Cocinar como quien oficia.- de Martín Descalzo-

Binoba Bhaabe, el más grande de los discípulos de Gandhi, no quiso nunca tener en su casa cocineros o cocineras. Pensaba que preparar la comida para sus amigos era una tarea suya, tan digna como las demás y no rehusaba, por ello, abandonar los estudios y toda otra actividad para emplear horas y horas en elaborar los alimentos. Solía decir que «para hacer un día grandes cosas es necesario empezar por regocijarse grandemente de poder hacer otras pequeñas».

Un día Gandhi le preguntó «¿Como es que lo que cocina es más sabroso que lo que los demás preparan?» Y tras unos segundos de reflexión, el propio Mahalma se respondió a sí mismo: «Quizá por que cocinas para nosotros como se manda un mensaje de amistad a un amigo y por que lo haces por amor de Dios, como quien oficia»

Gandhi y Vinoba tenían razón: Una de las grandes pestes de nuestro mundo es esa que nos incita a distinguir entre tareas importantes y tareas despreciables, entre oficios de primera o de segunda. Porque, bien pensado ¿es más importante dirigir un país o una casa? ¿Aporta más al mundo un ministro que un padre? ¿Es más humano dirigir una orquesta que cocinar una paella? ¿Eleva más el estudio que un trabajo manual bien hecho? ¿Está más realizado un ingeniero que una madre de familia?.

Tendríamos que empezar por ponernos de acuerdo en que todo aquello que es digno de ser hecho por un hombre es algo muy importante, y que lo que da a las cosas su verdadera dignidad no es la calidad de la cosa en sí, sino el espíritu con que se hace. Un buen carpintero es más hombre que un mediocre subsecretario.

Por eso yo no entiendo muy bien por qué hay personas que se sienten humilladas por las tareas que realizan, sin darse cuenta de que al no valorarlas las hacen mal y acaban siendo ellas quienes se rebajan y denigran. Yo nunca pensaré mal de un simple cocinero, pero sí sentiré pena ante un cocinero descuidado, precipitado o vulgar.

Sobre todo, porque hay cosas pequeñas que pueden ser, a la vez mucho más.

Gandhi lo entendía muy bien cuando descubría cual es la clave del verdadero sabor de una comida: lo que hay por debajo o por arriba de lo que se come.

Concretamente, el que haya sabido convertirse en un acto de amistad y en un acto de culto.

Aún hoy paladeo el sabor de aquellos pedazos de pan y de queso que envueltos en el calor de la amistad, me ofrecieron hace muchos años en una casa de pastores. Y sé que en mi casa he medido siempre lo que hay en mi plato, además de por su sabor en sí, por las horas de sudor que sé que ha costado elaborarlo. Comer de veras es comer amor y amistad. En ningún restaurante del mundo tiene mejor cocina que la casa en que le quieren a uno.

Autor

Mª Rosario Aldaz Donamaría

Mª Rosario Aldaz Donamaría, profesora de cocina y repostería, autora libro escuela de cocina navarra "El Bosquecillo" y abierta a cualquier sugerencia, opinión o comentario.

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