Beckmann. Figuras del exilio - Museo Thyssen

Influido por el impresionismo, próximo al expresionismo, a la nueva objetividad, Max Beckmann  desarrolló una pintura de signo realista pero llena de resonancias simbólicas, en la que lo real es alegoría de otras dimensiones. Un artista trascendente, minucioso, que aplicó su gran cultura y su sólida espiritualidad a una tarea todavía pendiente de desentrañar. ¿Realismo mágico alemán? Una experiencia importante.

Comisariada por Tomàs Llorens, la muestra reúne un total de 52 obras con algunas de las piezas más destacadas de su producción como La barca (1926), Sociedad, París (1931), Autorretrato con corneta (1938), Ciudad. Noche en la ciudad (1950) o Los argonautas (1949-50), su última obra.

La exposición está estructurada en dos secciones. La primera dedicada a la etapa vivida en Alemania desde los años anteriores a la Primera Guerra Mundial, cuando comienza a ser reconocido públicamente, hasta el ascenso del nazismo en 1933, cuando es destituido de su cargo en la escuela de arte de Fráncfort y se le impide exponer. La segunda recorre los años en Ámsterdam (1937-1947) y Estados Unidos (1947-1950). El comisario ha elegido la idea rectora del exilio, tanto en sentido literal, por la propia experiencia vital de Beckmann, como figurado, por el significado que tuvo para él como condición básica de la existencia humana en general y del hombre moderno en particular. Por este motivo, los cuadros alegóricos -a los que dedicó mayor esfuerzo y tiempo de trabajo (todos los trípticos y lienzos de gran formato que pintó son composiciones alegóricas)- son los más abundantes. Los retratos, paisajes y naturalezas muertas, géneros tradicionales que practicó a lo largo de toda su carrera, han sido elegidos también por sus resonancias alegóricas. 
 
Llorens ha elegido cuatro metáforas para las sucesivas salas: 'Máscaras', centrada en la pérdida de identidad que se asocia con la circunstancia del exiliado; 'Babilonia eléctrica', sobre el vértigo de la ciudad moderna; 'El largo adiós', planteando la equivalencia entre exilio y muerte; y 'El mar', metáfora del infinito, su seducción y su extrañamiento.
 
La convicción de que el arte alemán tenía una personalidad propia, diferente del de Francia o Italia, estaba profundamente arraigada entre los artistas de la generación de Beckmann. Una sensibilidad orientada hacia el “sentimiento de la vida” en lugar de hacia la belleza ideal. Este rasgo, reprimido y difuminado durante siglos, empezó a renacer con fuerza en la época moderna de forma paralela al resurgimiento económico y social de la nación alemana. Sin embargo, el golpe de la Primera Guerra Mundial hizo que la confianza y la autoestima se evaporaran para dar paso a una aguda conciencia de crisis, y el naturalismo fue sustituido por el expresionismo.

La pintura de la primera etapa de Beckmann es ecléctica, recuerda a otros artistas alemanes de la generación anterior, aunque la influencia más importante y duradera fue sin duda la de Cézanne; su preocupación por aunar la representación de los volúmenes con la superficie bidimensional del lienzo se convertiría en una de sus principales obsesiones durante toda su carrera.

Beckmann creía que lo único nuevo en arte son los artistas, lo que le llevó a enfrentarse con el vanguardismo teórico y a rechazar el carácter colectivo, sectario y doctrinal frente a todas las corrientes artísticas de su tiempo. Su consagración definitiva vendría de la mano de su primera exposición monográfica, en 1913. Ese mismo año introdujo escenas callejeras, una temática que expresionistas y futuristas habían hecho también suya. Los años siguientes estuvieron marcados por la experiencia de la guerra. Tras su baja temporal en el ejército por una crisis nerviosa, en 1915 se instala en Fráncfort donde permaneció hasta 1933. Fue el comienzo de una vida nueva, tanto en lo personal -con la crisis de su primer matrimonio y su boda con Mathilde von Kaulbach, conocida como Quappi, en 1925- como en lo artístico, y su reputación fue creciendo rápidamente.  

“Creo que amo tanto la pintura justamente porque me obliga a ser objetivo. No hay nada que odie tanto como el sentimentalismo”, escribía en 1918 en un texto en el que explica sus principios creativos. Análisis, objetividad, concentración... Beckmann fue el primer artista que formuló esos principios básicos sobre los que se funda una de las corrientes dominantes en la poética de la posguerra, aunque cuando esta acabó convirtiéndose en una tendencia de moda bajo el nombre de 'Neue Sachlichkeit' (Nueva objetividad) y él mismo fuera reconocido por muchos como su principal representante, continuó rechazando cualquier etiqueta. 

