Astaná mira al exterior con renovada confianza mientras avanza el ambicioso programa reformista de Kassym-Jomart Tokayev.
En el centro del escenario internacional, el llamado “Nuevo Kazajistán” se consolida como un laboratorio de reformas y alianzas estratégicas, con impacto directo en la economía global y las relaciones de poder en Asia Central.
Kazajistán encara los próximos años como un actor cada vez más influyente en Eurasia. Su capacidad para mantener equilibrios geopolíticos —sin alinearse plenamente ni con Occidente ni con Oriente— será determinante para afianzar su papel como plataforma logística energética e industrial.
La hoja de ruta conjunta con la UE prevé inversiones millonarias hasta 2027; además, nuevos acuerdos podrían surgir si Astaná demuestra estabilidad política e institucional continuada.
Como subrayó recientemente el presidente Tokayev: “El éxito del Nuevo Kazajistán depende tanto del apoyo internacional como del compromiso interno por una sociedad más justa y abierta”.
La comunidad internacional observa con atención cómo este país puente entre Europa y Asia redefine su destino entre reformas audaces y alianzas estratégicas que desafían viejas inercias regionales.
De la reforma interna al escaparate internacional
A día de hoy, 5 de septiembre de 2025, Kazajistán ha culminado una etapa clave en su agenda de transformación política y social. El proceso, iniciado tras la llegada al poder de Tokayev en 2019, se intensificó tras las protestas y crisis institucionales de 2022. Aquella coyuntura derivó en un referéndum constitucional que redefinió el equilibrio entre poderes, recortando atribuciones al presidente y reforzando el Parlamento. El nuevo sistema presidencial-parlamentario se tradujo en elecciones anticipadas y una mayor representación política a nivel local y nacional.
El gobierno impulsó una batería de reformas que incluyen:
- Modernización del sistema electoral: introducción del sistema mixto para la cámara baja (Majilis) y consejos locales.
- Participación ciudadana: elección directa de gobernadores (akims) en más distritos.
- Reformas sociales: endurecimiento de penas por violencia doméstica, campañas medioambientales como “Taza Kazajstán”, combate a la adicción y el juego ilegal.
- Reconocimiento profesional: 2025 declarado “Año de las Profesiones Operacionales”, con incentivos a científicos y técnicos.
Estos avances han ido acompañados de una lucha contra la corrupción y recuperación de activos públicos. Más de 4.100 millones de dólares han retornado a las arcas estatales desde 2022, destinándose a políticas sociales y apoyo a la moneda nacional, el tenge.
Un socio estratégico para Europa
El interés internacional por Kazajistán ha crecido exponencialmente gracias a su apuesta por la estabilidad y apertura económica. La Unión Europea se ha posicionado como primer socio comercial e inversor del país centroasiático, respaldando las reformas modernizadoras. El vínculo se articula mediante el Acuerdo de Cooperación y Asociación Reforzado (2015), actualizado regularmente para responder a nuevos desafíos.
En marzo de 2025, se firmó un acuerdo clave entre Kazajistán y la UE para el suministro sostenible de metales de tierras raras, valorado en 3 millones de euros. Este pacto busca:
- Diversificar las fuentes europeas frente al dominio chino (China controla el 60% del mercado global y el 90% del procesamiento).
- Desarrollar infraestructuras conjuntas para extracción y transformación.
- Ampliar la cooperación financiera con instituciones como el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.
Según datos oficiales, Kazajistán produce ya 16 de los 30 metales considerados estratégicos por Bruselas. Con inversión tecnológica adicional, podría convertirse en un proveedor esencial para la industria europea verde y digital.
Otra novedad es el reciente pacto de aviación UE-Kazajistán, destinado a mejorar la conectividad aérea y facilitar el tránsito entre Asia Central y Europa Occidental. La hoja de ruta conjunta contempla nuevas inversiones en transporte e infraestructuras críticas hasta 2027.
Equilibrio geopolítico: entre China, Rusia y Occidente
La proyección internacional kazaja exige un delicado juego diplomático. Mientras estrecha lazos con la UE, Tokayev refuerza su asociación estratégica integral con China. Pekín reconoce a Kazajistán como “socio confiable”, vital tanto para iniciativas regionales (como la Organización de Cooperación de Shanghái) como para las nuevas rutas comerciales transcontinentales.
En palabras del presidente chino Xi Jinping, ambos países están “entrando en una nueva era dorada”, con cooperación ampliada en energía, infraestructuras e intercambio tecnológico.
La relación con Rusia sigue siendo fundamental aunque menos visible públicamente desde la invasión rusa de Ucrania. Moscú mantiene intereses económicos e históricos profundos en Kazajistán. Sin embargo, Astaná ha buscado diversificar alianzas sin confrontar abiertamente ni romper con su vecino del norte.
La reciente cumbre UE-Asia Central celebrada en Samarcanda subrayó esta multipolaridad. Europa insiste en reforzar un orden multilateral basado en normas claras —con mensajes implícitos sobre sanciones a Rusia— mientras los países centroasiáticos buscan inversiones sin comprometer su autonomía diplomática.
Desafíos internos: cohesión social y pluralidad étnica
Dentro del país persisten retos estructurales. El mosaico étnico kazajo incluye importantes minorías rusas, uzbekas, uigures o tártaras, lo que exige políticas activas para garantizar cohesión social e igualdad ante la ley.
Las reformas han intentado fortalecer instituciones independientes, pero aún existen demandas internas sobre derechos humanos y libertades civiles. Organizaciones internacionales valoran positivamente los avances recientes —como mayor transparencia electoral o participación ciudadana— aunque advierten sobre la necesidad de consolidar estos logros frente a eventuales retrocesos.
Por otra parte:
- El crecimiento económico depende ahora más que nunca de una integración efectiva con los mercados globales.
- La presión sobre recursos naturales obliga a un equilibrio entre desarrollo industrial sostenible y preservación medioambiental.
