LOS 'VICIOSOS' AMIGOS DE LO AJENO

Angulas: Los chinos nos ‘roban’ en masa la joya gastronómica por excelencia

En los ríos de Madrid no hay angulas, el sabroso, caro y escaso alevín de la anguila europea (anguilla anguilla).

Pero donde más angulas vieron en 2016 de toda la Península Ibérica fue en un chalé alquilado de dos plantas y jardín, en el número 1 de la calle Ronda de Valdelagüeya, en la urbanización Mariblanca, a las afueras del madrileño pueblo de Torres de la Alameda.

Gran parte de las angulas capturadas aquella temporada, de octubre a marzo en la costa y las desembocaduras de los ríos del norte, desde Portugal al País Vasco pasando por Galicia, Asturias y Cantabria, recalaron allí, camino de China.

No se sabe bien por qué, el único lugar en el mundo donde las anguilas se reproducen es el mar de los Sargazos, cerca de Florida.

Tampoco se quedan mucho tiempo; lo primero que hacen las crías al nacer es nadar cinco mil kilómetros siguiendo la Corriente del Golfo hasta aguas europeas, donde empiezan a desarrollarse.

Pero para muchas angulas, su recorrido no acaba ahí. Antes de ser adultas y convertirse en anguilas, viajan otros nueve mil kilómetros en avión, metidas en maletas, seguramente con algún transbordo en camión o barco.

Una maleta preparada para sacar las angulas fuera de España.

Su destino final: Asia, donde los paladares orientales se deleitan con el sabor de la anguila pero donde han esquilmado la especie autóctona. Por eso, las mafias chinas han empezado a desarrollar en España organizaciones criminales especializadas en sacar de contrabando este producto, que genera los mismos beneficios que el narcotráfico o la trata de mujeres, pero con condenas mucho menores.

En 2009, la Unión Europea prohibió la comercialización de la angula fuera de Europa para proteger a la especie de su extinción, que se ha reducido en un 95% respecto a los años 70. En España, su pesca está totalmente prohibida en Galicia y Andalucía y se permite solo con licencia en el País Vasco, Cantabria, Asturias, Murcia y la Comunidad Valenciana.

Sin embargo, la legislación no impide que la mafia china saque cada año hasta 100 toneladas de angulas por tierra, mar y aire de toda Europa.

El ‘modus operandi’ varía de una organización mafiosa a otra, pero suele ser bastante similar al del tráfico de drogas y va especializándose temporada a temporada. En primer lugar, las mafias chinas compran las angulas a empresarios españoles, que son siempre los encargados de pescarlas o comprarlas a su vez a pescadores legales o furtivos.

Angulas vivas.

Después, las mafias las acumulan en bases preparadas con piscinas donde las mantienen hasta que las mulas las sacan fuera de España como equipaje facturado.

Dentro de las maletas, donde aguantan hasta 40 horas, son transportadas en bolsas llenas de agua, con botellas congeladas para que vayan refrigeradas. A menudo su destino no es directamente China o Japón, sino que pasan por un punto intermedio, como en esta última operación, donde iban a Tánger por barco y allí eran de nuevo metidas en piscinas y reoxigenadas antes de la travesía en avión.

Se calcula que un 10% de las angulas no llegan vivas a su destino, una pérdida con la que ya cuentan las organizaciones delictivas.

Los españoles se limitan a ejercer como proveedores y son siempre los mismos. Sin embargo, cuando hay picos de demanda, por ejemplo seis meses antes del año nuevo chino, también los españoles envían las angulas, como hacían al principio.

Crean empresas y declaran las mercancías con otras especies, como el mugil, un pescado sin apenas valor pero que según sus facturas falsas exportaban en masa diez veces por encima de su precio de mercado.

En esos casos, transportan las angulas en cajas que mezclan con las de especies que sí declaran por si hay una inspección rutinaria.

Cuando las angulas se sacan por los aeropuertos, las mafias se aseguran de que sus mulas no lleven más de 50.000 euros de valor.

A partir de esa cantidad, el delito pasa de estar penado con una infracción a suponer cárcel.

Un kilo de angula produce aproximadamente 350 kilos de anguila, por lo que se calcula que de los mil euros que vale el kilo de alevines en España, puede alcanzarse un beneficio de 7.500 en el mercado asiático cuando crecen.

La mayoría acaban siendo vendidas en Japón, donde más se consume este pescado en platos tradicionales como el Kabayaki. Los traficantes pagan aproximadamente 325 euros el kilo a los cazadores furtivos, que suelen ser los mismos que tienen licencia para pescar, pero por encima del cupo permitido.

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