Un viaje para los sentidos y para adentrarse en las tradiciones más arraigadas

El paraíso está en Rueda: de la Champions League de los quesos ahumados de Campoveja a las tentaciones enológicas de Yllera

Y de propina, una instructiva visita a la tonelería Burgos, en Nava del Rey

El paraíso está en Rueda: de la Champions League de los quesos ahumados de Campoveja a las tentaciones enológicas de Yllera
Marcos Yllera y la entrada a las bodegas y el restaurante El Hilo de Aridana. PD

¿Qué pueden tener en común una quesería, una tonelería y una bodega? A bote pronto, las dos últimas tienen una relación más que directa, pero costaría ver la conexión con la primera. Pero sólo aparentemente.

Grupo Yllera preparó un viaje para los medios de comunicación en el que quedó demostrado que encaja perfectamente en un solo día la visita a una quesería en la que se elabora el mejor ahumado del mundo, aprender los secretos de cómo se elaboraran los toneles que custodiarán ese tentador tesoro ecológico y, finalmente, degustar caldos que harían desmayarse del gusto al mismísimo Dios Baco.

Un viejo adagio reza que con pan, queso y vino se hace mejor el camino y no hay nada mejor que le siente a los más queseros que una buena copa de los ricos caldos que hay en España para hacer realidad sus anhelos gastronómicos. Y nada mejor que arrancar la jornada en la Quesería Campoveja, en el coqueto pueblo de Serrada.

Allí ejerció de maestro de ceremonias uno de sus dueños, Jesús Sanz, que ofreció toda una clase magistral en lo que a elaboración de queso de oveja se refiere. No en vano, Campoveja, fundada en los albores de los años 50 del siglo XX, luce con orgullo el título de haber sido premiada con el mejor queso ahumado del mundo y eso que la competencia en la vieja Europa es de aúpa, especialmente con nuestros vecinos franceses.

Entre explicación y explicación, hubo lugar para la clásica cata, combinada, cómo no podía ser de otra manera, por vinos de Bodegas Yllera. Sanz comentaba con cierto pesar, aunque con un atisbo de optimismo, que en España aún tenemos una asignatura pendiente con el queso, que aquí estamos acostumbrados a tomarlo como un alimento más, que, al contrario que los franceses, no existe una liturgia en torno al queso. De hecho, en Francia es normal que se tome como postre y como desayuno y hay todo un arte detrás que ha hecho de la industria del queso en Francia algo esencial.

De hecho, en nuestro país apenas se llega a los ocho kilos de queso consumidos por persona y año, menos de la mitad de lo que se consume en Francia y, curiosamente, muy lejos de Grecia donde le tienen una especial adoración.

Por eso, antes de partir hacia Nava del Rey, para visitar la tonelería Burgos, el dueño de Campoveja insistía en algo esencial, que no sólo se dispone de catas para adultos, sino que también empieza a tener importancia el taller para niños. Con buen criterio considera que habituarse desde pequeños a la elaboración del queso es la mejor manera de que posteriormente salgan excelentes defensores de este producto y hagan que en España se le dé un salto tanto cualitativo como cuantitativo al consumo del queso.

TONELES: UN ARTE QUE PARECE SENCILLO

Tras degustar los ricos quesos acompañados de las delicias líquidas de Baco y Dionisos, tocó visitar la tonelería Burgos. Allí, en el municipio vallisoletano de Nava del Rey, nos topamos con uno de sus dueños, Juan Antonio, que era todo energía y un torrente comunicativo.

Sin hacer una explicación pedante y sin llenarse la boca de tecnicismos, este propietario nos cautivó con su facilidad de palabra y nos explicó todo el proceso, desde el corte de la madera, cómo en función del tipo de madera se usaba un corte diferente y pudimos ver prácticamente el proceso entero de construcción de un tonel. Lo que llamó más la atención, al menos personalmente, fue cómo se serigrafían estos recipientes. Basta tener el diseño hecho en un ordenador y disponer, claro está, de un láser que en cuestión de segundos y con una precisión de cirujano deja listo un trámite que antaño no era nada sencillo.

BODEGA YLLERA: MODERNIDAD Y TRADICIÓN SE DAN CITA EN RUEDA

La guinda del pastel, evidentemente, era la de llegar a las bodegas Yllera donde uno de sus propietarios, Marcos Yllera, mostró como el negocio había ido evolucionando hacia la modernidad, pero sin olvidar también los orígenes.

Precisamente, comenzó la visita por las instalaciones principales, donde la tecnología ha impregnado prácticamente todo el proceso de la elaboración de los diferentes vinos. Yllera es uno de las principales bodegas no sólo de la Denominación de Origen Rueda (Valladolid), sino de las más importantes de España, con alrededor de cinco millones de botellas vendidas en el último año, la gran mayoría dentro del mercado nacional, aunque ya empiezan a producirse exportaciones a mercados tan exigentes como el estadounidense o los siempre pujantes chinos.

Marcos Yllera, que de vinos y negocios tiene un auténtico master, sabe que el futuro de los caldos pasa por, al igual que con el queso, concienciar a los más jóvenes de las virtudes que tiene este producto. Por esa razón, para esos chicos que, con la edad mínima permitida por la ley, se acercan al mundo del alcohol y se decantan por bebidas que nada tienen que ver con el vino, Yllera ha sacado un producto que está a caballo entre el mosto y el vino, el Yllera 5.5, una bebida que engancha, que es muy suave y que puede ser la perfecta puerta de entrada a degustar con mayor placer esos vinos que ofrece la bodega.

EL HILO DE ARIADNA: ARTE ENTRE FOGONES PARA RENDIR AL MINOTAURO

Y como hablar de vino es hablar de historia, Rueda tiene bajo sus pies un intrincado circuito laberíntico de más de tres kilómetros de túneles donde se fueron instalando diversas bodegas.

Esto fue aprovechado por Grupo Yllera para disponer de toneles y botellas que conservan, en algunos caso a más de 20 metros bajo tierra, a las mil maravillas esos vinos que, bien salen a la venta tras las pertinentes visitas a una bodega que es la perfecta recreación del mito de Ariadna y el Minotauro, o son degustados en el restaurante propiedad de la bodega, El Hilo de Ariadna, un templo del mejor sabor, donde carnes, pescados y platos de cuchara son regados con los caldos más exquisitos y eso por no hablar de unos postres espectaculares que harían rendirse sin condiciones al feroz Minotauro.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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