Danza - Un réquiem alemán - Teatro Real

El Ballet del Rin inauguró la temporada de danza del Teatro Real con una coreografía de Martin Schläpfer para la fabulosa partitura 'Un réquiem alemán' de Johannes Brahms. Cuarenta bailarines en el escenario, con orquesta y coro al pleno en el foso, un acontecimiento excepcional y un enorme acierto.

Esta impresionante partitura, posiblemente la más admirada del compositor alemán, interpretada en directo bajo la dirección musical de Marc Piollet y la actuación de la soprano Adela Zaharia y el barítono Richard Šveda, ya de por sí sola sería un acontecimiento. Catorce años necesitó Brahms desde su primera idea de componer una cantata fúnebre hasta terminarla a los 35 años de edad. No era creyente practicante pero tenía un ansia de trascendencia y una visión del tránsito final muy maduras. Estrenado con sus seis partes completas en 1868 bajo la dirección del propio compositor -añadió una quinta parte, un fragmento especialmente intimista inspirado directamente en la muerte de su madre, única aparición de la soprano solista en toda la obra-, servirá para que a partir de entonces Brahms sea reconocido en toda Europa como un consumado maestro.

Pero si a ello se añade una ambiciosa versión coreográfica a cargo de este prestigioso director artístico que desde 2009 dirige el Ballet de Rin, una de las formaciones europeas de referencia, la impresión se dobla y al viaje auditivo se une el visual en un producto de exquisita excelencia. Martin Schläpfer pone en marcha una visión laica de la existencia, en la que a las dudas no responden las creencias, una concepción mineral privada de atisbos espirituales, sin respuestas que consuelen, en la que no hay trascendencia, solo destellos humanos de dolor compasivo en un camino compartido hacia la nada.

¿Qué pensaría Brahms de esta interpretación un tanto forzada de su distanciamiento hacia la religión formal, sin embargo nunca privado de búsqueda, de dudas, de ansias? Schläpfer ha contado con la notable colaboración de Florian Etti en la escenografía y de Volker Weinhart en la iluminación para conseguir que los figurines uniformados de Catherine Voeffray parezcan una multitud variopinta, siempre agitada por la incesante carrera de la vida, tumulto colectivo de cuarenta personas en escena punteado de momentos íntimos, con solos, parejas y conjuntos pequeños, saltando de la expresión convulsa y a veces desesperada al lirismo ligero, casi etéreo.

Una coreografía conmovedora, nos aseguran. Sin duda, impresionante, pensamos, pero conmovedora no la vimos. La muerte de su gran amigo Robert Schumann, y la de su madre años después, llevaron a Brahms a finalmente ultimar Ein deutsches Requiem, del que se conmemoran ahora sus 150 años. El texto fue elegido por el propio compositor a partir de quince citas del Antiguo y Nuevo Testamento. Está dividido en siete partes y fue compuesto para soprano, barítono, coro mixto, órgano y orquesta sinfónica. Tras las tres primeras, de tono sombrío y dramático, la cuarta crea un cierto contraste de serenidad, que se extiende a la quinta, con sus magníficos solos de soprano. Muy compleja en su organización, en la sexta alternan barítono y coro y termina con una fuga. La séptima termina en serena calma.

La coreografía de Schläpfer sigue siendo original e innovadora cinco años después de su estreno, con episodios excepcionales como el solo continuado en dúo de una bailarina solista con una zapatilla de puntas y el otro pie descalzo -fragilidad humana- o el intenso y prolongado final del penúltimo número con el cuerpo de baile, que ha ido siendo expulsado al escenario por una fuerza invisible, sentado en el suelo de espaldas al público en estado de contemplación ante la urna vacía que reina en el proscenio con significados para todos los gustos. Los cuarenta bailarines protagonizan discursos visuales que huyen de la uniformidad y buscan esa diversidad dentro del unísono que hoy priva en el mundo de la danza. Una soberbia colección de expresividades que dan al pétreo conjunto vetas sensibles.

En este Réquiem de esencia luterana, al contrario que en los católicos no hay redención, no hay esperanza en el más allá, no ha vida eterna. Fue Brahms presionado para mostrarse más cristiano, pero se negó rotundamente. De hecho, esta extraordinaria composición no sigue el esquema habitual de la misa de difuntos de la iglesia católica, por lo que el empleo de la palabra Réquiem resulta un poco forzado, y no se menciona en el texto el nombre de Cristo (únicamente, y con un sentido panteísta, se pronuncia el vocablo Señor). Constituye una reflexión sobre la muerte nunca concebida para ser interpretada durante el culto; no nace de la religión sino de la meditación. Y en ese sentido conecta con las corrientes espirituales actuales que quieren trascender las religiones organizadas y buscan una conexión personal con el misterio.

No ofrece consuelo; solo constata la tremenda realidad que nos espera a todos. Los muertos no se mencionan en este Réquiem alemán hasta la penúltima sección cuando se pronuncia la frase “und die Toten werden auferstehen unverweslich” (“y los muertos resucitarán incorruptos”). Brahms —pese a su agnosticismo confeso— veneraba la Biblia y eligió los textos cuidadosamente por poseer una sensibilidad más cercana a la misericordia y una resignación ante lo inevitable.

En ese sentido puede decirse que Martin Schläpfer acierta totalmente en su versión coreográfica, pero acentúa la indefensión humana y solapa la esperanza serena individual. La narración coreográfica es tan indescifrable como la musical. Es el coro el gran protagonista de esta partitura, y el titular del Teatro Real dirigido por Andrés Máspero -considerado uno de los mejores de Europa- bajó al foso para subir a las alturas musicales junto a la orquesta y los solistas en un gran trabajo de Marc Piollet, buen conocedor de ambas formaciones a las que ha dirigido en este teatro anteriormente en Don Quichotte, C(h)oeurs, L’elisir d’amore, Tristan und Isolde y, la temporada pasada, en Carmen.

Una coreografía ecléctica, de danza contemporánea con bases clásicas, para una solemne composición monumental de hace siglo y medio. Un desafío desafiado.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 9
Coreografía: 9
Puesta en escena: 7
Ejecución: 9
Música: 9
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: n/h


TEATRO REAL
12 - 14 DE OCTUBRE DE 2018
BALLETT AM RHEIN DÜSSELDORF DUISBURG
Ein deutsches Requiem
(Un réquiem alemán)
Música de Johannes Brahms (1833-1897)
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
(Coro Intermezzo / Orquesta Sinfónica de Madrid)   

    Coreografía: Martin Schläpfer
    Dirección musical: Marc Piollet
    Escenografía: Florian Etti
    Figurines: Catherine Voeffray
    Iluminación: Volker Weinhart
    Soprano: Adela Zaharia
    Barítono: Richard Šveda.