La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

El día que yo me muera…

Hay días… y hay días. Y hoy tengo uno de esos en que pones luz a lo que de ordinario tratas de evadir, de no pensar demasiado. ¿Cómo será el día en que yo muera? No quiero ni siquiera imaginar cómo serán las circunstancias. Hay demasiados tipos de muerte. Y muy diferentes ramilletes de personas para acompañarte en el cierre de unos ojos que aquí ya no se volverán a abrir. O tal vez sea en soledad… quién sabe.

No es tanto en el hecho en sí –¿Desgarro? ¿Alivio? ¿Para mí? ¿Para otros? ¿Para nadie?–, sino que miro al día concreto, a lo que lo rodeará. ¿Sol? ¿Lluvia? ¿Qué me perderé? ¿Qué habré llegado a vivir? Me apasiona la Historia. Siempre pienso que me ha tocado un tiempo sin grandes acontecimientos. Cervantes no vio el dos de mayo de la respuesta castiza de un pueblo con orgullo, pero sí fue parte activa de un Lepanto que fue hito en el proceso para evitar la decadencia de lo español hecho Imperio. ¿Yo? 1982: ni siquiera llegué a la Transición; ni siquiera a la caída del Muro de Berlín. ¿Irak? ¿Afganistán? ¿11-S? ¿11-M? Cierto, sí he visto. Pero la sangre, el fuego y el dolor insufrible de unos sufrientes marcados para siempre se hace más llevadero en los libros de Historia. Tal vez, hubiera merecido la pena que esta generación, que es la mía, no hubiera existido. Sin testigos no deberían existir las atrocidades. Aunque, claro, no habría Historia. No habría Humanidad. Porque el hombre siempre es atroz. Y santo.

¡¿Pero qué digo?! Esto ya no es una reflexión. Es una aberración. Nadie de aquí puede ser juez de vivos y muertos. Nadie, nadie dueño de la Historia. Nadie, nadie de aquí, de esta tierra que se toca. Nadie de aquí, del ámbito de los que miramos a los cielos… Porque, centrándome, es lo que anhelo que suceda. Que haya Alguien que sí sea Juez, con mayúsculas. Juez de Amor y Misericordia. Juez de Vida sin Muerte. Esa será la esencia, la respuesta a muchos o escasos años de vida. Lo demás es hojarasca, envoltorio de circunstancias. ¿Cómo será el día que yo me muera?

Puede ser que el día que yo me muera, tal vez, toree el sucesor de José Tomás (o el propio José Tomás); tal vez, alguien esté rasgando una guitarra española en un tablao de taberna de mala muerte; tal vez, una fadista de Barrio Alto cante a la noche de Lisboa con un pañuelo de luto; tal vez, algún amigo me recuerde en unas líneas de su diario de noche; tal vez, deje mucho amor por el que merecería la pena no irse nunca; tal vez, nadie sepa que he dejado de latir; tal vez, todo eso suceda. O nada.

Pero lo que sí espero es que, después del cumplimiento o no de todos esos ‘tal vez’, yo aún tenga la fuerza suficiente para abrir unos ojos que ya verán todo y contemplar una vida que no se apagará jamás. Porque el creer es esperar. Porque el esperar es tener esperanza. Porque el tener esperanza es vivir.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

PD. Tal vez, alguien lea esto el día que yo me muera.

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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