El sueño de una noche de verano - Teatro de la Zarzuela

Lástima de que el compositor navarro Joaquín Gaztambide empleara su talento en una 'opera cómica' a imitación francesa y con libreto absurdo. Lástima de que el público español de hace siglo y medio no supiera apreciar sus grandes méritos operísticos por debajo de la chirigota. Y lástima de que el Teatro de la Zarzuela la reponga tanto tiempo después con una lamentable actualización que la hace ininteligible y que oscurece los méritos de un buen montaje y de un buen reparto. Pero así es la vida y así le ocurre a menudo a la incomprendida ópera española, nuestra discutida zarzuela víctima de intermediarios y públicos alicortos. 

Poco quedaba de la comedia de Shakespeare del mismo título en el original francés y la adaptación primera del mismo por Patricio de la Escosura, salvo la escena central de la segunda parte en el bosque encantado y la desgraciada ocurrencia de de mantener el título. Pero la adaptación encargada por Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela, al fallecido Gustavo Tambascio, y finalmente perpetrada siguiendo a ambos por Raúl Asenjo -asistente personal de Bianco en la plantilla del Teatro-, es una de las peores actualizaciones/traiciones vista en las últimas temporadas en este teatro, empeñado en combatir la enfermedad terminal del género con ocurrencias en vez de con calidad y respeto a los originales.

Con un libreto laberíntico, repleto de personajes absurdos y situaciones desconectadas, la salida de meta estaba ya lastrada. El director de escena Marco Carniti sucumbe a la tradicional zarzuelería dejando los extensos recitativos en un muestrario de gritos y gesticulaciones que podía haber sido eliminado con esa dirección actoral moderna hoy vigente en todos los teatros líricos del mundo. Mucho nos tememos que al público habitual le justa así, castizo, tópico y populachero, pero hasta que no se abandone el tonillo típico no avanzaremos en la puesta al día. Menos mal que la dirección musical de Miguel Ángel Gómez Martínez imprimió aires serios -quizás demasiado reposados- a la partitura, y la orquesta, con sus limitaciones, sonó seria y competente.

Consigue Carniti bastante coherencia en el movimiento de tanto personal en escena e integra todo el conjunto aún a costa de que los cantantes posen de cantantes, algo que hoy día se procura evitar a toda costa. Y lo consigue gracias a que Nicolás Boni hace milagros con el pastiche escénico que le toca en suerte -entre la España de Franco, la Roma de Fellini y la corte inglesa del siglo XVI pasando por un cuento de hadas, con una escenografía realista en dos ambientes completada con telones rígidos, en la que se abusa del movimiento de sillas pero se encuentra estupendo complemento en un magnífico despliegue de vestuario a cargo de Jesús Ruiz, mientras que la iluminación de Albert Faura es un elemento narrativo de primera que va cobrando creciente protagonismo.

Y así llegamos al doble reparto, muy competente para lo que se ve en este coso, aunque perjudicado por la exagerada comicidad impresa al conjunto. En el que nos tocó en suerte este miércoles destacó Maria Rey-Joly, la ya veterana soprano madrileña de hermosa, potente y flexible voz cuando canta, de espantosa estridencia en sus recitativos. Frente a ella, el barítono colombiano Valeriano Lanchas estuvo tan arrollador como titubeante, mientras el tenor mallorquín Antoni Lliteres se erigió en la mejor voz de la noche a pesar de su modesta presencia. La mezzo alicantina Sandra Fernández secundó notablemente a la protagonista pero resultó especialmente perjudicada por esos estúpidos acentos extranjerizantes forzados a los personajes. Bien el barítono catalán Toni Marsó en un personaje redundante. Y bien el resto del reparto así como requetebién el coro, con presencia relevante en la partitura y el escenario.

