Cinco trucos efectivos para broncearseCarla Calvo

¡QUIERO RAYOS DE SOL!

Los 5 trucos más efectivos para broncearse rápidamente

El bronceado perfecto no es fácil de lograr y, sobre todo, de mantener. Por eso, aquí tienes los cinco 'tips' más útiles a la hora de ponerse a tono.

Si este año te has puesto como objetivo lograr el bronceado perfecto y, además, acelerar su llegada y mantenimiento, seguramente quieras conocer las cinco claves definitivas a la hora de conseguir el moreno perfecto.

La moda del ‘moreno’ es relativamente reciente.

Los ricos de antaño no lucían morenazo: eso era de campesinos.

En la Antigüedad, la piel blanca era un símbolo de estatus. Griegos y romanos se maquillaban incluso con yeso, harina de habas y tiza. La moda siguió durante siglos.

En el s. XVII, el look pálido se acentúa: lucir frágil y enfermo estaba bien visto. Algunos bebían vinagre y limón para aclarar su piel. Se imponen los sombreros, guantes y sombrillas.

En 1903, el médico danés Niels Finsen gana el Nobel por sentar las bases de la fototerapia: el sol es saludable. Se hacen frecuentes los baños de sol para combatir enfermedades.

En los años 20, la diseñadora Coco Channel vuelve de vacaciones con la piel morena y pone de moda el bronceado entre las clases altas. Muchos empiezan a imitarla, hasta hoy.

En esos años, Sam Foster fabrica y vende las primeras gafas de sol en la costa este de EE.UU., y en 1930, Bausch & Lomb crea las de aviador, que no tardan en copar las playas.

En los 40 del Siglo XX, el morenazo se masifica y surgen los primeros bronceadores, cuenta María Arcas, experta de Hawaiian Tropic. El cine, ya en color, acentúa la moda.

La posguerra impuso la austeridad y el recato, reflejados en el aspecto de las mujeres. Vuelven la tez blanca y el maquillaje centrado en los labios, a lo Veronica Lake.

En los 50, el bronceado vuelve a estar de moda y se generaliza el pintarse los labios con forma de corazón. Los trajes de baño se hacen más pequeños y estéticos.

El cóctel es explosivo: surgen los primeros surferos, la música de los Beach Boys, el biquini, los hippies… Nace, en definitiva, una cultura de la playa y un culto al “dios” Sol.

Las grandes marcas de cremas y cosméticos triunfaban prometiendo la activación del bronceado, en ocasiones usando aceite de coco puro. Son famosos los anuncios de televisión y vallas publicitarias de Coppertone, que contaron con una jovencísima Jodie Foster de 3 años de edad para inspirar a una niña seguida por un perrito en la playa.

La loción autobronceadora sin sol es una realidad de los 70. Se fabrican también las primeras lámparas de bronceado. El moreno es más sexy que nunca.

En China, Japón, Corea y los países de su entorno sigue siendo poco apreciado y la cosmética asiática privilegia la protección total, los tratamientos despigmentantes y el polvo de arroz como maquillaje. La palidez implica distinción.

En los 80 los científicos constatan que tomar el sol sin protección es malo para la piel. Aparecen las lociones con filtro, pero también las pastillas para broncearse más.

En los 90 la piel en verano era dos tonos más oscura que la natural.

Hoy, casi completado el primer cuarto del Siglo XXI, la obsesión por broncearse y los rayos uva, ya desaconsejados, ha tocado techo.

Se ha impuesto la tesis de que un exceso de bronceado puede revelar daños en la piel que se pagan caro y que es recomendable usar la protección solar adecuada.

Pero no podemos evitar recordar que la vitamina D y el sol son buenos para los huesos y el humor. Y además -según nuestros parámetros occidentales- el bronceado sigue pareciéndonos favorecedor.

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