Balthus - Museo Thyssen

Balthasar Kłossowski de Rola se hace más famoso cada día que pasa. Ya en los años ochenta del pasado siglo alcanzaba la más alta cotización de un pintor vivo, y en 2006 batió records en la gran subasta de Christie's. Puede discutirse su significado y aportación al arte del siglo XX pero seguirá atrayendo multitudes por los indudables méritos de su estilo y temática a contracorriente y sobre todo por la aureola escandalosa de la que ha sido rodeado.

El Thyssen presenta una retrospectiva de este 'Balthus' -diminutivo familiar de Balthasar con el que se le conoce- con 47 de sus cuadros, entre los que figuran algunos de los más famosos y faltan otros, entre ellos el polémico 'La lección de pintura', una escena explícita de lesbianismo con pederastia y sadismo incluidos. La selección expuesta cubre toda su larga carrera incluyendo algunas de sus obras más importantes como La calle (1933), que se verá en España por primera vez, La toilette de Cathy (1933), Los hermanos Blanchard (1937), Los buenos tiempos (1944-1946), Thérèse y Thérèse soñando , ambas de 1938 y magníficos ejemplos de sus polémicos retratos de jóvenes adolescentes, y La partida de naipes (19481950), del propio Museo Thyssen, recientemente restaurada.

Sin duda es un pintor singular y su obra, tan admirada como rechazada, marchó contracorriente de las tendencias dominantes el siglo pasado. Prefirió inspirarse en Piero della Francesca y Poussin en ves de unirse a los ismos de moda, ni siquiera al surrealismo del que se sentía tan próximo. Se le considera también cercano a la Nueva Objetividad, con un estilo figurativo muy personal, de formas contundentes y contornos muy delimitados, combinando procedimientos antiguos con toques posmodernos, para crear composiciones cargadas de ambigüedad, atractivas y sugerentes.

Balthus (París, 1908 - Rossinière, 2001) era hijo de intelectuales aristócratas y gozó del refinado ambiente artístico parisino. Amigos de la familia eran por ejemplo el poeta Rainer Maria Rilke, que publicó sus primeros dibujos, y el pintor Pierre Bonnard, que le orientó en los comienzos de su carrera. Pudo permitirse ir a su aire y llevó una existencia alejada del mundanal ruido. 'No tengo ningunas ganas de figurar entre los representantes de las últimas novedades. Simplemente quiero cumplir mi destino como pintor', decía. Y resulta una buena definición la que hacía de él el cineasta Wim Wenders: 'Todos los grandes pintores nos enseñan a ver. Balthus nos lleva a un mundo que es solo suyo. No era surrealista ni realista, ni perteneció a ningún otro ismo. Sus cuadros son radicalmente originales, invenciones únicas e independientes, algo deudoras del pasado pero solo en el sentido de la maestría técnica, para algunos un poco escandalosas en sus temas pero solo como una manera de llamar la atención (como él mismo afirmó en una carta), y al cabo tributarias totalmente de su audaz aparición en nuestro presente'.
 
A primera vista, sus pinturas parecen convencionales, de un clasicismo casi académico, pero no lo son, y subyace en ellas una visión psicológica mucho más compleja. El mundo se presenta como un escenario en el que los sueños se entrelazan con la vida cotidiana. Son imágenes perturbadoras, ambiguas, pueden fascinar o producir rechazo o extrañeza, pero en ningún caso indiferencia. Sus cuadros narrativos son auténticos dramas psicológicos teatralizados, escenas íntimas o tragedias domésticas que se representan ante el espectador. La escasa profundidad del espacio pictórico, la paleta restringida y dramática, el exagerado sentimiento de lo clásico, sus figuras sugerentes, llamativas, el erotismo velado o latente, la violencia implícita, el tiempo detenido, todo contribuye a crear esa atmósfera de misterio.

Trabajaba despacio y procelosamente en varias obras al mismo tiempo. La pintura era para él un arte de la paciencia, una larga historia con el lienzo, un compromiso con él. Y la paciencia se reveló como ingrediente fundamental en su trabajo. El sueño de una inocencia mítica e inalcanzable está latente en muchas de sus pinturas, así como una ambigua visión del paso de la niñez a la edad a adulta, sobre todo con respecto a la sexualidad y a la creciente conciencia del propio cuerpo. Balthus consideró 'la búsqueda de la infancia, de su encanto y sus secretos' una parte esencial de su trabajo. Las figuras adormiladas, ensimismadas, que esperan ociosas y aparentemente aburridas reclinadas en butacas o sofás y sujetando a veces un espejo o con un libro en sus manos, remiten igualmente a la Alicia de Lewis Carroll, en la cual el punto de partida de la narración es el tedio de la joven protagonista. En sus memorias, el artista escribió: 'Inmovilizar [a sus modelos adolescentes] en el acto de leer o soñar es prolongar el privilegio de un tiempo entrevisto. El libro, entonces, es una llave que permite abrir el cofre misterioso con perfumes de la infancia... Tiempo circundado de un lado mágico, tiempo inmovilizado en lo que ven, sonriendo, las soñadoras. Tiempo surreal propiamente dicho y no surrealista'.

El pasado año la Fundación Mapfre ofreció en Madrid 'Derain, Balthus, Giacometti. Una amistad entre artistas' (ver reseña), procedente del Musée d’Art moderne de la Ville de Paris, que examinaba sus trayectorias entrecruzadas de artistas figurativos en el contexto desfavorable a tal expresión en nuestros tiempos. Y en varias colectivas de los últimos años han figurado también obras de Balthus, un prólogo a esta atrayente muestra que colaborará a elevar su cotización en el mercado artístico y a la cada vez más marcada e inevitable tendencia al espectáculo de los museos en estos días.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 8
Comisariado: 8
Catálogo: 8
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 8

 
Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
BALTHUS
Del 19 de febrero al 26 de mayo de 2019
Comisario: Raphaël Bouvier, con el apoyo de Michiko Kono y Juan Ángel López-Manzanares
Comisaria técnica: Leticia de Cos, Área de Exposiciones del Museo Thyssen-Bornemisza. 
En colaboración con la Fondation Beyeler en Riehen/Basilea 
Con la colaboración de la Comunidad de Madrid
Sede y fechas: Basilea, Fondation Beyeler en Riehen, del 2 de septiembre al 1 de enero de 2019; Madrid, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, del 19 de febrero al 26 de mayo de 2019.
 
INFORMACIÓN PARA EL VISITANTE
Paseo del Prado, 8. 28014, Madrid. Salas de exposiciones temporales, planta baja.
Horario: De martes a viernes y domingos, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas. 
Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales:
- Entrada general: 13 € - Entrada reducida: 9 € para mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes previa acreditación. - Entrada gratuita: menores de 18 años, ciudadanos en situación legal de desempleo, personas con discapacidad, familias numerosas y personal docente en activo.
Venta anticipada en taquillas, en la web del Museo y en el 91 791 13 70
Audio-guía, disponible en varios idiomas
Más información: www.museothyssen.org.