En los años de ascenso del nazismo la situación de Beckmann fue haciéndose cada vez más difícil. Era una figura pública conocida y destacada en Fráncfort y, aunque su pintura exhibía sus raíces alemanas y su modernidad era moderada, sus contactos con la élite judía no jugaron a su favor. El mismo día que se inauguraba la exposición de ‘Arte degenerado’ donde había obra suya entre la sentenciada, en 1937, Beckmann cogió un tren con destino a Ámsterdam y nunca regresó a Alemania.

El 27 de diciembre de 1959 cuando se dirigía al MoMa a visitar la exposición "American Painting Today", en la que estaba incluido, en la esquina de la Calle 16 y Central Park se desmayó y ya no pudo recuperarse.

Beckmann, como tantos artistas, se negó a ser encuadrado en las categorías con que la crítica y el mercado pretendieron organizar el caos tumultuoso de las vanguardias de la primera mitad del siglo pasado. Pugnando con el expresionismo, entre los agrupados en 'Die Brücke' y los considerados en 'Der Blaue Reiter', Otto Dix, George Grosz y Max Beckmann fueron considerados exponentes de la Nueva Objetividad, un realismo deformante, satírico y caricaturesco que les hermana, les hace compartir una estética similar, en rechazo al Novembergruppe, al que acusaban de falta de compromiso social.

Pero en paralelo a la Nueva Objetividad surgió el denominado “realismo mágico”, más a la derecha por así decirlo de la Nueva Objetividad, una obra más calmada e intemporal, más serena y evocadora, mirando a los grandes maestros del pasado, a la pintura metafísica italiana.

¿Dónde colocar a Beckmann? Pues entre todo ellos, compartiendo una experiencia vital más allá de etiquetas. Con una firme creencia en la existencia del alma/espíritu más allá del cuerpo, más allá de la vida, que es un exilio, una prueba, un tránsito.

Un artista tan intelectual desafía la capacidad interpretativa de quien se se sitúa ante su obra con la intención de sintetizar sus motivos, su propuesta. Incluso los expertos lo juzgan ora oscuro ora vitalista, esencialmente pesimista o sobre todo erótico. No se ha llegado y quizás no se llegue nunca a descifrar su propósito, dado que no quiso explicitarlo y que se tiende a criterios más técnicos que psicológicos. En este sentido, creemos que el comisario Llorens ha hecho un gran esfuerzo pero no ha dado con las claves de Beckmann. El recorrido expositivo resulta así un tanto ocurrente, como otros posibles. Se deduce de sus palabras en la presentación de la muestra que ha sido un trabajo arduo, largo y condicionado por la escalonada llegada de prestaciones.

Hijo del romanticismo alemán, estudioso de Helena Blavatsky y el esoterismo europeo de su tiempo, 'visionario, profeta y mago', Max Beckmann sigue siendo un misterio que no aclara esta exposición ni su catálogo, en el que como es habitual se prescinde de presentar su trayectoria vital ligada a la artística y se elige el formato de cronología, tan antipático y poco útil para comprender por qué este hombre pintó lo que pintó, quién fue realmente más allá de sus alegorías carnavalescas y circenses.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 7
Comisariado: 7
Catálogo: 8
Folleto de mano: 9
Documentación a los medios: 9


Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Beckmann. Figuras del exilio 
Con la colaboración de la Comunidad de Madrid
Del 25 de octubre de 2018 al 27 de enero de 2019.
Y en Barcelona, CaixaForum, del 21 de febrero al 26 de mayo de 2019.
Comisario: Tomàs Llorens
Comisaria técnica: Leticia de Cos, Área de Exposiciones del Museo Thyssen-Bornemisza.
 
ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS
Los días 22 y 23 de noviembre se celebrará un simposio internacional en torno a la figura de Max Beckmann en el que participarán especialistas como Sabine Rewald, del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, o Didier Ottinger, del Centre Pompidou de París, entre otros.

Además, del 3 de noviembre al 22 de diciembre, tendrá lugar un ciclo de cine de acceso gratuito, cuyo programa incluye títulos como El ángel azul (1930), de Joseph von Sternberg, o el documental Max Beckmann Departure (2013), de Michael Trabitzch.
 
Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid.
De martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas.
Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales:
- Entrada general: 12 € - Entrada reducida: 8 € para mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes previa acreditación. - Entrada gratuita: menores de 18 años, ciudadanos en situación legal de desempleo, personas con discapacidad, familias numerosas y personal docente en activo.