpió 21 años de condena.
  • 24 de junio de 2019. Una pareja acudió a la fosa de La Romana, donde aún se atisbaba parte del ‘altar’ que se levantó en torno a la zona en la que se encontraron los cuerpos de las víctimas, y encontró lo que parecía una colilla blanca pero que en realidad era un hueso humano.
  • 18 de septiembre de 2019. Luis Frontela, el principal médico forense que practicó las autopsias de los cuerpos, expresó, tras años de misterio, cuál es su teoría con respecto al caso. Según él, el principal sospechoso del triple crimen no llegó a fugarse de España. Así, reveló en ‘Cuarto Milenio’ cuál es la tercera vía que ha barajado desde el principio el forense que siempre puso en duda la labor de la Guardia Civil.
  • 21 de febrero de 2020. La jueza de Alzira que recibió el traspaso de la causa del crimen de Alcàsser emitió una comisión rogatoria internacional para tomar declaración al capitán del navío City of Plymouth, el barco en el que Antonio Anglés huyó de España. El documento estaba dirigido a Reino Unido, donde reside actualmente Kenneth Farquharson Stevens, el entonces patrón del buque.
  • 10 de noviembre de 2020. En el mismo juzgado de instrucción, Alzira confirma, tras conocer los resultados del análisis forense de los huesos hallados por la pareja de excursionistas, que los restos óseos pertenecen a una de las tres víctimas del triple asesinato.

¿Quiénes eran los miserables?

Miguel Ricart Tárrega y Antonio Anglés Martins se conocían desde hacía años porque eran vecinos del municipio de Catarroja (Valencia). El primero, en especial, arrastraba un largo historial delictivo en la región: drogas, amenazas y renombre en turbias historias.

Anglés, nacido en São Paulo, fue condenado a ocho años de prisión por secuestrar a su antigua pareja. En el momento del crimen de Toñi, Desireé y Miriam disfrutaba de un permiso penitenciario que aprovechó para escapar de las rejas. Para poder pasar desapercbido entre los vecinos, se mantenía oculto en viejos caserones olvidados, como el de La Romana.

La prueba ‘definitiva’ que llevó a los agentes hacia ambos amigos fue un justificante médico encontrado en las cercanías de la fosa en la que aparecieron los cuerpos. El informe estaba firmado a nombre de uno de sus hermanos, quien en su momento fue fichado como sospechoso. Esto guió a los investigadores directamente al domicilio particular de la familia Anglés.

La fuga de Antonio Anglés

Un día después de encontrar los cuerpos de las tres chicas, los agentes se personaron en el domicilio de Catarroja para proceder a su detención, pero no lo consiguieron. Solo unos segundos los separaron del perseguido, que logró saltar por la ventana de una de las habitaciones y salir huyendo por los tejados de las casas colindantes.

Anglés alcanzó la Estación del Norte de Valencia. Allí comenzó su cambio de imagen para pasar desapercibido y entró en una de las peluquerías más cercanas —a la que pudo acceder bajo una de sus falsas identidades—, donde se tiñó el pelo de rubio para evitar ser reconocido.

Durante un tiempo, ni las autoridades ni los ciudadanos pudieron dar con él. Hasta que finalmente, sobre febrero de 1993, fue rastreado en la localidad de Minglanilla, en Cuenca. Alli, se le volvió a perder la pista para volverla a encontrar un mes después en Portugal. Según las investigaciones, allí también le faltó poco para ser capturado por las autoridades, aunque finalmente se libró. Al parecer, el prófugo se encontraba en casa de un toxicómano al que robó su documentación.

En territorio luso se coló como polizón a bordo de una mercante irlandés, donde sí pudo ser retenido en el camarote tras ser reconocido.Pero, unas horas antes de desembarcar y atracar en Irlanda, las autoridades lo perdieron de vista. Durante todo el tiempo en el que el fugitivo estuvo supuestamente retenido, trató de ocultar sus brazos cubierto de tatuajes, una de las señas de identidad que la Policía y la Interpol ya se habían encargado de hacer llegar a los distintos efectivos policiales.

Al día siguiente encontraron un salvavidas flotando en el mar; esa fue una de las pistas que llevaron a pensar que Anglés murió en esas aguas.

Actualmente, sigue siendo uno de los delincuentes más buscados por la Interpol con prioridad absoluta (código rojo).

La opinión pública parece dudar entre dos opciones, que Anglés ya esté muerto o que, en realidad, nunca hubiera salido de España.

 

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