La obra se mantiene a alto nivel en su primera parte y naufraga ostensiblemente en la segunda, por descomunal extensión (casi tres horas), plúmbeo meollo shakesperiano y demencial final isabelino. Sin duda aquí debía haber trabajado más el adaptador hasta dejar la obra en dos horas con breve intermedio en vez de dedicarse a divagar con tópicas alusiones al franquismo que nada aportan salvo innecesarios guiños a un respetable que aguantó incómodo la última media hora, que apenas interrumpió con aplausos, que en una cuarta parte fue huyendo antes de tiempo, pero que al final se mostró satisfecho dentro de un orden, sorprendido por tanto belcanto al que no está acostumbrado, molesto por el lío argumental, y quizás poco generoso con los cantantes.

Esta alucinación de una noche de invierno es en definitiva una parodia desgraciada de un remedo humorístico de la ópera italiana, que nació resignada, permaneció olvidada desde entonces y ha resucitado con manifiesta poca fortuna. Joaquín Romualdo Gaztambide y Garbayo (Tudela, 1822 - Madrid, 1870), fue un compositor que aunque escribió también para piano y orquesta, incluyendo ballets y una sinfonía, se volcó en resucitar la zarzuela, género del que fue uno de sus grandes impulsores. Unió su inspiración en Gaetano Donizetti con el buen uso de ritmos españoles y canciones populares. Su listado de obras musicales en Wikipedia incluye cincuenta títulos entre los que destacan La Mensajera (1849), El valle de Andorra (1851), El estreno de una artista (1852) -recuperada en este mismo teatro en 2011 (ver nuestra reseña), Catalina (1854) -recuperada en 2014 en este mismo teatro (ver nuestra reseña), Los magiares (1857), El juramento (1858) -recuperada en 2000 y 2012 en este mismo teatro (ver nuestra reseña) y La conquista de Madrid (1863). No supo, no pudo y/o no quiso ir más lejos, aunque para algunos 'poseía una técnica de composición muy avanzada para su época'.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 6
Adaptación: 4
Partitura: 8
Dirección musical:7
Dirección artística: 7
Voces: 7
Orquesta: 7
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: 9


TEATRO DE LA ZARZUELA
El sueño de una noche de verano
Ópera cómica en tres actos
Duración aproximada: 2 horas y 20 minutos (con un intervalo)

Música de JOAQUÍN GAZTAMBIDE
Libreto de Patricio de la Escosura, en una adaptación de Raúl Asenjo
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela
25, 26, 27, 30 y 31 de enero; 1, 2, 3, 6, 7, 8, 9 y 10 de febrero de 2019
20:00 horas (domingos, a las 18:00 horas)

Ficha Artística
Dirección musical
    Miguel Ángel Gómez Martínez
Dirección de escena
    Marco Carniti
Escenografía
    Nicolás Boni
Vestuario
    Jesús Ruiz
Iluminación
    Albert Faura

Reparto
   
Reina Isabel RAQUEL LOJENDIO (días 25, 27, 31, 2, 6, 8 y 10) / MARÍA REY-JOLY (días 26, 30, 1, 3, 7 y 9);
Fálstaf LUIS CANSINO (días 25, 27, 31, 2, 6, 8 y 10) / VALERIANO LANCHAS (días 26, 30, 1, 3, 7 y 9);
Olivia BEATRIZ DÍAZ (días 25, 27, 31, 2, 6, 8 y 10) / SANDRA FERRÁNDEZ (días 26, 30, 1, 3, 7 y 9);
Shakespeare SANTIAGO BALLERINI (días 25, 27, 30, 31, 2, 3, 6, 8 y 10) / ANTONI LLITERES (días 26, 1, 7 y 9);
Arturo Latimer JAVIER FRANCO (días 25, 27, 31, 2, 6, 8 y 10) / TONI MARSOL (días 26, 30, 1, 3, 7 y 9);
Tobías PABLO LÓPEZ.

Con Sandro Cordero, Jorge Merino, Ana Goya, Pablo Vázquez y Miguel Ángel Blanco

Orquesta de la Comunidad de Madrid - Titular del Teatro de La Zarzuela
Coro Titular del Teatro de La Zarzuela Director: Antonio Fauró.