La Hora de la Verdad

Miguel Ángel Malavia

Ni Liberalismo Capitalista ni Socialismo: Democracia auténticamente social (bis)

Desde un punto de vista filosófico y teórico (prescindiendo del partidismo político), considero que existe una tercera vía respecto al modelo del Estado, que no es ni el Capitalismo Liberal ni el Socialismo. Estoy hablando de una democracia más justa y profunda, la Democracia Social. Si se hace un análisis en profundidad de los dos principales modelos de Estado imperantes, uno y otro, en la mayoría de países del mundo, considero que ninguno es totalmente justo.

El Liberalismo hunde sus raíces en su pesimista concepción antropológica, considerando que el Hombre es malo por naturaleza. Afirma que así todos los individuos, por nuestra esencia egoísta, tendemos al autointerés, desentendiéndonos por completo del resto de las personas en la búsqueda de nuestra felicidad. Para el Liberalismo, el principio básico a conservar es la autonomía individual, no pudiéndose ver ésta amenazada por ninguna instancia (ni por otros individuos ni por el propio Estado). Por todo ello, el Liberalismo se identifica con posturas como el derecho a la propiedad privada o la defensa del interés individual. Es decir, defiende todo lo privado e individual. Para un liberal ortodoxo el Estado tendría un escaso poder real, salvo el de garantizar que no se vulneraran los derechos de cada individuo. El instrumento que utiliza el Estado Liberal es, precisamente, asegurar como derecho esencial el de la Libertad. Más o menos se viene a decir que al ser libre, cada individuo, por su propia iniciativa, es el que debe autoprocurarse su propia felicidad.

Lo que no dice el Liberalismo es que no todas las personas partimos desde las mismas condiciones sociales y económicas. Esa desigualdad original se traduce y mantiene a la hora de tratar de hacernos con la mayor parte posible de los recursos que nos puedan procurar esa felicidad. Es evidente que el que tiene más recursos tiene más ventaja a la hora de competir que el que tiene menos. Así, los grupos más poderosos son los beneficiados de este sistema de libre competencia. Esta misma situación se produce al analizar las diferencias entre el llamado “mundo desarrollado” y el conocido como “tercer mundo”. Las diferencias son abismales hoy entre los seres humanos. Todos lo sabemos, pero ninguno hacemos nada práctico por resolverlo.

Respecto al Socialismo, parte de un fundamento opuesto, considerando que el Hombre es bueno por naturaleza. Ese optimismo antropológico le lleva a afirmar que el hombre no es esencialmente egoísta, sino que mantiene una marcada empatía con el resto del género humano. No ve a los otros individuos como entes extraños que puedan perjudicar sus intereses. Por el contrario, plantea que el único medio de conseguir la felicidad del conjunto social es mediante la cooperación, la solidaridad, la preferencia del interés público sobre el privado, etc. En definitiva, el Socialismo mantiene una visión de la sociedad como un conjunto social fuerte y estructurado, no como la suma de todos los individuos (teniendo cada uno sus propios intereses). Para ello impone lo público sobre lo privado y el interés común sobre el interés privado. El objetivo que dice buscar el Socialismo es conformar una sociedad igualitaria. Ello se consigue a través de profundas políticas sociales y económicas (derecho a la vivienda, a la educación, al trabajo, etc).

El Socialismo critica al Liberalismo que su sistema de libertades y la preservación de la total autonomía del individuo no son sino un instrumento de las clases más favorecidas para perpetuar su situación privilegiada. Para ello, el Socialismo se otorga de un Estado con un poder fuerte y unitario, quedando en la práctica en una clara posición de superioridad respecto al individuo. Ese Estado fuerte se justifica con la intención de conformar una sociedad más justa e igualitaria, sin clases privilegiadas. Así, la libertad individual queda subordinada a la concepción igualitaria de la sociedad. El peligro de esta concepción es que es el Estado el que, desde su superioridad respecto al individuo, controla la propia libertad individual. Un Estado de este tipo corre el riesgo de caer en el autoritarismo dictatorial, aún justificándose en que sólo se mueve por satisfacer el interés público. Pero, ¿quién decide lo que interesa o no al ciudadano? El Estado. Y, ¿quién controla al Estado Socialista? El Estado Socialista. Stalin mataba a millones de campesinos por el bien de la URSS…

A modo de síntesis, podría establecerse que el Liberalismo tiene en la Libertad su principio fundamental, mientras que la Igualdad lo es del Socialismo. Analizando ambas concepciones, veo ventajas y desventajas en las dos. Pero esencialmente, me quedo con los dos principios básicos de ambas. Me quedo con la Libertad y la Igualdad, considerándolas igual de importantes.

Propugno un modelo democrático más profundo y social que el que tenemos actualmente. No quiero un modelo de estado socialista, ya que su idea de Estado fuerte, como se ha podido comprobar a lo largo de la Historia en multitud de ocasiones, deriva muchas veces en la dictadura. Quiero una democracia en la que se defienda el interés público, pero sin que ello conlleve acabar con ningún derecho individual, como el de la propiedad privada.

Quiero una democracia como la que tenemos en España, pero más justa y coherente. Considero que muchos de los derechos que actualmente tenemos en nuestra Constitución son simplemente teóricos, de cara a la galería. Supuestamente, todos tenemos derecho a la vivienda o al trabajo, pero la única realidad es que las instituciones no se preocupan realmente de asuntos que a todos nos incumben, como la sanidad o la educación. Lo peor de nuestras democracias es que muchas veces imperan los intereses de unas minorías. Abunda la corrupción urbanística, los políticos no cumplen muchas de sus promesas, los gastos de las campañas electorales son estratosféricos y cumple más condena en la cárcel un ladronzuelo que roba comida que un empresario o un político que roba miles de millones. ¿Ésta es la democracia que queremos?

Aclaro que ésta no es una condena del Sistema. Nuestra democracia no es la mejor posible, pero aun con todas sus imperfecciones la prefiero a cualquier otro modelo. Simplemente hago una crítica interna con la humilde pretensión, a través del único instrumento de la palabra, de ayudar a mejorar este Sistema desde dentro. Creo en una democracia donde todos seamos libres, pero también donde haya menos diferencias entre la gente. En definitiva, creo en la Libertad, la Igualdad y la Justicia.

MIGUEL ÁNGEL MALAVIA

PD. Escrito el 7 de febrero de 2007.

Autor

Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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Miguel Ángel Malavia

Conquense-madrileño (1982), licenciado en Historia y en Periodismo, ejerce este último en la revista Vida Nueva. Ha escrito 'Retazos de Pasión', ¡Como decíamos ayer. Conversaciones con Unamuno' y 'La fe de Miguel de Unamuno'.

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