La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Pesadilla

El ‘riiing’ maldito. La espalda duele. Mala posición, traicionera. Jodienda para el resto del día. Ducha rápida. No hay tiempo para desayunar. Correr. El bus se va. Lo pierdo. En la puta cara. Llego tarde. Hasta ahí un día normal. Un amanecer normal. Alabado sea.

Porque la pesadilla llega en un despertar en soledad. Sin nadie que me grite porque me he dormido. La casa está vacía. Descolorida, insípida. No huele a nada. No late. Sin pasión, ni para mal ni para bien. Anodino elevado al cubo, espacio y tiempo sin compás. Desolación.

“Porque la vida pude ser maravillosa”, decía un buda entrañable que cantaba canastas con pajarita. Lo decía él y también Juan XXIII, el ‘Papa bueno’. Éste, cuando inició un soplo de aire fresco en la Santa Madre Iglesia no podía imaginar que el Concilio de la alegría iba a sentar tan mal a los carcas que se atragantan si no impera el mármol grisáceo. Éste, entonces, no podía imaginar que hoy esos carcas se elevarían sobre sus pedestales digitales y se pasearían exultantes jugando a ser Dios. Dicen que triunfan, que son líderes de masas. Se creen el Papa. Lo bueno de las pesadillas es que hay despertar que marca el omega de las sombras engañosas e inicia el alfa de las realidades certeras. O no.

O no. Porque hay mucho Caifás empeñado en que así no sea. En que sea siempre invierno de sueños mudos, sin espacio para la defensa ni la apelación. Me duele el alma porque no hay escándalo entre los sencillos que ven campar a sus anchas a los que llaman “depravados”, “pecadores” y “herejes” a quienes Dios señala con una decisión final que sólo será suya. Me duele el alma porque muchos autoproclamados defensores fidei son en verdad Caínes de lengua viperina y puñal venenoso.

Hoy, según el rato, no me creo tanto eso de que “la vida puede ser maravillosa”. Puede serlo. Pero también puede ser una mierda. Y mucho más en un día en el que el autobús que cogí al despertar de la pesadilla lo era en realidad. Era de noche. Como de noche era cuando, muy cansado, cogí el otro bus que me devolvía a casa. Una casa, y aquí llega la sonrisa entre la tristeza, llena de latidos. Una familia, un amor.

Porque hoy, según el rato, me creo a pies puntillas eso de que “la vida puede ser maravillosa”. Porque es vida. Porque vivo. Porque los Caifás y los Caínes no triunfarán. Porque, si no hay muerte entre los sueños, siempre hay un despertar de la pesadilla.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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